Otra vez esa sensación de vulnerabilidad

Se necesita que cada cierto tiempo las agencias encargadas de salvaguardar los intereses geoestratégicos del Imperio concreten el fin último de su conspiración permanente contra la legitimidad de gobiernos progresistas, para que los corazones de los latinoamericanos ennoblecidos por la sangre de quienes rompieron el yugo ibérico sientan cuan frágil es el piso democrático cuando sobre él pisa la honrada voluntad de hacer de los gobiernos palancas de la justicia social y la independencia nacional.

Sin embargo, ese liderazgo progresista decoroso responde a cada golpe e inteligente diseña previsiones que mejoren la capacidad de respuesta frente a las patrañas de la CIA. Es así como en el curso mismo del asalto a la voluntad popular se activan cada vez con mayor nitidez y contundencia las voces y decisiones de los gobiernos independientes y de los organismos de su nueva arquitectura regional.

Eso mitiga la desazón propia de la forzosa condición de telespectadores cuando las formas de organización y solidaridad internacional de base siguen siendo tan precarias como inanes a la hora en que las maquinaciones se descaran, sin importar cuan palurdas, ilegítimas e ilegales estas sean.

Porque la usurpación del poder implica la reintroducción de los viejos regímenes clientelares, que entran a constituir un verdadero pistoletazo en medio del concierto progresista desencadenado con la osadía de Chávez. Whashington sabe exactamente de estas debilidades estratégicas de la vocación revolucionaria en la provisión de los cargos de elección que “legitiman” la democracia burguesa clientelar.

No debe extrañar este tipo de conjuras, aunque no por ello deja de doler la frustración de los pueblos y países que han logrado visibilizar sus mayorías electorales y que de la noche a la mañana ven a sus dignatarios tratados con todo el desprecio y la denigración de que son capaces los perros del imperio activados para estas infames faenas contra los derechos de los pueblos.

Habrá que hacer votos porque la gobernabilidad, ese sanbenito de la subersión legal de los caudillos políticos que logran saltar por las vías democratico-burguesas a la jefatura de gobierno, no imponga su sinuosa alógica y paulatinamente encuentre “razones” para embucharse el nuevo golpe a los esfuerzos independentistas pacíficos.

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