Algunas veces me pregunto ¿cómo será vivir como las amebas?. No las amebas amebas, sino las personas que pasan por la vida como si son amebas. De esas yo conozco tantas, que si pudiera venderlas a los extraterrestres, aunque fuera muy barato, sería millonaria.
Pero esa es una de esas preguntas que no tiene sentido hacerse, tal como no tiene sentido preguntarse qué hubiera pasado si hubiera hecho o dejado de hacer tal o cual cosa. Es imposible saber qué hubiera pasado porque es imposible que pase lo que no pasó; el pasado es solo una posibilidad, al menos eso es lo que podemos conocer, al menos por ahora. A lo mejor en algunos siglos comprobamos que hay infinitos universos y por tanto infinitas posibilidades de ser y entonces tendrá sentido hacer la pregunta por una de las posibilidades de la existencia. Mientras tanto hay que conformarse con esta posibilidad y punto.
Y esto me lleva a pensar otra vez en las amebas y en la administración pública. Y es que nunca he podido entender porqué la administración pública está diseñada de forma tal que nada funcione lógicamente. La idea que tuve siempre era que la administración pública estaba diseñada para servir a los políticos para hacerse ricos a costa del estado y no a los ciudadanos; por ello no se podía sacar de forma expedita una cédula o un pasaporte si no se pagaba a los funcionarios específicamente pagados por el estado para hacerlo. Pero en la década perdida todos los analistas del continente llegaron a la conclusión de que además estaba siendo implosionada a propósito, porque cuanto más cerca estuviera de no funcionar, más cerca se estaría de la total privatización de las naciones.
Ahora bien, cuando en Venezuela empezó a tomar forma la idea de que había que construir un estado socialista, mucho supusieron que la restructuración del estado empezaría por una reingeniería de la administración pública, para hacer de la burocracia un aparato inteligente, a través del cual se pudieran llevar a cabo los procesos cotidianos de la vida social del estado, mientras se diseñaban y se llevaban a cabo políticas estratégicas que cambiarían definitivamente la faz de la nación y con suerte de la región. Ello por supuesto, supusieron muchos, debería empezar por la prueba e implementación de sistemas de seguimiento y control de gestión que tuvieran un mínimo sentido lógico; y en segundo lugar pero paralelamente, debía atacarse la formación de los funcionarios, en la vía de la sensibilización humana ante los problemas sociales y del sentido común para la solución de problemas administrativos básicos.
Diez años después del golpe de estado que casi impide que seamos testigos de todos estos planes maravillosos, hay que decir que hay instituciones en las que se ha hecho el trabajo. El caso más ejemplificante de ello es el SAIME. Algunos dirán que yo trabajo allí o que Dante Rivas es mi hermano; no es ninguno de los dos casos y es seguro que si en algún momento ese servicio o ese señor al que no conozco tienen un mal desempeño igual lo diré por la misma vía. La verdad es que no sé qué es lo que se hizo en el SAIME; pero si yo tuviera a mi cargo cualquier organismo público o privado que no funcionara, seguramente llamaría al Sr. Rivas para que me diera algunos datos sobre cómo se hacen las cosas cuando se quiere lograr excelentes resultados teniendo un mojón como materia prima.
Y eso me hace pensar que si las cosas se han podido arreglar en el SAIME, que era uno de los organismos más ineficientes y corruptos del país, se puede arreglar casi cualquier cosa en la vida, excepto la muerte. Es por eso que sigo sin entender cómo es posible que haya organismos públicos como la recién privatizada Electricidad de Caracas que exijan una fotocopia completa de un documento de condominio de CIEN páginas para dar una solvencia de aseo que tiene UN MES de vigencia; o cómo es posible que en la Alcaldía de Caracas pidan TRES fotocopias del documento de compra-venta del inmueble para dar UNA cédula catastral. Una pregunta que siempre me hago en estos casos es ¿cuántos edificios se va a necesitar para meter el archivo central de esos organismos?. Porque a ningún funcionario de archivo público del país se le ocurre botar una copia de algo, por miedo a ser despedido.
Es por supuesto un trabajo de los gerentes que nombran para cada una de las áreas el planificar cómo van a ser los procesos para que sean lo más ágiles que se pueda; pero además debe haber reuniones de gerentes para que todos tengan en cuenta qué está haciendo cada uno de ellos y poder trabajar de forma mancomunada. Y es trabajo del jefe principal del organismo lograr un equipo de gerentes que sea capaz de ponerse de acuerdo y hacer que la institución trabaje engranadamente, para a su vez poder trabajar en sinergia con las demás instituciones que conforman la administración pública, para que Chávez no tenga que estar por todos los rincones recibiendo papelitos de ciudadanos que tienen un muchacho sin piernas y no han logrado que funcionario alguno le consiga una silla de ruedas.
Todos entendemos que la deuda social es muy grande y que hay muchas cosas que hacer en la marcha y no hay mucho tiempo para estudiar gerencia; pero gústele a quien le guste y aunque posiblemente no le guste a mucha gente que no ha hecho lo mismo, Dante Rivas tiene mucho menos tiempo en el SAIME que mucha gente en otros organismos y ha hecho del esperpento que era la DIEX un organismo de atención pública que le funciona casi al 100% de los ciudadanos comunes. ¡Simple! A menos que sea que la decisión estratégica sea terminar de desbaratar el estado burgués “sin pasar por go ni cobrar 200”.
También se puede decidir seguir caminando hacia delante porque se tiene los pies puestos en esa dirección. ¡Estilo ameba, pues!
Independencia o Patria Socialista ... Venceremos!
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