Así es mi ciudad, alegre, despierta, incandescente de calor humano, es la ciudad de Bolívar, de Cesar Rengifo, de Juan Bautista Plaza, de Oscar de León. Ciudad de vida, ciudad mancillada por las rumbas, el alcohol, el oropel. Aun así, Pura. La ruta nocturna que viví hoy en la plaza de los museos me enseño la cara real de Caracas, el rostro sincero, genuino, que sin mucho esfuerzo se puede ver en un niño, en un anciano, esos dos extremos de la vida que se tocan en una misma palabra, PAZ.
Mi ciudad no es una ciudad de tetas de silicón, es natural, es bella, no es una ciudad de novela, es real, es trabajadora, no es una ciudad de refresco, es una ciudad de jugo de mango, de guanábana, no es una ciudad violenta, es una ciudad de vida, de amor, allá aquellos a quienes la contaminación cultural y espiritual no les permite ver por encima de ese lado oscuro que al fin y al cabo todos tenemos. Los violentos son de otro mundo, de otra especie, de otro planeta, pero mi ciudad es tan noble que también los acoge en su seno.
Haber nacido en ti mi Caracas es un sueño cumplido, nunca te había visto tan bonita, tan alegre, siempre he estado enamorado de ti, lo confieso, pero hoy tienes un brillo especial, tienes cara de esperanza, de alegría, de pasión, de Ciudad rebelde que se niega a pasar desapercibida en el tiempo y es por eso que haremos lo posible por no permitir que se pierda ese brillo, Caracas es nuestro pedacito de Patria y como tal se debe defender con la vida misma. Alí nos enseño que la Patria es una mujer, y como tal debemos amarla y respetarla, quererla, cantarle, consentirla.
Gracias Caracas por parirnos, tus hijos no te defraudaremos.
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