Los caminos del desprecio

Siempre sospeché  que la verdadera Tragedia del estado Vargas podía venir después de los deslaves de diciembre de 1999 a consecuencia de la aparición en los medios de comunicación social de un conjunto de personas irresponsables que utilizaron ese pavoroso evento para adquirir notoriedad pública a costa de las lágrimas de un pueblo adolorido.

Poco les importó  las recomendaciones de los expertos sociales para contribuir a superar los efectos post traumáticos dejados por las lluvias torrenciales, al contrario, las agravaron mediante una serie de miserables conjeturas dirigidas a que se asumieran como un Castigo de Dios, a tal punto que un tabloide salido de las entrañas de la Universidad Central de Venezuela afirmó, a grandes titulares, que se trataba de la destrucción de un pueblo por sus pecados al estilo de Sodoma y Gomorra.

Hasta el catedrático Carlos Genatios puso también su granito de arena de terror cuando aseguró en el Diario El Nacional (Piedras al Acecho) que esos minerales contenidos en los gaviones iban a generar peores consecuencias que los deslaves como una vulgar manera de hacer política y deslindarse del gobierno.

A esos profetas del desastre también se les unieron aquellos que estigmatizaron a los centenares de damnificados llevados por la emergencia hacia el interior del país tildándolos de sádicos y delincuentes en el preciso momento que necesitaban la mano de la confianza y la fe.

Las repetidas imágenes televisivas crearon un estado de conmoción regional, nacional e internacional como nunca se habían visto y a muchos compatriotas del infortunio se los llevó la morbosidad mediática y eso nos llenó más de luto el corazón.

A pesar de esas laceraciones que producen la incomprensión y la intolerancia humana los hombres y mujeres de Vargas hemos escrito, con la tinta del sudor y alegría, páginas de gratitud por quienes nos han permitido el camino de retorno a la vida. 

No pedíamos silenciar la realidad, más bien era la súplica de un periodista a sus colegas para que detuvieran esa macabra avalancha informativa a los efectos de reconstruir nuestro maltrecho tejido social a través del buen uso de la palabra afectiva, esa que siempre será el gran antídoto para superar las enfermedades del alma.

Nunca le había dedicado tanto tiempo a esta solicitud de afecto y poco me importó que fuera tan largo el camino del desprecio y del racismo.

Hoy reconforta saber lo equivocado que estaban todos aquellos “expertos” que decían, entre otras cosas, que la reconstrucción tardaría unos 50 años y el Vargas de hoy muestra más que una caminata por la mera sobrevivencia. Lo mejor es que cada día tomamos más conciencia sobre la necesidad de establecer mejores lazos con este gran refugio que es la naturaleza, el compromiso de detener el Calentamiento Global que producen los gases del Efecto Invernadero y escuchar los ayes lastimeros del este planeta enfermo que nos reclama la condición de Homo sapiens.

Para los que todavía creen que en la República Bolivariana de Venezuela no existe el racismo los invito a leer lo que escribió el miércoles 18 de julio el Sr. Fernando Niño en el Diario Tal Cual (Pág. 21): “HAY UN CAMINO PARA TODOS”. Este individuo invita a los venezolanos a votar por Capriles Radonski calificando a los guaireños de sucios, bodegueros, haraganes y prostitutas a nuestras mujeres. Es un asqueroso garabato que se debe leer con un pañuelo en la nariz. Para rematar señala que cuando hablamos, en otras latitudes, lo hacemos como si estuviéramos frente al mar. En ese ejercicio de exclusión y dominación somos inferiores, incapaces de sembrar. Hay quienes desean transitar por el camino de la muerte. El nuestro esta definido: ser libres y cimarrones. Si ese es el Camino Para Todos que nos ofrece Capriles Radonski entonces los vivos envidiaremos a los muertos.

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(*) Periodista


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