Vielma Mora y la nueva era



Gracias a Reina Consuelo Rosales y su trabajo de investigación: HUELLAS DEL PASADO. UNA APROXIMACIÓN AL PATRIMONIO CULTURAL DEL MUNICIPIO AYACUCHO DEL ESTADO TACHIRA, nos enteramos de la diversidad cultural de los aborígenes que poblaron nuestras tierras. Nos enteramos, por ejemplo de que existieron dos grandes grupos de indígenas: Los Motilones y los Chinatos. Entre Motilones, los Oyraes, Uracaes, Suáchicas, Caquetrías, Tinacoas, Suanejos, Umuquenas, Yeguines, Seborucos, Oroes, Morotutos, Pararies, Taras, Tukukos y Ariguaisas, entre otros y entre los Chinatos, los Mombunes, Carapos, Tororos, Guásimos, Sorcas,Tucapées, Borotáes, Lobatos o Lobateras, Tononóes, Chiriquíes, Churuníes, Barbillas, Quinimaríes, Táchiras, Cucuchicas y Taribas entre otros. Además de ellos, los Pregoneros, Queniqueos, Veriguacas, Tamacos, Caparos, Guaneros, Orués, Sarares, Guanaguáes y Guachibas.

Pues bien, el espíritu de todos estos antepasados, desaparecidos por causa del genocidio español, nos llama a asumir con determinación de indígenas rebeldes - como lo fueron todos ellos frente al yugo español - las luchas que habrán de emprenderse en adelante para consolidar lo que ha dado en llamarse una Nueva Era, concepto en el que parecieran coincidir Mayas, Astrónomos, Astrólogos, Paleontólogos, Antropólogos, Poetas y Políticos, pero que en Venezuela ya se había iniciado con las rebeldías de los caraqueños y de los soldados patriotas en los años en los años 89 y 92, respectivamente.

Los presagios de una nueva Era, apenas comienzan a develarse en la tierra andina del Táchira. La victoria de las fuerzas del progreso frente al oscurantismo medieval que ha oprimido a sus habitantes, es prueba contundente de ello. Es importante hacer notar que la victoria en la inmensa mayoría de municipios con fuerte vocación agrícola pecuaria y en la que habitan mujeres y hombres buenos, sencillos y laboriosos, constituye un gran salto a aquella etapa cultural histórica de 500 años en la que predominó el dogma del púlpito adscrito a los partidos de turno, muy especialmente el llamado Social Cristiano Copei, que de cristiano, el puro nombre. La influencia de esas fuerzas oscuras en nuestros campos solo es comparable con el primitivismo medieval que nos revive Saramago en su obra IN NOMINI DEI, “trágica historia de la intolerancia humana” como la describe su autor. Los cuentos de espantos ya no asustan.

La fe religiosa se ha convertido en cosa buena, en energía para desearle por ejemplo, la salud plena a nuestro presidente convaleciente, ya no para combatir el fantasma del comunismo o socialismo, una estrategia exitosa que los falangistas utilizaron y siguen utilizando para asustar a sus parroquianos. Pasaron aquellos tiempos cuando el cura le decía al pueblo que debía y qué no debía hacer, por quién votar y por quién no. Tiempos aquellos en los que votar verde significaba ganarse el cielo y votar por AD era condenarse al infierno, ni imaginarse cual paila estaba destinada a los rojos. Esto nos recuerda aquella historia de abuelos que nos cuenta cómo un cura de pueblo, por demás español, pedía a sus feligreses encerrarse temprano para evitar encontrarse con el diablo sin cabeza que merodeaba por aquellos lares, y que entre penumbras y neblinas de la medianoche, se le aparecía a las almas pecadoras montado en una bestia. Como todo cuento popular, esta anécdota termina en carcajada colectiva; resulta que era el propio cura quien se encargaba de hacer la pantomima del satán a caballo, logrando así su mundano objetivo, poder saltar cual Don Juan andino, los muros de aquellas casas en las que moraban sus conquistas, sin ser visto.

Los nuevos tiempos traen consigo, sin duda, un derrumbe de paradigmas, dogmas, miedos, y cuentos de camino que por años inyectó el dominio colonial a los buenos habitantes de estas tierras. Los miedos, la reverencia, la sumisión, y la genuflexión ante ciertos señores dueños de todo, menos de los saberes, comienzan a quedar en el pasado. El andino reservado, laborioso, metódico, y profundamente humano como lo es su poesía y su música, transformará esta victoria en homenaje profundo a sus antepasados Motilones y Chinatos. El corazón de este tachirense humanista armoniza plenamente con el de su presidente y líder Hugo Chávez y la Nueva Era a la que, por cierto, él dio inicio en nuestro país. Con estos buenos augurios, el Capitán Vielma Mora, conocido por su sensibilidad social y su capacidad gerencial, habrá de realizar la mejor obra que se haya hecho nunca para el Táchira.

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Rubén Rivas


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