¿Nuevo fracaso en Miranda? "Victoria con cien padres y derrota huérfana (I)

La concienzuda práctica de la autocrítica es otro rasgo que distingue a nuestro Partido de los demás partidos políticos. Hemos dicho que la habitación se debe limpiar regularmente, porque de otra manera se amontonará el polvo, y que tenemos que lavarnos la cara regularmente, porque de otra manera se nos cubrirá de mugre. La mente de nuestros camaradas y el trabajo de nuestro Partido pueden cubrirse de polvo y deben ser limpiados y lavados. El agua corriente no se corrompe y a los goznes de la puerta no los carcomen los gusanos. Este proverbio expresa cómo el movimiento constante impide el ataque de los microbios y otros organismos. Revisar regularmente nuestro trabajo, desarrollar durante el proceso de revisión el estilo democrático de trabajo, no temer a la crítica ni a la autocrítica y aplicar aquellas máximas populares chinas tan buenas como di todo lo que sepas y dilo sin reservas, no culpes al que hable, antes bien, toma sus palabras como una advertencia y corrige tus errores, si los has cometido, y guárdate de ellos si no has cometido ninguno: he aquí la única forma eficaz de evitar que el polvo y microbios políticos infecten la mente de nuestros camaradas y el cuerpo de nuestro Partido (Mao Zedong. Citas del Presidente Mao. Obras escogidas t. III)

Hace apenas 3 días, una joven amiga e inteligente politóloga, con cierta insinuación a la polémica, me preguntó porqué siempre que hablábamos de elecciones, a pesar que no me disgustan, soy poco amigable a la hora de calificarlas. En aras de sintetizar, expresaré las respuestas, de la manera más resumida posible, aunque sin obviar lo ideológico e histórico que estos procesos llevan implícitos.

Recordemos, que en las sociedades divididas en clases sociales antagónicas, ya sea en la esclavista, feudal o capitalista, el pensamiento y la acción de los hombres se ha dirigido, en cada uno de esos esos sistemas, a justificar el poder objetivo y subjetivo de las clases dominantes, las cuales tratan de preservar sus privilegios y su poder político, ideológico, social y militar. Pero no contentos con este primer gran objetivo, los poderosos, nacionales o imperiales, se esmeran para que las grandes mayorías de la población, incluyendo los que le hacen oposición a su sistema de dominación, piensen y actúen como ellos.

Es en este orden de ideas, que consciente o inconscientemente, mediante la educación, la transculturación y otros mecanismos culturales y sicológicos, los que detentan el poder y en la mayoría de los casos el gobierno, plantean y solicitan al resto de la población que siga con un modelo caracterizado por “respetar” la propiedad privada de los medios de producción, la acumulación desigual y excluyente de las riquezas generadas por la sociedad, la proliferación de creencias sobre naturales, la exclusión de las grandes mayorías en el debate y en la toma de decisiones de transcendencia; la elevación de los procesos eleccionarios a un supremo pedestal del “éxito” político y social, donde se le hace ver a la gente, que se pueden obtener resultados “perfectos”, mientras se oculta que la mayoría de los elegidos, logran esos “triunfos” en mayor o menor grado, gracias al poder económico que se tenga para hacer propaganda e ideologizar al pueblo, y donde por cierto, la lucha clases, se excluye al máximo del debate electoral y por el contrario, los ricos, asociados y electoreros, invitan a la colaboración entre las clases antagónicas y estimulan debates que arrastran a los propios “revolucionarios” hacia el chisme politiquero de baja factura ideológica y programática, utilizando para ello los propios canales de comunicación del Estado sea este progresista o no.

La orientación inteligentemente, supra comentada, es lo que hace “divertido” y burocratizable a los procesos electorales en una sociedad burguesa como es la que predomina en la mayoría de los países del mundo y a la que no se escapa Venezuela. Para las clases dominantes, este tipo de eventos, es la meta predominante de los que participan en ella. Y es que no podía ser de otra manera. La derecha y los que aparentan no serlo, al no tener expectativas por una transformación radical de la sociedad, no les queda otra aspiración que llegar al gobierno para ocupar cargos burocráticos y desde allí satisfacer su egolatría o sus expectativas de mejorar su situación económica junto con sus allegados, para lo cual su gran meta es lograr que las estructuras que sustentan el andamiaje capitalista se mantenga o cuando mucho, se disfrace de revolucionaria. Por supuesto, cualquier mensaje de fondo o práctica socialista radical, es inmediatamente combatida con el anticomunismo. Así, si alguien es acusado de que practicaría el comunismo al llegar al gobierno, inmediatamente, su mente está condicionada para negar esta posibilidad. Por ningún respecto, un defensor abierto del capitalismo o un reformista (conciliador con la corrupción y con la injusticia social), son capaces de explicar a la gente en con objetividad, en que consiste el socialismo o el comunismo. En este caso, lo mejor para ellos, es negar cualquier parecido que se le quiera indilgar con ese “monstruo de rabo, patas y cachos diabólicos”

Aunque usted no lo crea, todavía en el subconsciente de parte de nuestros dirigentes, ronda el espíritu de la inquisición y de los trineos de engaños. Para estos personajes, las elecciones realizadas en el sistema capitalista pueden ser “perfectas, químicamente puras y benditas por los dioses del Olimpo”. Por eso en su intimidad se preguntan ¿para qué radicalizar el proceso de cambio? ¿Para qué estimular la confrontación entre clases antagónicas? E inmediatamente responden:

Es suficiente con que se llegue al gobierno por elecciones; que el Producto Interno Bruto crezca, aunque sea la empresa privada la que más acumule capital; que la explotación al trabajador siga su curso, pero eso sí “decentemente”; que la corrupción, el burocratismo, el clientelismo, el oportunismo, la especulación y la impunidad, sean sancionados o tolerados en “democracia y selectivamente”; concienciar a las bases de los partidos para que entiendan que lo más conveniente al poder popular es que los altos dirigentes del partido o del gobierno, sean los que señalen mediante el dedo inteligente y sabio, quienes deben ocupar cargos directivos en las organizaciones populares y del Estado; evadir el debate ideológico con los mercaderes de la educación privada, y más bien ayudarles a financiar sus celestiales actividades mercantiles; priorizar a los impuestos regresivos como el IVA (en contra de los más pobres) y favorecer a los capitalistas con un Impuesto sobre la Renta mínimo, bajo el criterio que esto estimula la inversión nacional y transnacional; que haya acercamiento a los movimientos de liberación nacional del mundo, en función de ayudarles a entender que sus métodos de lucha son “equivocados”

En fin, celebrar que todos vivamos unidos, felices y en paz, evitando en lo posible, contagiarnos del socialismo científico o de “comunismos trasnochados”, expresión que por cierto, en varias oportunidades ha sido mencionada tanto por la derecha cavernícola como por algunos “izquierdistas” formados por el Opus Dei o congregaciones similares. Con mucha claridad, la genuina derecha y la encubierta, nos advierten que evitemos debatir donde haya confrontación entre propuestas y estrategias radicalmente opuestas, toda vez que esto pudiese generar expulsiones y segregaciones que no convienen a la unidad incondicional. Recordemos: “Debate Socialista” para que se converse sobre las coincidencias ideológicas o pragmáticas que se pudiesen tener en un club de amigos desde la T.V. u otros medios…los demás, es decir, la gran mayoría de la población, no tenemos velas en ese entierro, salvo cuando escribimos en Aporrea.org. o en otro medio realmente democrático.

Si esta fuese la paradoja que acompaña a las democracias burguesas con algunos signos de cambio hacia importantes reformas sociales, ¿Qué expectativas pudiesen tener los pueblos para marchar por una vía más consecuente con las soluciones que ofrece la teoría revolucionaria?

Del lado de la política sustentada en los principios y valores fundamentales del socialismo científico (guardando las distancias históricas y geopolíticas con los siglos XIX y XX), todavía se mantiene vigente el combate por la transformación radical de la sociedad capitalista, sobre la base de la lucha de clases, la propiedad social de los medios de producción, la honestidad revolucionaria y la reducción progresiva de las diferencias económicas entre las clases sociales y la generación del hombre nuevo, capaz de ser igualitario, luchador por la justicia social, solidario, recíproco, equitativo e internacionalista.

Para que la sociedad se disponga a parir el Hombre Nuevo, del que tanto habló el Ché, se requiere que al menos un alto porcentaje de sus integrantes actuales se organicen política y socialmente, siendo fundamental que la lucha sea lo más participativa posible, donde quienes asuman puestos de comando, ya sea en el gobierno, en los partidos o en el resto de las organizaciones sociales, actúen con inteligencia, constancia, humildad, trabajo honesto y dirección en equipo, contrarios a la prepotencia, respetuosos del prójimo, críticos, autocríticos y sobre todo capaces de tomar decisiones con la participación democrática del colectivo local, regional o nacional. Internalizar que es posible sembrar la unidad entre civiles y militares revolucionarios, condición indispensable para consolidar cualquier triunfo que se logre obtener.

En consecuencia, se hace necesario, que en las organizaciones revolucionarias y en el gobierno (en caso que se haya accedido a este), se generen las condiciones objetivas (materiales) y subjetivas (ideológicas y afectivas) para contar con importantes masas de la población que logren integrarse mediante una unidad sustentada en la claridad ideológica y contraria al sectarismo parroquiano que todavía predomina en algunos sectores ubicados en la llamada izquierda.

Esta labor, es indispensable para contar con un partido fuerte y un gobierno local, regional o nacional, que sepa responder ante las agresiones constantes de la derecha.

Es evidente, que cuando no se han creado suficientes condiciones objetivas ni subjetivas, para emprender y mantener la lucha en una localidad, región o país, es muy difícil, que la mayoría del pueblo responda al llamado de los revolucionarios, salvo cuando se dispone de un liderazgo excepcional.

Es así, que cuando se cuenta con una militancia escasa y además, esta carece de formación, liderazgo, dirección eficiente y efectiva, lo más probable es que en caso de una confrontación electoral, el signo de la derrota esté a la vuelta de la esquina. Eso por cierto, es lo que ha pasado en algunas circunscripciones electorales del área metropolitana de Caracas en los últimos años, con énfasis en lo que corresponde al Estado Miranda.

Las fallas y omisiones constantes en la dirección y coordinación tanto del partido como del gobierno amigo, comienzan por no establecer una disciplina en el trabajo político, en carecer de planes organizativos, de formación y de acción política y comunitaria permanente. La ausencia de constancia para denunciar las irregularidades de los partidos y gobiernos burgueses y la falta de valentía para admitir los errores y omisiones de los cuadros directivos en todos sus niveles, son síntomas inequívocos que el camino se torna movedizo.

¿Cómo se explica que después de haber ganado una gobernación o una alcaldía, un tiempo más tarde, el mismo gobernante o un nuevo candidato pierdan ante opositores, que más bien parecen momias o gánsteres de la política? ¿Por qué los que gobernaron a nombre de los bolivarianos, o la propia dirección se opuso a que se evaluara la gestión? ¿Qué razón había para excluir de los comandos a los que con sobradas razones hacían críticas constructivas para salvar a la izquierda de una posible derrota? ¿Es cierto que en algunos casos, se excluyó parcialmente a los aliados, intentando con ello imponer candidatos de un solo sector? ¿Será verdad que existen dirigentes que aunque han fallado en varias posiciones en el gobierno, se le volvió a colocar en cargos estratégicos?

En principio, es cierto que las elecciones no constituyen el eje fundamental de la acción política, razón por la cual, cualquier análisis que se haga, debería partir de una concepción donde se examine con rigurosa perspicacia, las raíces en que se sustenta el hecho electoral, es decir, antes de calificar sus resultados, deberíamos considerar su significado y los diversos elementos que soportan su andamiaje teórico y operativo:

¿Por qué, para quien y cuando se hace necesario ir a un proceso electoral? ¿Son las elecciones procesos totalmente aislados de la información, de la ideología, de la historia y de la voluntad de los seres humanos?

El hecho de que una parte de la población no se sienta motivada para votar ¿Es una causa o una consecuencia del porque un candidato o agrupación política perdió la contienda electoral? Si fuese cierto que las organizaciones políticas y populares, en general, son las que proponen e impulsan la actividad electoral ¿Cómo es que a la hora de evaluar los resultados, la mayoría de los analistas, las excluyen de sus responsabilidades? ¿Cómo se explica que al evaluar u opinar sobre los resultados electorales, a los partidos, organizaciones o líderes de tendencia socialista, se les olvide partir de un análisis sustentado en el materialismo histórico y científico? ¿Porque tanto apresuramiento en señalar y loar a los vencedores, pero inmenso temor de examinar las causas de la derrota, así como a señalar a los responsables? ¿Cómo es que si en la realidad, la perfección no existe, para fines politiqueros, nos auto califiquemos de producir hechos electorales perfectos?

Preliminarmente diremos, que las elecciones son eventos importantes y relativamente serios, en el sentido que buscan legalizar y legitimar las tendencias políticas mayoritarias de un colectivo, así como el hacerlas acreedoras de la ocupación del gobierno en las instancias respectivas. Sin embargo, se debe tener claro que los resultados electorales, no necesariamente representan el poder de los intereses del pueblo, toda vez que en el sistema capitalista, es típico que quienes más han acumulado fortunas “bien o mal habidas”, son los que mayor influyen en la opinión pública y generalmente son los que logran colocar a la mayoría de sus candidatos en el gobierno. En todo caso, para los revolucionarios, cualquier interpretación política-social que toque resultados electorales, debe poner por delante la transformación radical de la sociedad, hecho indispensable para generar el hombre nuevo, el cual deberá ser el producto de todo ese gran esfuerzo que tanto hombres como mujeres emprenden cada día por lograr una sociedad más justa, igualitaria y pacífica.

Si la sociedad se organiza, se prepara ideológicamente y emprende actividades que promuevan el cambio revolucionario, con inteligencia y constancia, utilizando para ello a sus partidos políticos y organizaciones populares, es posible que se rompan los principales obstáculos que frenan el avance por un mundo mejor. Cuando existen partidos políticos bien dirigidos y organizados y las comunidades también han alcanzado un grado satisfactorio de organización, se está en un punto muy próximo para alcanzar el triunfo. Por el contrario, cuando los cuadros dirigentes casi no existen y por ende la organización es muy deficiente, y se deja todo para última hora, inevitablemente se tiende a ir por la vía de la derrota.

Es en este sentido, que las organizaciones revolucionarias y progresistas, deberían estar preparadas para interpretar los resultados electorales tomando en consideración que estos son la consecuencia del trabajo colectivo dentro y fuera del partido y no a la inversa. Cuando por razones oportunistas, de prepotencia y de “viveza criolla” se buscan excusas sin fundamento sustentable, se cae en el modelo burgués de hacer política. Seamos francos, si no hemos planificado, organizado y trabajado constantemente y con el debido tiempo, no esperemos que en la mayoría de los casos, se lograrán buenos frutos.

Recordemos, que cuando se apadrinan a los corruptos o nos hacemos la vista gorda ante estos bandidos, muchos militantes y simpatizantes de la revolución prefieren abstenerse.

Cuando existen liderazgos y cuadros dirigentes que estimulen los procesos formativos, éticos, organizativos y operacionales, es muy difícil que los militantes y simpatizantes formen parte de los abstencionistas que generalmente acompañan a las elecciones burguesas. Por supuesto, la burocracia enquistada en aquellos partidos que en el fondo no pasan de ser reformistas, explican el abstencionismo, como la causa de la derrota o de la poca participación activa de la gente en la solución de los diversos problemas nacionales o locales en el país. Es evidente: la abstención es una consecuencia no una causa del porque se es derrotado. Lo más probable es que Cuando se vive un proceso revolucionario de verdad, esto no sucede.

Abundemos: algunos funcionarios o ex funcionarios del gobierno o de la dirección política, sindical o gremial en general, ante sus actitudes cómodas, negligentes y de falta de ética revolucionaria, llegan a argumentar “perdimos porque en esta ciudad, las mayoría de la gente está ubicada en urbanizaciones, donde vive la clase media y la burguesía etc.” Cuando se estudia la composición de clase de los citados conglomerados humanos, y se observa que no todos son ricos, que algunos son pensionados, pagan alquileres y otros tienen un salario muy cerca al mínimo. Es posible que en las urbanizaciones del este de Caracas, vivan más del 60 % de gente que pertenece a los sectores populares o clase media baja. Por supuesto que no se niega que algunos acompañados de un sentimiento de inferioridad, se sugestionen y se hagan pasar como gente de dinero o sifrinos.

Las excusas para quedar bien, son múltiples, pero no convencen, toda vez que es posible que en otro Estado, donde la composición social es parecida, no hubo tal debacle electoral. El extremo de la complacencia, se tiene cuando algunos “dirigentes” en su afán por sentirse triunfadores, se escudan en que se ganó las elecciones en tantos Estados más que la oposición que representa a la burguesía, así haya sido por no más del 10 %, como si la diferencia entre pobres y ricos es tan estrecha.

Si en Venezuela, contamos con el apoyo de un gobierno que ha realizado innumerables obras sociales, con un gran líder de nivel continental, con inmensos recursos consecuencia de ser un Estado petrolero y con una oposición derechista torpe y carente de proyecto de país, es evidente que después de 12 años de gestión, deberíamos tener resultados electorales con no menos del 75 % de los votos. De no ser así, fallas y omisiones importantes deben estar ocurriendo del lado del proyecto bolivariano, vía socialismo: ¿Falta de liderazgos? ¿Carencia de una dirección eficiente y efectiva? ¿Ausencia de canales organizativos que garanticen una toma de decisiones de arriba hacia abajo y viceversa? ¿Burocratización de los cuadros dirigentes y gubernamentales? ¿Ausencia de organizaciones comunales formadas para el debate de las ideas y la solución efectiva de los problemas? ¿Deficiente utilización de los medios de comunicación que se disponen?

Por otra parte, debemos considerar, que al menos existen dos grandes metodologías de carácter ideológico y programático que identifican a los que se interesan por el tema político-electoral:

los formados bajo una óptica neoliberal o reformista, cuyos análisis se corresponden con una perspectiva donde lo cuantitativo, lo conservador o inclusive la baja calidad revolucionaria es lo que predomina. En esta posición no hay una elaboración analítica que sepa distinguir entre los candidatos comprometidos de verdad con un proceso de transformación y los que se estarían dispuestos a seguir con mismas prácticas a que nos tiene acostumbrado el sistema capitalista (privatizaciones, desprotección laboral etc). Su discurso está lleno de ofertas y hasta de posiciones esotéricas, con tal de lograr un electorado complaciente con el mantenimiento de las raíces y prácticas del status quo. Allí nos encontramos con social demócratas, socialcristianos o con gente que todavía sigue el modelo gomecista, Perez jimenista, Betancurista, calderista y pare usted de contar… ¿Se guiarán mas por el modelo caudillista o personalista, que por desarrollar su lucha sobre la base de principios, programas y valores revolucionarios entre ellos la dirección colectiva? ¿Es cierto que uno de los dirigentes regionales actuales, hace cierto tiempo afirmó que su líder predilecto era el presidente del grupo Polar?

¿Se podrá, con este tipo de triunfadores enfrentar a las mafias empresariales que siempre han gobernado en su Estado? ¿Tiene algún sentido haber logrado la mayoría de votos, si en la práctica se pudiese pactar con los terratenientes y capitalistas de siempre?

b) Del otro lado, están los formados bajo una concepción revolucionaria, transformadora de la sociedad, contrarios a mantener los privilegios de las clases que han dominado a estos países. Lamentablemente, son muy pocos los militantes y simpatizantes formados y con el coraje suficiente que han logrado triunfar en las elecciones. Claro que los hay, pero son una minoría, ¿posiblemente serán llamados a la moderación en aras de mantener el equilibrio constitucional e institucional? El propio Presidente de la República, hace apenas unos tres meses, expresó que sus gobernadores no habían sido efectivos colaboradores en la erradicación del latifundio. También amenazó con el eliminar el Ministerio de las Comunas, toda vez, que su trabajo ha sido casi nulo. ¿Hubo sanciones por tan crasas omisiones? ¿Tiene algo de magistral en algunos Estados, el haber solapado la ejecución de programas sobre la base de principios y valores revolucionarios, en función de lograr votos y tregua con una clase empresarial que presuntamente, en su mayoría es especuladora, corrupta y explotadora?

Las supras interrogantes y otras que pudiésemos hacer, intentaremos contestarlas en la próxima entrega, donde además señalaremos algunos hechos históricos y cifras, relativos al Estado Miranda y en general a las elecciones que tuvieron lugar el 16.12.12. Mientras tanto, los invito a que vayan preparando la respuesta sobre la célebre frase de Napoleón Bonaparte “La victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana..”

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Yolí José Núñez


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