Si Chávez no hubiera nacido en Barinas

Yo me crié en Barinas y por eso se que si Hugo Chávez no hubiera nacido y crecido a la orilla del río Santo Domingo la historia nuestra (la del país, la suya y la mía) sería bien distinta.

Solamente en una sociedad donde las diferencias sociales te golpean cada día es posible tomar conciencia de quien eres y de cual es el "tiempo histórico" que te tocó vivir.

En Barinas los ricos vivían (y aún lo hacen) en la zona más alta y fresca, mientras los pobres debían conformarse con los terrenos más bajos y más cerca de canales y del río. Esos que se inundaban cada vez que llovía más de 5 o 6 horas. Esos con casas cuyas entradas inevitablemente tenían un pequeño muro de 20 o 30 centímetros como vano intento de contener las aguas.

Los ricos (los otros, ¿o los otros eramos nosotros?) tenían sus colegios; las niñas en el Nuestra Señora del Pilar (patrona de Barinas) y los niños en el Arzobispo Méndez (obispo de Caracas y firmante del Acta de Independencia en representación, sin duda, de hacendados llaneros).

Nosotros teníamos las escuelas de barrio, el Rafael Medina Jimenez para el ciclo básico y, si lograbas avanzar hasta el ciclo diversificado, los liceos O'Leary (en Ciencias) o el Andueza Palacios (en Humanidades).

Ir a un liceo o volverse bachiller era una meta de ensueño: casi inalcanzable. Implicaba cruzar la ciudad, pagar un pasaje que sumado era costoso y tener alguna disciplina para atender los requerimientos académicos y metodológicos.

Eran muchos los que se quedaban en el camino. Alguno, como Terrero, excelente futbolista y estudiante regular, quien luego de aprobar el examen de ingreso a la antigua Efofac, no logró "pasar" matemática de 5° año. O peor aún el caso de Flores, quien deliraba por la física, la astronomía y el "big bang", pero no logró ingresar a ninguna universidad y terminó involucrado en un robo donde hubo un homicidio: acabó en "la Penal", ese depósito de gente que desde hace 40 o más años guarda historias de horror al final de la calle Cedeño.

Asi son las historias que vivió sin duda Chávez y que solo se pueden comprender desde los anchos pasillos del O'Leary o en algún banco de la plaza que la burguesía barinesa, en su afan pitiyanquista, dedicó a Franklin D. Roosvelt, con busto y todo. Esta plaza sirvió por muchos años como informal terminal de pasajeros (los pobres viajabamos en "por puesto") y pequeño mercado de alimentos al mayor, por lo que su nombre era una bofetada perenne para los excluidos que debíamos usarla.

Ante una realidad como esa sólo había dos opciones: integrarse y ponerse al servicio de la burguesía local y sus expresiones políticas o simplemente huir, irse lejos. Barquisimeto, Mérida, Valencia o Caracas, en fin, desarraigarse y asumir la exclusión como un destierro. Muchos escogimos este camino.

Pero Chávez entendió que había otra vía: apropiarse, conocer y torcer su propio "tiempo histórico". Demostrarse a si mismo y demostrarle al pueblo que ese "tiempo histórico" no era inevitable, que ese "eterno presente" era el modo de dominarnos y someternos. Y que era posible romperlo, destrozarlo y tomar control de nuestra historia personal y colectiva para construir otro modo de producir y reproducir la vida.

Y asi lo hizo el 4 de febrero de 1992, en diciembre de 1998, en abril y diciembre de 2002 y asi lo ha continuado y continuará haciéndolo.

Asi lo hace cuando habla del Carrao y del Cubiro, cantantes y poetas del llano que debían vender cerveza y cantar en botiquines para sobrevivir. Y que hoy, muertos físicamente ambos, viven en el recuerdo de todo el país.

Porque cuando se toma conciencia y control de la vida ocurre un fenómeno no convencional: se supera el propio "tiempo histórico" y esa es la clave de la trascendencia y de la inmortalidad.

Por eso Chávez es hoy millones, es Patria y es Pueblo.

http://la-tabla.blogspot.com/2012/12/si-chavez-no-hubiera-nacido-en-barinas.html

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