Maduro y Cabello no tienen espacio para bailar en la cuerda floja

La oposición sigue apostando a la muerte del presidente Hugo Chávez como única esperanza de acabar con el proceso revolucionario y volverle a poner la mano al poder, desestimando los más de 8 millones de electores que lo aman, votaron por él en las elecciones del 7 de octubre y, ahora más que nunca, están pendientes del desarrollo del proceso revolucionario.

La situación es tan dura para los adversarios del comandante, que Nicolás Maduro y Diosdado Cabello todavía queriendo no podrían darse el tupé de adoptar posiciones antagonistas, ante un pueblo que se hizo vigilante de las palabras y la voluntad de su líder en los momentos más difíciles de su vida. No es como muchos piensan. Cualquier aspecto diferente a lo pautado por Chávez, se toparán de frente con ese inmenso amor que le tiene la gente.

Si por alguna causa se originara un enfrentamiento entre Maduro y Cabello, tengan la plena seguridad de que eso les acarrearía un costo político muy alto. Así que, yo particularmente creo, que no poseen espacio para bailar en la cuerda floja. El pueblo chavista no se los perdonaría. Y eso lo saben ellos, lo sabemos todos. No hay otra forma de seguir adelante que no sea unidos en torno del proyecto del Presidente.

La oposición, por su parte, gargantea, se desespera y se llena de impotencia, porque sabe que sin el comandante el país igualmente ha marchado sobre ruedas. Desde que el líder se enfermó y comenzó a recibir tratamiento en Cuba, se puso de manifiesto que Venezuela internalizó el proceso revolucionario y está dispuesto a seguir indetenible hasta coronar el socialismo del siglo XXI con más ahínco todavía, porque ya Chávez se hizo pueblo.

Hay plena conciencia de que principalmente Maduro, Cabello y los otros funcionarios que los acompañan conducirán al país por los senderos que el Presidente trazó, debido que, entre otras cosas, cuentan con la suficiente inteligencia y sensatez para no caer en el juego evidente de esa oposición perversa que pretende contraponerlos y acabar con la revolución.

La fe y la esperanza que el pueblo alberga en Maduro –sin querer desestimar el potencial que el vice presidente ha demostrado que posee como político-, se debe a la confianza que el máximo jefe de la revolución venezolana depositó en él y eso se respeta, es algo sagrado para los revolucionarios.

Creemos ciegamente en Chávez y lo digo sin ningún rubor, cómo tener pena de admitir la simpatía a un hombre que no vacila en ofrendar la vida por la gente más necesitada. Esta última vez lo evidenció sacrificándose por nosotros en la campaña electoral que le dio la victoria el 7-O y preparó el terreno para el triunfo de los gobernadores rojos rojitos el 16 de diciembre.

Luego viajó a Cuba afectado de nuevo por una recaída que le produjo su enfermedad, y en lugar de someterse a una intervención quirúrgica de inmediato tal como dijo que se lo plantearon los especialistas, se atrevió a regresar aún a costa de su salud, para trazar el plan según la cual en un supuesto de que no pudiera volver a encargarse del poder por alguna causa sobrevenida, el pueblo apoyara a Nicolás Maduro.

Y así se hará. De eso no me cabe la menor duda. Mientras tanto, la oposición continuará miccionando fuera de pote; además ya no enfrentará a un Chávez autosuficiente para dominarlos a ellos en cualquier terreno como siempre lo ha hecho, sino al resultado de su proyecto, de su trabajo, gestión, tesón, entrega, encarnada en Maduro, Cabello y un pueblo ahora más unido y compacto que nunca, dispuesto y deseoso de cumplir la orden del comandante por encima de lo que sea, porque de ese material está hecho el amor que los venezolanos sienten por su líder.

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@AlberMoran

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