“Los venezolanos” de la oligarquía venezolana

El subterfugio en la palabra es tan antiguo como la misma oratoria en todos los idiomas. La historia nos relata multitud de cuentos y cuenticos donde el subterfugio de la palabra hace su agosto desde que el mundo es mundo. Y la historia actual, aunque muy diferente por el avance de la civilización y el conocimiento que se desborda, arruma otras formas en la palabra del subterfugio donde profesiones como la publicidad, el derecho lacayo y otras especializaciones con estos fines, pretenden seguir envolviendo al ser humano con esa palabra que se dice con boca empuñada y una total seriedad, pero con señas y muecas que dicen otra cosa.

Cuando escuchamos un corrupto decir que es recto, algunos pueden intentar creer que está diciendo que es honrado u honesto; pero también podemos entender que está diciendo lo que realmente quiere decir, que es un culo, porque al culo también se le llama recto. Corrupto que usa la palabra exacta para describir su status frente a sus hechos, pero el subterfugio en la palabra hace entender todo lo contrario.

En el slogan de empresas comerciales vemos el subterfugio en todo su esplendor, porque la ciencia del engaño se hizo experta en hacer creer lo que realmente no es. Ejemplo claro lo tenemos en la Coca-Cola, “la chispa de la vida”. Obviamente que cuando analizamos lo que Coca-Cola hace con la salud de la humanidad, la vida se le convierte en una pequeña chispa de existencia porque lo mata rapidito.

En la política se utiliza el subterfugio con más vehemencia, y en las elecciones pasadas en Venezuela se vio el subterfugio con todo el descaro cuando el slogan de la derecha venezolana decía: “Hay un camino”. Y cuando garrapateamos en la letra, descubrimos que el equipo de propaganda del candidato de la derecha usó el subterfugio para decirle al ingenuo elector que tenían un camino, pero el camino del golpe de estado, el camino al magnicidio, el camino a la desestabilización y pare de contar todos los malos caminos que con su engañabobo Slogan quiere decir.

“Los venezolanos”, término muy en boga por la elite política de la oposición, ¿se refiere el término “venezolanos”, realmente a esos venezolanos de carne y hueso? O, ¿son los “venezolanos” idealizados de su círculo, de la sociedad empresarial o rica, o, todos esos venezolanos de cedula venezolana pero alma norteamericana?

¡Los venezolanos! Escuchamos en todas las intervenciones que la derecha emite por sus medios, pero los comunes bien sabemos que no se refieren a los comunes y corrientes que somos la gran mayoría. Venezolanos que nunca se tomaron en cuenta cuando la elite “venezolana” gobernaba.

Y estamos muy seguros que a nivel mundial sucede lo mismo con los clanes de la derecha política cuando se dirigen a sus “pueblos”. Lo más seguro es que el subterfugio del nacionalismo de la derecha europea le diga a los alemanes o ingleses del montón que los “alemanes” y los “ingleses” son su salvación. Pero el subterfugio de la palabra se pretende continuar en el mundo tecnológico que hoy disfrutamos, y ya vemos como se voltea la tortilla.

¡Viva Chávez! ¡Viva Chávez! ¡Viva Chávez!

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Hernando Cortés Pico


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