Gladiador de las arenas de mi patria

En las canteras cuesta arriba donde se forja el carácter y destino final del hombre, liberasteis las más insólitas energías de tu interior al servicio pleno de una causa justa.

Copiasteis la voz de trueno que estremeció a la montaña, el mismo timbre de voz que se esparció en tu alma para decirte: gladiador, escuchad el gemido de los que padecen hambre. Y percibisteis, que aquel quejido con sed en las catacumbas provenía de las fibras de tu propia carne.

Allá en lo alto de aquel monte, y acompañado de la música más hermosa que me regala el silencio de las piedras, rezo por ti gladiador del aire, del mar y de la tierra.

Con una sonrisa en tu semblante, y una mirada de rayo fulminante, rasgasteis el cielo en dos partes iguales, para conocer de cerca el color dorado de la gloria. Gladiador, cuan espinoso te resultó el camino que conduce al estrado de tan majestuosa diosa.

Gladiador fiel a las arenas donde se prueba el grosor de las ideas. El ascua del amor apasionado de un pueblo que te vio pelear sanará tus heridas.

Gladiador de sangre obrera en las venas, no habrá culto, ni mito, ni dicha malvada que pueda despojar a los huérfanos del sol tu frente sudorosa, tus ojos que lloran lágrimas, y el fuego sagrado que despide tu alma sublevada.

Soldado gladiador, no os preocupéis por este imprevisto en la escuela infinita de la vida; tan solo es un alto en las tareas del combate para tomar un café, un respiro; y así meditar sobre las luchas que mañana muy temprano ha de librar tu espada justiciera.

Gladiador de las verdes arenas, ¿por qué te nostalgizan de tal manera las sabanas, los montes y caminos que pueblan las tierras venezolanas?

Gladiador de las calientes arenas, el amor encendido que se desprende de tu valiente corazón esculpió la efigie de una hermosa patria soberana.


Sí señor, antes de tu llegada, todo era soledad, tribulación; y un silencio sepulcral cual agujero negro se tragaba lo poco que de mi patria quedaba; y de pronto, gladiador de las llanuras, oí el suave ruido de tus pasos sobre la alfombra mágica de la noche desvelada, y expectante pude ver tu figura flaca y gallarda, que recién volvía del futuro, al encuentro con tu pasado que ansioso te esperaba.

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