El tipo ese (el Abreu)

Mi conjetura no sé si pudiera ser la de un hombre cuerdo. Pero se me ha metido en la cabeza que la música es el resultado directo de la existencia de los sonidos y puede que hasta de los ruidos. Ahora, que por qué existen los ruidos y los sonidos, no sé, y ni siquiera si pudieran tener ellos algún sentido en esta vida, incluido el ideológico: si pudieran existir ruidos y sonidos, de izquierda, o de derecha. No sé. Pero de que existen y han existido, existen y han existido. Olvídense.
Pero mi conjetura también abarca a que el humano pudo haberse fastidiado de esos sonidos y ruidos y, para ver cómo salía de ese empalago ruidoso (me vi tentado a decir, ladilla ruidosa) se le ocurrió combinarlos incluso con su propia voz con fines de ver si los convertía en “colirio” para sus oídos. Entonces lo logró y alcanzó convertir eso en el arte de generar secuencias sonoras, que harían el milagro de transmitir agradables sensaciones mediante las cuales, a la vez, buscaba expresar y comunicar un estado determinado de su atribulado espíritu. Y lo peor es que los ruidos no desaparecieron, pero nos dejaron la buena música, porque, la mala, continúa siendo ruido. ¡Qué si no!

La maternidad de la música –como la conocemos hoy en Occidente- se le atribuye a la antigua Grecia, porque la actual se ha visto obligada a solo bailar pegado –y demasiado pegado- con la banca internacional, donde esta le pisa crediticia, y despiadadamente, sus callos dolorosos. Así por allá, a principios del siglo V a.C., se escuchaba el clásico ditirambo, interpretado en el culto a Dionisio (o Baco), que era el dios de la caña, para decirlo en buen criollo. Y una procesión de sátiros traveseaba por las calles de la primitiva Grecia, seguida de jóvenes ansiosos de alcanzar el “éxtasis dionisiaco”, expresión eufemística de lo que aquí conocemos, hoy, como “pea loca”. Y nada de raro tiene que ese señor (el Abreu) ponga a los niños del Sistema a tocar ditirambos en complicidad con Lorenzo Mendoza, para lograr convertirlos a la larga en buscadores esta vez del “éxtasis polarcíaco”, cobrando por ello una comisión pingüe. ¡Noten de lo que es capaz, ese… dizque señor!
Y desde el siglo IV a.C. el músico comenzó a considerarse a sí mismo más ejecutante que compositor, naciendo así el virtuosismo y el culto al aplauso, por lo que la música llegó a convertirse en mero entretenimiento y el músico, por tanto, habría de perder mucho de su nivel social y, las clases sociales, altas de Grecia, a considerar degradante tocar un instrumento. Entonces, tomando en cuenta este antecedente, y siendo además el tipo ese (el Abreu) ficha de la alta burguesía, ¿sería ilógico pensar que está premeditadamente degradando a nuestros niños, al ponerlos a tocar instrumentos? Noten pues, que el germen de su depravación, es ancestral.

Pero es que resulta que en la prehistoria, ya la música había aparecido en los rituales de caza y fiestas donde se danzaba alrededor del fuego hasta caer exhausto. Y para colmo, los neardentales, que habitaron Europa y parte de Asia occidental, hace 230.000 años, parece que se comunicaban a través de la ópera. Imagínense el impacto psicológico de este descubrimiento. Y esto no es que lo diga este humilde mortal que además resulta tan imbécil, y que lo acepta sin rubor, sino que lo dice el arqueólogo inglés Steven Mithen, quien ha tenido el tupé, además prepotente, de lanzar la llamada teoría de la musicalidad como forma de comunicación prelinguística entre aquellos camaradas tan antiguos. Steven es autor, a propósito, del libro “The singing neanderthals”. (Alerto por cierto a los amantes del spanglish sobre el uso del sustantivo “singing”, dado que en venezolano tiene otro significado. Cuidado con decir, por ejemplo, si usted va a cantar: Voy a un “singing”… porque pudiera ser pésimamente interpretado).

Sostiene pues el autor -no sé si al margen del contenido de su obra- que, en cuanto a lo musical, los neardentales se identificaban más con la ópera, que con el rap. Mire usted. Y lo creo, incluso por haberme ocurrido en las neardentales discotecas caraqueñas, cuando siendo joven las padecía, pero eso sí, gozoso. Porque una vez que uno transponía la puerta del fumadero, el descomunal ruido impedía hablar (salvo que uno cantara ópera, y como tenorino), por lo que tenía que apelar entonces al útil lenguaje gestual y táctil. A mí me costaba un mundo hablarle a la muchacha, hasta en la pata de la oreja, porque no tenía técnica vocal y, además, el sordo y retumbante pun pun pun, aquel, lo sentía demasiado en la próstata. Pero haciendo de tripas corazón comenzaba con mi lenguaje improvisado (gestual y táctil) que, muchas veces terminaba en pugilato, y hasta en penosos desplantes. Pero muchas veces, también tenía un final feliz, cuando la chica, separándose de mí, fijaba su lánguida mirada en mis ojos desorbitados y sonreía, como diciéndome que había entendido a cabalidad la pureza de mis sentimientos. Y yo continuaba bailando idiotamente sonreído, exponiéndome a que mis co bailarines pensaran que era idiota. Pero lo peor, es que lo era. Bueno, noto que me desvié.

Lo cierto que el lomito de su teoría estriba en que, antes del surgimiento del lenguaje digamos de voces compuestas, los neardentales ya utilizaban una especie de comunicación prelinguística soportada, justamente en el ritmo, las variaciones del tono, el lenguaje corporal y el timbre de sus propias voces. ¡Bueno, el suscrito en las discotecas, pero además utilizaba yo el menequeo de rodillas con roce, como significándole a mi pareja que estaba frenético, y por tanto, vivo!

Y concluía Steven, en que a pesar de no haberse hallado instrumentos musicales fabricados por aquellos camaradas, piensa él que, capacidad intelectual tenían para crearlos, a partir de objetos naturales. Pero afirmaba que los instrumentos musicales más significativos que tenían eran sus propios membrudos cuerpos… La verdad es que esta premisa no la entendí. ¿Pero será que a estos camaradas les roncaba el aparato?

Y para dar por finalizada esta investigación tan decepcionante, vese cómo el tipo ese (el Abreu) lo que busca como fin último con su siniestro Sistema eurocentrista aliado con Álvaro Uribe, con Aznar y con Julio Borges, es convertir a los niños y niñas venezolanos en neandertales del siglo XXI para que, cuando sea él presidente de la República, no le vayan a oponer resistencia a su paquete neoliberal. ¿Ven lo retorcido que resulta el tipo ese (el Abreu)? ¡Increíble, pero cierto! ¿No?

Por lo tanto, y vistas las consideraciones que anteceden, pido a la Fiscal General de la República que el tipo ese (el Abreu) sea sometido por la fuerza, llevado preso y esposado, y condenado luego a beber la cicuta desnudo en la plaza pública que bien pudiera ser la Plaza Caracas, ante la vengadora mirada de todos los niños y niñas del funesto Sistema que fundara un día tan aciago para la Patria, y con el Rolex impertinente, de Dudamel, colocado en la muñeca derecha para que quede como símbolo imperecedero de su muérgana tendencia política, porque he descubierto que el tipo ese -el Abreu- no es más que un neardental de la música, un patán, y además muy mal pintor…

¡Es justicia!

PD: Acabo de ver por VTV desde la casa de Ezequiel Zamora en Cúa unos jóvenes del fatídico Sistema donde uno de ellos, con una pinta típica de burgués sueco, llevó el cuatro al límite de lo posible. ¡Y con qué humildad! ¡Qué egoísta ha sido el tipo ese (el Abreu,) con nuestro pueblo pobre. ¡Abajo el tipo ese (el Abreu)!

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Raúl Betancourt López


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