Que viva España, la democracia y el negocio

Las Corridas y la cultura de la clase dominante

Pensamos en re-significar los conceptos, o la clase dominante nos seguirá capoteando el futuro, mientras el mercado y sus discípulos nos gritan Oleeee a cada segundo.

En un mundo en el que el pensamiento conservador se camufla de reacción, y en el que el colonialismo tradicionalista se pone por encima de los valores colectivos, se asume una “ética”, que desde la retorica “democrática” deplora, banaliza, mercantiliza y cosifica todo lo que nos rodea, nos crea y nos recrea como especie, fortaleciendo la escisión Hombre-Mujer/Naturaleza, des-humanizando nuestra relación con el entorno natural. La “ética” de la supremacía de la especie, nos separa de la responsabilidad que como seres humanos tenemos con el planeta y sus seres vivos. Los razonamientos son múltiples y diversos, la negación del error, los derechos, las ideologías (como falsa conciencia), y hasta la “democracia” salen a relucir en un debate, en el que las miradas cortas sostienen con argumentos pesados y llenos de moho. La pregunta con la que partiremos será ¿es realmente ético destruir y celebrar la muerte de otros seres vivos? Mientras rememoramos el mejor estilo del circo romano, cuando se perseguían cristianos por defender una cruz.

No hay respuestas certeras (aparentemente), sólo encontramos elucubraciones que el pensamiento retrograda castrado por la farándula colectiva de la mediocridad, representante del pensamiento de las clases dominantes, impone su voluntad ante la mayoría, que reclama respeto a los seres vivos. Veamos una cara de la moneda, estudiemos con detalle algunas posturas frente al mundo.

I

La democracia es un sistema en el que podemos elegir, por tanto yo puedo ir o no al espacio público que mejor me parezca, entrar o no, pagar o no, comprar o no, es por tanto que no podemos prohibir el derecho de cualquier ciudadano a disfrutar del espectáculo que mejor le parezca. “Éticamente”, éste es uno de sus argumentos sustanciales. Yo elijo como individuo, para ello el colectivo debe someterse a lo que un pequeño grupo reclama como sus derechos.

II

El Derecho de las minorías, es el sustento de la democracia, por tanto, así como los afrodescendientes y los indígenas reclaman ser reconocidos en sus manifestaciones culturales, las clases dominantes también tienen los derechos suficientes para reclamar el reconocimiento de sus manifestaciones culturales y artísticas.

III

El Arte, como expresión del pueblo no puede ser censurada, lo contrario sería totalitarismo autócrata, que niega la alteridad y criminaliza la expresión democrática de la sociabilidad de la cultura. El arte es subversiva y forma parte de los elementos a través de los cuales los pueblos canalizan sus procesos de liberación.

IV

Hoy día los Taurinos, apoyados en el más profundo espíritu democrático preservamos una raza animal a través de su crianza y cuidado. Sin nosotros, el toro de Lidia abría desaparecido desde hace tiempo, es decir, nosotros protegemos a esta especie animal de su propia destrucción.

V

Las clases dominantes tenemos derecho a disfrutar, por tanto, de nuestros propios espectáculos artísticos, pues estos forman parte del “patrimonio universal”, que el pueblo llano sigue, disfruta y ha venido sosteniendo en el tiempo. No es válido el argumento de los “animalistas”, pues se amparan en un doble discurso, ya que mientras se dicen defensores de los toros, salen corriendo a comer carne, la disfrutan y hasta la aliñan.

A estos cinco argumentos le responderíamos, como dijimos al inicio de éste corto texto, con una sola palabra, colonialismo. No es suficiente, el uso que le damos a los conceptos que nos construyen como sociedad, es necesario re-pensar y re-significar muchos elementos que contienen nuestra lengua, por ejemplo, no es tan simple el hecho de la decisión en la democracia, el poder de decidir debe ir aparejado de una ética distinta, cargada de solidaridad, y respeto por el entorno en el que vivimos.

Supongamos que yo sea un enfermo al que le guste ver a seres humanos matarse entre sí, mientras con mis congéneres desquiciados, desde algún lugar observamos, gritamos loas y apostamos. ¿Eso me daría derecho a apelar al espíritu democrático para avalar, lo que como minoría consideramos el acto artístico más sublime de la humanidad? No creo. O por ejemplo, supongamos que criamos perros, los damos a su crecimiento a varias familias, luego ya de grandes, los llevamos a un aforo, los cruzamos con materiales punzo penetrantes, mientras sus dueños observan y sufren con el gran espectáculo, ¿sería esto un acto de respeto a mi individualidad? No creo. Los argumentos de los que se ha valido la clase dominante para sostener el negocio que hay detrás de la mal llamada fiesta brava, es reflejo de los usos y abusos que ha sufrido la democracia como sistema de gobierno.

La lucha que se ha venido desarrollando históricamente en el mundo por la abolición del maltrato animal, deja una suerte de esperanza, que en definitiva se traduce en que otro mundo es posible. En Mérida-Venezuela, distintas organizaciones sociales y ambientales, desde hace un tiempo vienen trabajando por la consolidación de unas fiestas del pueblo distintas, que rompan con la colonialidad y el salvajismo tradicionalista que mantiene el negocio de la mediocridad cubierto de un manto festivo, alienante y conservador (http://www.youtube.com/watch?v=LfhrZ6YlFcs), hoy la lucha se encamina hacia el fortalecimiento de la democracia participativa y protagónica, pues la gente que se ha venido sumando a través del tiempo a esta contienda, reclama la oportunidad del pueblo a elegir democráticamente, a través de un referendum, lo que mejor le conviene a la sociedad en su conjunto.

Si hay libertad para escoger, queremos que sea colectivamente, y no que un manojo de intereses económicos se súper pongan ante la necesaria construcción de nuevos paradigmas. Nosotros los seres humanos con conciencia, elegimos por la vida y el respeto a nuestros animales, los otros argumentos forman parte de la baba conservadora del colonialismo cultural.

Revolución es movilización. Revolución es respeto por el entorno vivo. Sin ecología no hay socialismo posible.

Carlos Javier Rivas
Vocero del Colectivo de Acción Revolucionaria CAR-Mérida
[email protected]
investigador, militante de la utopía.

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Carlos Javier Rivas


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