Pirela: dos strikes y un Sistema

La filosofía definitivamente nació en el Zulia... o al menos tiene ahora El Sistema que abrir allí un módulo en honor a su mejor paladín. Y todo por una llamadita...

Pero ese es el destino, diríase, de la cultura institucional, subvencionada. ¿Poder liberador? A condición de tener una predisposición a la reverencia cortesana. Poco importan los estudios, la preparación, el dinamismo intelectual. Si viene de "arriba", oído al tambor, se acabó el relajo; si viene de abajo, "mosca con esos radicalismos de poca monta".

Nos enteramos así, por VTV, que la crítica, dependiendo de donde venga, ha de ser de mucha o de poca monta; que "los detalles", cuando vienen de arriba, no son importantes y pueden ser omitidos (por ejemplo uno pequeñito, como las palabras de Abreu: "Estamos agradecidos, honrados y fascinados con la presencia aquí de estos dos eminentes maestros del arte musical latinoamericano [Juanes y Bosé...] que nos honran con su '...' [palabra inaudible], además no solamente con su música sino con sus ideales, porque ellos ponen la música, que ellos producen magníficamente, al servicio de altos ideales humanísticos"). Verga primo, molleja e' detallito.

Y que cuando los detalles vienen de abajo, vaya que sí que son de verdad grandes y grotescos, llenos de "odio" y "apartheid", no es cierto?

Pero uno se pregunta, ¿cómo puede arreglárselas un revolucionario para justificar la omisión de detalles acaecidos en las alturas, como la citada oda de Abreu a Juanes y a Bosé? Por lo visto, la respuesta de Pirela es: ¡COMO SEA!

Y es allí que se acaban, de pronto, como por arte de magia, la reflexión, el análisis. La materia gris se congela. Los diplomas se encogen. Sócrates, en su tumba, se revuelca.
 
Cómo perder semejante oportunidad de develar la otra cara del Sistema, de desacralizar vacas sagradas, parasitarias del proceso, y venir en cambio a estigmatizar al crítico de ellas, al artista ninguneado por ellas, desposeído por ellas. 

¿"Odio", "apartheid", por parte del artista de calle? Pido permiso, para una solemne carcajada. ¿Apartheid por parte de los cultores populares? ¡No faltaba más! Ahora resulta que los apartados y segregados de siempre (y de todavía) son los excluyentes... Normal, no obstante, si la palabra "inclusión" también es propiedad del Sistema. ¿Pero hasta cuando, me pregunto, nos seguirá restregando el destino, con sorna, que Dios no le da cacho a burro? ¿Será que somos en verdad burros, y que ese Dios no es más que un Diablo?

El muchacho será un defensor del proceso, pero con defensores así, ¿necesitamos realmente enemigos? Si Pirela no logra atisbar la indecente, colosal desproporción de recursos públicos asignados a la música clásica (sin contar los privados), lo sentimos mucho: ya la miopía no es visual sino mental. Pelar tamaña pelota, para un revolucionario, es un insulto y hace pensar que tal vez detrás de esa apariencia de adolescente pasmado se encuentre en realidad un adolescente verdadero.
 
Ni un violín ni una tambora pueden ser el remplazo de un arma: son armas, mas no de remplazo. Sin embargo, según la lógica de Pirela, los 500 mil niños del Sistema son delincuentes y asesinos en potencia que fueron convertidos al arte musical. Dicha premisa supone, también, que el ser humano es esencialmente nefasto, ¡y que no hay músicos malandros! Perdón por tan fatal reductio ad absurdum, pero es inevitable.
 
De todos modos, incluso sin profundizar demasiado (esto es, quedándonos en la superficie su razonamiento), es difícil ver por qué nuestro propio filósofo zuliano no percibe la diferencia quantitativa de recursos atribuidos a la música popular y a la clásica, o simplemente la mala repartición de éstos; y si la percibe, luego no sabemos por qué la omite.

Pongámoselo más fácil, con dibujitos: si la tambora, como él mismo dice, iguala tanto, en calidad, al violín, ¿por qué no la vemos tanto, en cantidad, como al violín (dentro y fuera de Venezuela)?
 
Si nuestros niños del Sistema son nuestros embajadores en el mundo, y hacen llorar a las más remotas audiencias, ¿por qué será que no llevan tamboras? Y, de una manera general, si ya nos conocen en Alemania gracias a estos niños, ¿por qué los Cardenales del Éxito, por ejemplo, no irían también a tocar a la Berliner Philharmonie? ¿Será que simplemente no los aceptarían en dicha sala, y que la cultura culta, dominante, de Europa, se reserva en forma pretoriana (más allá del tesoro musical que administra –incuestionable en sí mismo–) su derecho de admisión como cualquier vulgar casino V.I.P. de las Vegas, rechazando a la diversidad cultural planetaria y determinando indirectamente nuestra propia diplomacia cultural, indicándonos a largo plazo –mediante premio y castigo– aquello que hemos de valorar a nivel doméstico, endógeno? Colón descubrió America...

Por otra parte, el pana no entiende, visiblemente, que los cultores populares no tienen el menor reconcomio con la música clásica; que los músicos salseros y jazzeros (entre quienes me encuentro) no tenemos la menor aversión a ella. ¡Todo lo contrario, la adoramos, como no logran a veces hacerlo los propios músicos clásicos (tal vez porque tengamos la ventaja de la distancia y de la multiplicidad referencial)! No, vale, no sigas Pirela corriendo en círculos al caer, ni huyas tampoco hacia adelante.

Eres conocido por haber estudiado, tus títulos te acompañan hasta en la sopa, siempre están presentes (por esa manera recurrente que tienes de citar autores, títulos, eventos, nombres, etc). Se supone pues que eres un comunicador informado. ¿Entonces? Aquí te faltó justamente ello: información, estudio, conocimiento del sujeto; sí, pareces ignorarlo por completo, y de allí tu errático análisis. ¿O será que te haces...? Todas las posibilidades deben ser tomadas en cuenta: para nadie es un secreto que criticar al Sistema en Venezuela es pone en riesgo cualquier espacio conquistado, cualquier puesto. Tal es el poder y el alcance de este intocable numen.

Y no, muy probablemente no seas un asesino rescatado, sabes, del mismo modo que la cuerda de un violín no tiene por qué ser el Hilo de Ariadna de la revolución. A la orquesta clásica, sin embargo, el Sistema le otorga de facto una irrevocable, obscena prioridad, cuando igual potencial tienen tu tambora, amigo, y mi bajo eléctrico (instrumento fundamental, por cierto, y que tanto le gusta a Chávez). De pana, pelaste el punto, y justamente por aquello que menos se esperaba de ti: ignorancia. Luego reincidiste, por persistir en ella, y por sumarle algo que tampoco te corresponderá jamás como comunicador: arrogancia.
 
Acotación de este usuario: la tangente más cómoda para evadir el asunto ya está vedada para ti: los músicos populares –contrario a lo que supones– no tenemos nada en contra de la música clásica, ¡LA AMAMOS! Así, pues, llevas dos strikes y la próxima vez, por favor, NO termines tu aclaratoria hablando de amor, que no eres el único. También puedes optar por un silencio de ponchao, estás en tu derecho...



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Xavier Padilla


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