A la democracia burguesa le lavan la cara y al capitalismo de estado lo fortalecen con las medidas económicas

Vamos a estar claro la iniciativa de los socialistas para adecentar la Asamblea Nacional atacando la impunidad y haciendo valer el sentido ético de la política al denunciar a los maulas de Primero Justicia es una manera correcta de cumplir con el deber insoslayable de la bancada bolivariana para reparar una deuda pendiente con el pueblo venezolano en la batalla ética. No hay que olvidar que nuestro parlamento se rige por las normas y el concepto de la democracia capitalista. Nuestras instituciones democráticas tienen su origen en las elecciones burguesas diseñadas históricamente para la reproducción y la perpetuación del sistema capitalista. Si algo no ha sido roto, sino al contrario ratificado, en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, ha sido el hilo constitucional que nos identifica como un país heredero de la estructura institucional de los países del llamado “mundo libre” en la la civilización occidental. Recuérdese que la frustrada reforma constitucional propuesta por los bolivarianos, derrotada por la derecha en el referéndum del 2007, buscaba el mejoramiento de la Constitución para convertirla en un instrumento legal más democrático y viable para el proceso transformador. Sin duda que la Constitución del 98 tan vilipendiada en su momento por la ultraderecha, ahora convertida cínicamente en su caballito de batalla, serviría al dedillo a los propósitos de un gobierno neoliberal en el supuesto negado de un triunfo del fascismo en Venezuela.

Vistas las cosas en su exacta dimensión histórica y política, con la loable y positiva gestión de los bolivarianos condenando la corrupción de los parlamentarios de Primero Justicia se está pasando la escoba para barrer el sucio en la Asamblea Nacional y ojalá que los diputados involucrados vayan a la cárcel como todo el pueblo decente de Venezuela lo reclama. En la historia política contemporánea de Venezuela hemos tenido, en el contexto de la democracia burguesa, parlamentos donde era impensable una bancada de choros y de vulgares rateros delinquiendo descaradamente, estamos hablando del Congreso presidido por Mario Briceño Iragorri durante el gobierno de Isaías Medina Angarita y del Congreso presidido por Andrés Eloy Blanco en el gobierno de Rómulo Gallegos. Con esto quiero decir que hay una ética política conservadora en sectores de la democracia burguesa que nada tiene que ver con el comportamiento mafioso y gansteril de este engendro venezolano encabezado por Julio Borges y HCR.

Los socialistas en la AN tienen que seguir dando la batalla ética donde siempre hemos tenido la ventaja, ese es un escenario donde la derecha carece de moral, de argumentos y de razón histórica. No basta con reconocer este hecho para vanagloriarnos, hay que hacer como Diosdado y Carreño en la AN y no darle paz ni cuartel a los corruptos. Eso está bien pero no es suficiente porque la culebra se mata por la cabeza y estos diputadillos denunciados son apenas los últimos anillitos minúsculos de la cascabel. La columna vertebral de la corrupción, y sus demás vicios afines, es la relación capitalista de los medios de producción y esa está vivita y coleando. No en vano los burguesitos de la llamada Primero Justicia han tomado tan poco en serio la avalancha que se les viene encima. Ellos, con mucha razón, se sentirán héroes del capitalismo y víctimas del socialismo porque para los antivalores de la ética neoliberal los muchachitos de la ultraderecha no han hecho otra cosa que comportarse con las mejores cualidades de los empresarios, comerciantes y mercantilistas de la política burguesa. Con seguridad tendrán la bendición de la Iglesia Católica porque esa es la moral cristiana de la alta jerarquía y tarde o temprano al igual que HCR, quien todavía debería estar preso, volverán a disfrutar de todos sus derechos políticos por obra y gracia de la concordia nacional.

Preocupa entonces que mientras se nos llena el corazón de bríos por la victoria popular en la Asamblea Nacional al recibir los restos de Noel Rodríguez, en la pura realidad el capitalismo continúa siendo nuestro sistema político, cultural, mediático, económico y cotidiano dominante. Los bancos capitalistas continúan haciendo lo que les viene en gana y sus ganancias son astronómicas, la burguesía importadora se engolosina en Venezuela con el más grande banquete que se recuerde en la historia de la especulación financiera, las compañías aseguradoras hacen el negocio del siglo, las cadenas privadas productoras de alimentos, de medicinas y de servicios de la salud hacen mofa del gobierno socialista y los medios privados de comunicación siguen envenenando impunemente la salud mental del venezolano.

Lavarle la cara a la democracia burguesa venezolana no es otra cosa que despertar falsas ilusiones en las mayorías populares si esas iniciativas no van acompañadas de cambios revolucionarios que abran paso a la construcción de nuevas relaciones de producción en la economía venezolana. No estamos en desacuerdo con las operaciones cosméticas en la Asamblea Nacional que le den una cara más estética a esa Institución pero se corre el riesgo imperdonable de postergar, diferir y aplazar lo esencial de la construcción del socialismo que es el cambio de estructura sin duda lo más difícil, lo más importante y la condición sine qua non para lograrlo.

Como colofón a la diversión o entretenimiento anterior, Giordani y Merentes nos presentan en el intermedio de la obra, un paquete de medidas económicas donde ni con lupa se encuentran cambios estructurales en las relaciones capitalistas de producción. Lo único que le faltó al gabinete económico, y hubiera sido menos dramático que la devaluación, fue aumentar el precio de la gasolina pero al parecer el trauma del 27 de febrero no se los permitió. La verdad pura y lo demás es cuento, es que ese 47% devaluado va a salir en la mayor proporción de la sumatoria de los bolsillos de los trabajadores en todo el país quienes tendrán que pagarlo con más inflación y especulación. Me dirán que el paquete era necesario para mantener el inmenso gasto social de las misiones pero craso error hacerlo con más capitalismo en vez de utilizar el ingenio, la creatividad y los poderes revolucionarios del socialismo. Sería mucho pedirle a nuestro gabinete económico que estudiara y se inspirara, no copiar, la experiencia revolucionaria del Che Guevara a quien Fidel Castro le pidiera en su momento que asumiera la seria responsabilidad de administrar desde el Banco Central de Cuba el proceso económico de la revolución. Lamentablemente, aunque nos duela, en nuestro proceso hay una derecha propia que ni por asomo decide medidas económicas estructurales direccionadas hacia una transición al socialismo. No quiere la derecha interna ni externa que Venezuela se parezca a la Cuba socialista donde no hay devaluación, inflación ni especulación y aquí en Venezuela batallan inútilmente, sin lograr atajar esas perversas variables económicas propias del capitalismo que Giordani llama “brotes” especulativos e inflacionarios. La revolución cubana acabó con la explotación capitalista, con la propiedad privada de los grandes medios de producción y lo hizo con medidas socialistas, sin “las armas melladas del capitalismo” garantizándole al pueblo cubano la alimentación, la salud, la educación y la vivienda. Aquí queremos construir el socialismo, a la venezolana, dejando intacto al capitalismo, fortaleciendo al dólar, al capitalismo de Estado, al capitalismo privado y a la burguesía. Vaya que clase de transición al socialismo que nos gastamos en este país.

El autor es: Profesor universitario de filosofía, jubilado de la UPEL. Fue Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

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Sergio Briceño García


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