Hugo Chávez el cimarron, sol y viento del Caribe

“Alguna vez le pregunté a García Márquez si no había sido muy difícil ese momento en que buena parte de la intelectualidad latinoamericana rompió con la Revolución cubana, y sólo él y unos pocos siguieron siendo sus amigos. Gabo no respondió con una teoría sino con algo más visceral: “Para mí, dijo, lo de Cuba fue siempre una cuestión caribe”. William Ospina (“A las puertas de la Mitología”. El Espectador 5 de Enero de 2013.

Cada pueblo y cada persona tienen sus propias formas de amarrarse los zapatos y atar o desatar los nudos de sus vidas.

Venezolanos y Colombianos estamos profundamente hermanados desde antes, pero sobre todo desde que Simón Bolívar Liberó a Caracas con un ejército Neogranadino y luego devolvió el favor Liberando a Bogotá del dominio español con un Ejército de llaneros venezolanos.

Pero una cosa es intentar un subdesarrollo en la cultura del capitalismo agro industrial y otra muy distinta es tratar de hacerlo en un Capitalismo que remplaza esa economía, a sangre y fuego, por otra basada en la Renta del Petróleo. Una cosa es golpear la tierra para sacar el hidrocarburo y otra muy distinta golpear directamente al ser humano, a sangre y fuego, para superexplotarlo y desplazarlo de sus tierras.

El Colonialismo, el Capitalismo, el Neocolonialismo, el Imperialismo, la Globalización, la Internet, el mercado, la educación, la Industria Ideológica de los medios de comunicación (todo en uno) quieren obligarnos a comportarnos de la misma forma y como si fuéramos iguales, pero nuestro desarrollo desigual, nuestras economías desiguales, nuestra pésima educación -que además es desigual- se encuentran con nuestra naturaleza Caribe que nos invita amorosamente a aceptar que somos heterogéneos, y a comportarnos en consecuencia, gozándonos en lo que de dulce tienen esas diferencias: Esa es la Maestría del Continente Caribe.

Las mujeres de los pueblos de ese Caribe que va desde México hasta Chile y Argentina, contando a todas y a cada una de las islas, incluyendo las Malvinas, hacen los nudos con su estilo local a la hora de empacar las legumbres en el mercado.

Descubrir esto es maravilloso porque entonces podemos comprender la gran diversidad cultural del Caribe y al mismo tiempo sentirnos dentro de su unidad espiritual.

El Caribe se nos revela entonces como una forma del amor a lo diferente y a lo similar, a lo idéntico y a lo disparejo; el Caribe es la suma de las infinitas identidades culturales…un encuentro con lo que somos…somos un espíritu que se crece en el amor y es incapaz de rechazar la alegría, los afectos, la solidaridad, porque finalmente todo lo puede compartir, desde el respeto al otro, la otra o los otros con sus diversidades, vengan de donde vinieren y vayan por donde quieran.

Cuando visitamos cada país se aprende todos los días. Un día de vida cotidiana compartida con los habitantes en un país del Continente Caribe deja más enseñanzas que un año sometido a los programas de estudios que los ministerios de educación diseñan con sus equipos de expertos que casi todo lo ignoran.

Conocí a un Licenciado en geografía, graduado en una universidad prestigiosa, que no tenía ni la más remota idea de la geografía costarricense. Nunca he podido reponerme de la sensación extraña que me produjo comprender para qué sirven los planes de estudio que ha diseñado la burguesía criolla.

En Colombia quizás la única persona que ha conocido todo el Caribe, porque ha contado con los medios desde que recibió sus primeros 95.000 dólares por escribir luego de toda una vida de privaciones, se llama Gabriel García Márquez. Los otros pobres no conocemos, ni conoceremos a nuestros vecinos, el privilegio lo tendrán muy pocos, si no inventamos la manera de propiciar los intercambios culturales… los millones de Colombianos ni siquiera podrán conocer a San Andrés y Providencia… islas que están en las goteras de Nicaragua.

Cuando entramos en contacto con nuestros hermanos de esas regiones que en la infancia de la escuela nos parecían tan distantes y tan extrañas; a uno le queda la sensación de que esa gente tiene el poderío cósmico suficiente que le permitirá llegar bien a su destino como sociedad, incluso en el caso de Colombia martirizada por dos siglos de guerras, así es como ocurre…

Y los pueblos que uno cree que llegarán de últimos o nunca llegarán, son -por lo general-los que llegan primero: ¿Quién pensó que Bolivia tendría un presidente indígena? y ahí está Evo Morales. ¿Quién creyó que en Venezuela, -cerebro del Capitalismo mundial -un militar tendría el valor moral de hablar de Revolución y de Socialismo?- y ahí está Hugo Chávez Frías ¿Quién pensó que los oprimidos de Haití le cambiarían el rostro a todo el Continente Caribe hace doscientos años? Y ahí surgió Touissaint.

Uno de los hombres caribes más conocidos y recordados en el mundo es un argentino que de pronto descubrió que también se sentía tan cubano como José Martí o su amigo Fidel Castro; luego apasionado, viajó en motocicleta hasta Venezuela, fue a la Habana y de allí viajó por los cinco continentes, para regresar a Bolivia, porque había sentido el deseo de vivir muriendo en esas selvas. Su nombre es conocido en todo el mundo, pero su imagen es una silaba que encierra toda la identidad del Continente: “El Ché”.

¿Y eso mismo no fue lo que le ocurrió a Simón Bolívar cuando desde Haití sale lleno de esperanzas hasta llegar al Potosí, con ánimo de fundar e introducir a la República de Bolivia en el concierto de las naciones…? eso mismo sentían Manuela Sáenz Aizpuru, Antonio José de Sucre y José Martí; o más tarde José María Vargas Vila representando a Nicaragua o el mismo Rubén Darío representando a Colombia cuando cumplieron con sendos encargos diplomáticos cada uno representando al país del otro en distintas partes del mundo. Martí, Vargas Vila, Rubén Darío y Eloy Alfaro eran amigos solidarios que se trataban como si hermanos fueran.

Y no es pues un francés el más Caribe de los cubanos, y ese sí que se fue viajando de isla en isla y de pueblo en pueblo para revelarnos ese mundo llamado realismo mágico, que pronto se tomó todas las mentes entusiastas del mundo de los lectores. Él hizo estallar nuestra poética que luego nos entregó un número importantísimo de premios nobeles de literatura del Caribe, y que tiene representantes en Martinica y en la tierra que llamamos firme como si Cuba o Jamaica no lo fueran: México, Guatemala, Chile, Colombia y el Perú…

El Caribe es un sentimiento que te hace llorar de alegría y te ayuda a alegrarte de la pura tristeza, sobre todo cuando descubres que esa tristeza puede ser una fuente de alegrías.

En el Caribe de pronto descubres que eres un pequeño homínido y que caminas sencillamente y con humildad sobre tus dos paradojas. Pero si acaso éstas paradojas te hacen falta, ya podrás reemplazarlas con muletas o con una buena silla de ruedas que te lleve a toda velocidad por las calles entre carros veloces y motocicletas ruidosas.

Te darás cuenta que crees estar caminando hacia el futuro, pero en realidad, si te fijas bien, lo cierto es que vas caminando hacia el pasado -que es un tiempo verbal-, porque tus pasos te van guiando realmente hacia la historia… hacia el recuerdo o hacia el olvido.

Sólo en el Caribe es posible darse cuenta que uno está muriendo y viviendo al mismo tiempo; y que si amas lo que haces y dices lo que piensas, te consumirás haciéndolo sin darte cuenta que el tiempo está pasando.

De pronto, a lo mejor, descubres que el tiempo no pasa y que en realidad pasamos nosotros pensando y diciendo:“¡Mira, cómo pasa el tiempo!”… pero el tiempo no pasa, pasamos nosotros durmiendo y despertando, soñando, cantando, gimiendo y a veces diciendo y sintiendo y repitiendo: “_¡Mira, cómo pasa el tiempo!”_y el tiempo no pasa… pasamos nosotros pensando y diciendo...

Siempre que he contado con la fortuna de visitar algún país, voy a las plazas de mercado para ver cómo luchan sus mujeres y hombres para manipular, cortar, pesar, envolver, intercambiar, cargar los alimentos y sus artesanías. Esto en realidad lo hace todo el que quiere conocer una cultura distinta de la tierra donde nació.

Creo que si voy a la plaza del mercado realmente he visitado al país hermano del Caribe, porque el Caribe es una región, es una cultura pluriétnica, multilingüe, polifilosófica, multireligiosa,¡adherida inevitablemente a Europa y África por los idiomas, por la historia, por los mares, por la música, por los satélites, por los cables submarinos, por los tratados comerciales y así por los siglos de los siglos, Amén!

Es el Continente Caribe un gigantesco arco iris que se puede construir con los colores de todas las pieles de las gentes de todas y cada una de las islas, con sus cantos y encantos de vida y esperanza, como diría Rubén Darío; De Guadalupe a Puerto Rico, de Bluefields a Granada; de Aruba y Curazao a República Dominicana.

Así es todo, ese espacio geográfico que hasta este momento llamábamos Latinoamérica y que -en adelante- vamos a llamar el Continente Caribe.

Si uno nació en esta región y visita cualquier país de este ya famoso Caribe, entre otras cosas gracias a Bob Marley, Shakira, Pelé, Maradona y Messi, ya sea en Chile o Brasil, de alguna manera debe sentirse como en su propia casa, y debe ser así, porque así se lo harán sentir sus hermanos, sobre todo los más pobres, y luego aquellos que viven en lo que se conoce como la clase media media, (y yo todavía no he logrado viajar a Chile, tampoco al Brasil), pero conozco su historia y su literatura y gracias a ellas, he logrado conocer y reconocer a su gente, he visto el cine, conozco a muchos de sus poetas y pintores, a sus grandes músicos y batalladores sociales, al movimiento de los trabajadores rurales, los campesinos sin tierras).

Es increíble pero cuando estoy en estado emocional Caribe, me creo hermano, me siento hermano de todo el mundo…hasta de la última estrella que está por allá metida en el extremo de la última galaxia en el último, ultimo, ultimísimo Sistema Solar.

Parece que el primer hombre que se dio cuenta del poder Cósmico del Caribe fue Francisco de Miranda, y se entusiasmó tanto que le puso un nombre: Colombeia o Colombia; el segundo fur Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar; el tercero -pocas veces mencionado- por razones obvias, fue Alejandro Petión, el Presidente de Haití-, quien apoyó a Francisco de Miranda y a Simón Bolívar, aportándoles todo lo que necesitaban para iniciar las batallas por la Independencia integral del Continente.

Tal vez no sea ese el orden riguroso, pero la lista de nombres de mujeres y hombres, que en apenas 500 años se han destacado a nivel universal es muy vasta, como ya lo reconocía el autor del Siglo de las luces.

Sólo me conformaré con nombrar a los cubanos José Martí y al mismo Alejo Carpentier (mi maestro en el tema), a Julio Cortázar y a Jorge Luis Borges de la Argentina, a Salvador Allende, Violeta Parra y Pablo Neruda de Chile, a Antonio Nariño y José María Vargas Vila de Colombia, y a Manuela Sáenz Aizpuru del Ecuador, a Juan Rulfo y Jorge Veraza de México; a César Vallejo del Perú, a Luis Britto García y Aquiles Nazoa de Venezuela, a Jorge Amado y Frey Betto del Brasil y a nuestro amigo Eduardo Galeano del Uruguay… en el nombre todos y todas.

De eso se trata: El Caribe tiene una gran cantidad de científicos, religiosos, literatos, poetas, músicos, filósofos, místicos, políticos, pintores y a los intelectuales de las más excelsas condiciones morales…

Dijo Carlos Marx, quien era poeta, filósofo, economista y crítico, que la religión es el opio del pueblo, o dijo que para el pueblo la religión es el opio. Esa metáfora es certera y brillante para señalar lo que sucede en muchos lugares, sin embargo, en el Continente Caribe… esa misma metáfora pierde su verdad y su brillo; aquí nació Camilo Torres Restrepo el más Revolucionario de los religiosos y el más Religioso de los revolucionarios… quien fue capaz de crear una nueva ideología que rompió la unidad evangelizadora de la iglesia que llevaba 400 años sin ocuparse ni un solo día de la vida de los creyentes y sus familias: La Teología de la Liberación, es decir, que en el Caribe la religión es una cuestión de la filosofía cotidiana: Dios existe para unos y no existe para otros y punto… sigue tu camino… Dios es asunto sólo de quienes creen en él y Marx es inclusive un tema para quienes no lo han leído nunca. Así son las cosas en el Continente Caribe.

La contribución más poderosa y nutrida ha corrido a cargo de la tierra venezolana, tal vez, por alguna colocación especial en las coordenadas del universo. Los venezolanos son y han sido la vanguardia en todos los propósitos de avance cultural, desde las primeras luchas por la Independencia, hasta las batallas callejeras para liberarnos de las pesadas cadenas ideológicas del Capital-imperia-lismo Destructivo, que logró elaborar en el laboratorio cultural de su industria ideológica... el funesto Neoliberalismo que hoy está recorriendo a Europa y destrozando a sus pueblos -no precisamente como un fantasma sino como un Huracán, palabra muy Caribe, por cierto-.

Pero tan importante como la contribución venezolana, resulta ser, o tal vez más, el aporte de los haitianos, quienes según los agentes de la ideología burguesa, mantuana y criolla, no son más que unas hordas de salvajes, perezosos y animales, de quienes se ha dicho que son negros por pobres y son pobres por negros.

Fueron ellos, sin embargo, quienes diez años antes que Venezuela se reunieron en Bois Caimán (Republica Dominicana) y juraron independizarse de aquellos civilizados que los trataban como a bestias de carga.

El espíritu independentista del Caribe, de la región Caribe, del Continente Caribe, de las islas del Caribe es un espíritu Cimarrón. El Primer Cimarrón de todos es Benkos Biohó, quien se adelantó casi cien años a los haitianos y unido a los indígenas soñó con crear una pequeña nación independiente para sembrar arroz con sus guerreros.

Los hombres y mujeres que llegaron en las bodegas de los barcos, jamás admitieron la esclavitud como atributo, tal como lo concibieron en su industria ideológica los hijos de la cultura eurocéntrica, que trataron por todos los medios brutales de imponerles la esclavización y las cadenas. Esos negros y negras afrodescendientes, herederos de ríos culturales que venían desde los comienzos de la humanidad articulando lenguajes y construyendo herramientas tuvieron que admitir los idiomas de sus opresores para poder descubrir el Nuevo Mundo nuestro.

Eso fue lo que reconocieron en Haití: Miranda, Bolívar, Manuela, Sucre, los criollos, los mestizos, los pardos, los indígenas, los negros: que somos diferentes pero iguales, que somos iguales pero diferentes, que tenemos derecho a ser libres y a vivir unidos en la diversidad, que podemos creer en los santos y celebrarlos vistiendo los imaginados trajes del demonio; que se puede creer en los árboles, en las lagunas, en los ríos, en las piedras sagradas o en los caimanes sagrados; o se puede creer en el diálogo franco con nuestros antepasados más lejanos o con los que acaban de dejar el mundo y que se quedan revoloteando por ahí metidos en los rincones de nuestros recuerdos sin ningún prejuicio.

Se sabe que podemos tocar el piano, el furruco y el tinófono. Que podemos reinventar la guitarra, crear el tiple y el charango; que podemos tocar las sonajas (maracas) agitando el universo y podemos tocar también los tambores de la Cumbia en la Cumbiamba, el Jazz, la Salsa, el Joropo, el Mapalé, la Música Andina, la Salsa, la Plena, la Ranchera, el Bolero, la Balada, y la Samba brasilera, la Chacarera, el Pasillo, el Merengue, el Vallenato y el Son cubano.

Que hay espacio, muchísimo espacio, y que los chinos introdujeron aquí su grito de guerra en el mambo de Pérez Prado (“¡Úuughh! Me gusta el mambo”) y todavía queda espacio para que los judíos, los árabes, los norteamericanos, los alemanes, los budistas, los musulmanes, los ateos, los evangélicos, los gays y las lesbianas, es decir, todos vivamos con los otros y las otras en paz.

Eso es el Continente Caribe, un lugar de la tierra y un punto del espíritu desde el cual es posible disfrutar las riquezas del paisaje y las identidades culturales de lo que somos y como somos, con la única ley sagrada de respetar al otro tal y como el otro o la otra son.

El Caribe en una de sus mejores metáforas sería algo así como un Gran Saloon que tiene al cielo como techo para la Convivencia, la Paz, la Armonía, el Consenso y al final -o desde el mismo comienzo- ahí está la Democracia Participativa y Directa, eso sí, cuidando la madre tierra, Abya Yala, porque sin el cuidado de la tierra no habrá alegría para ninguno.

Y como si fuera poco -gracias al Proyecto musical del Maestro José Antonio Abreu-, los niños y niñas venezolanas, son talentosos y muy capaces de tocar con el corazón, lo mejor de la música eurocéntrica, sin despreciar la música de su pueblo. La Historia del Caribe nos dice que también tenemos genes europeos, raíces culturales enterradas en Europa. Hasta Don Quijote soñó con el Caribe… y eso puede descubrirlo solamente quien lo lea despacio.

Como el arte es Revolucionario en sí mismo, estos jovencitos son el ejemplo perfecto para que algunas personas comprendan muchas cosas que se resisten a aceptar. Un toque de la Orquesta Juvenil Bolivariana, visto como espectáculo, es de los mejores del mundo, o visto como un Gran Proyecto de construcción Revolucionaria, también lo es (aunque le duela a los dinosaurios de la izquierda, del Centro, gentío reaccionario sin cabeza, a la derecha, arriba y abajo, ¡Salud Lorca!), porque ya lo dijo Ludovico Silva, y debemos admitirlo sin tantos guilindrajos ni guarandingas: “La Belleza es Revolucionaria”… y claro todo Arte… es Revolucionario, por eso en el Caribe puedes escuchar a los clásicos sonando en un concierto de instrumentos creados con latas, palos, tubos, tanques, cucharas, tapas de las ollas, cuchillos y tenedores, o construidos con trozos de acero…

No hay una ciudad más Caribe en el Continente Caribe que la ciudad de Cali, que está al sur occidente de Colombia, bien lejos de la mar.

Escuche usted una Cumbia argentina o mexicana llevada allí por las migraciones colombianas que han salido huyendo por las guerras profundas del Capitalismo Destructivo y sentirá usted que el Caribe es un espíritu regional, universal, es decir, es un espíritu cósmico que todos llevamos por dentro.

Tiene toda la razón el escritor Gabriel García Márquez cuando reconoce que la Revolución cubana es una cuestión Caribe… según le comentó al poeta William Ospina… yo afirmo lo mismo de la llamada Revolución Bolivariana… y también digo que el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías es un espíritu Cimarrón y es Sol y Viento del Caribe…

 

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Francisco Amín Mosquera


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