Le fallaste, Cristo, le fallaste...

Cristo es pro-imperialista, le quita la vida a hombres justos como Kirsner y Chávez, y deja viva bestias asesinas y sanguinarias que han aniquilado pueblos enteros como el Bush de las torres gemela e Irak, o a Obama, el agresor de Libia o al ex-presidente de Francia, Nicolás Sarcozy, un verdadro rufián que, no contento con masacrar la població civil de Libia, había enviado a Venezuela un mercenario para asesinar a Chávez.

Pero los mencionados no son los únicos en recibir la gracia divina de estar vivos cuando hace tiempo debieron haber sido llevados a un tribunal celestial.
Aparte de estos, también están respirando, es decir, haciendo uso del inmerecido privilegio de estar gozando de la vida, sujetos tan despreciables como Netaniahu y el paleolítico Rajoy. Chacales feroces que, ante la criminal indiferencia del mundo, están aniquilinado al pueblo palestino, el primero, y a su propio pueblo español, el segundo.

Por otra parte, los capos de la cuarta República, unos vejetes tan cargados de años que ya no aguantaban uno más, murieron en sus camas casi sin darse cuenta y sin dolor ni molestia alguna, me refiero, por supuesto, a Betancourt, Leoni, Caldera y Carlos Andrés. En cambio un hombre todavía joven fue muerto por Cristo, cuando todavía tenía mucho qué hacer en la vida y aún le hacía falta a su familia, por lo menos, afectivamente. Al respecto, quiero hacerle una recomendación cordial a Moseñr Moronta, en el sentido de que debe cambiarle las pilas al Cristo de la Grita, porque no está haciendo milagros, por lo menos, no el que el país esperaba, y eso se debe sin duda alguna, a que las pilas se le agotaron.

Sobre esta cuestión, pienso escribir un artículo en el que demostraré, usando sus mismas palabras, que Jesús estaba consciente o inconscientemente al servicio del imperio romano. No por casulidad Pilatos, desesperado, trató tres veces de salvarle la vida. Hecho inédito en la administración de justicia en esa región.

Lo cierto del caso, Jesús, es que le fallaste a quien tanto te amó, al Comandante Presidente. No escuchaste sus ruegos ni sus oraciones, así como tampoco las plegarias de todo un pueblo que te pedía desde lo más profundo de su alma por la salud de su querido benefactor, y con el mayor desenfado le segaste la vida. Con lo cual dejaste ver tus inlinaciones clasistas, como cuando andabas por los lejanos tiempos de Palestina haciendo lo mismo que un prominente representante tuyo aquí en la tierra. Me refiero a Juan Pablo II, el mismo que una vez dijo que el placer aun en el matrimonio era pecado. Pues bien, este individuo que debió saber mucho acerca del asesinato de su antesesor y de las causas que lo provocaron, una vez anunció su viaje al Chile de Pinochet.

Ese pueblo, que sufría la bárbara opresión de una dictadura terrorista, se emocionó hasta lo indecible. Pensó que el sumo pontífice venia al país austral para "jalarle" las orejas al sanguinario dictador. Por ese motivo organizó un gran recibimiento con varios conjuntos que interpretarían además de danzas y otra manifestaciones artísticas y culturales, música del variado folklore de ese país. Pero mienstra llegaba el ilustre visitante, también se orgnizaron fiestas populares por todos lo barrios de Chile. En fin, un recibimiento por todo lo alto. Y sucedió que un día, como se había previsto llegó el secretario de Cristo, perdón, el vicario, y empezaron las festividades. El Papa, antes de dirigirse a la población, participó de varias actividades, entre ellas, una misa concelebrada. Y mientras tanto las expectativas de la gente iba en aumento. Por fin llegó el momento del mitin. ¿Y qué fue lo que dijo el obispo de Roma? Bueno, en dos platos, que los chilenos debían obedecer las leyes y acatar las autoridades, porque esa era la única manera que había de evitar la anarquía y lograr el progerso y bienestar de la nación. Ahí queda eso.

Acotación: el cáncer que acabó con la vida del comandante Presidente, era de igual peligrosidad que los llamados "mediastinos, que son debido a los casi inaccesibles sitios en los que se encuentran, casi imposibles de operar. Y si se operan, no se hace sin correr un gran riesgo. Por otra parte, lo que en realidad produjo el lamentale deceso de Chávez, fue la quimioterapia, que lo dejó completamente indefenso ante el ataque de cualquier agente patógeno. Lo que demuestra que este tratamiento no es completamente inocuo ni abolutamente efectivo.

Con la nunca bien lamentada partida de Chávez (yo fui el último en Venezuela en enterarse de ella) el país ha entrado en una especie de tierra movediza en la que el destino del país, sin eufemismo, estará en juego. Ya que si la aristocracia del dinero llega a ponerle la mano al gobieno, todos, con la clase media a la cabeza, seremos historia.

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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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