¡Gracias Comandante!

Hace algún tiempo el mundo había perdido la esperanza. Luego de décadas de guerra fría en la cual, gracias a la actitud miserable de la clase política que administraba nuestro país, Venezuela, al igual que toda la América Latina se habían convertido en territorio colonial de la mas criminal y poderosa potencia de la historia: los Estados Unidos.

Paralelamente, el Capitalismo como sistema socioeconómico dominante, finalmente se impuso de manera hegemónica en todo el mundo, terminando de generar miseria, hambre, guerra por el control de los recursos estratégicos y destrucción del medio ambiente planetario.

Era el "fin de la historia" decía Fukuyama uno de los últimos grandes teóricos tecnócratas del Capitalismo. El fin de la historia porque el Capitalismo finalmente se había impuesto, y después de eso no vendría mas nada. Pensar en otra cosa no era posible.

En América Latina el liberalismo como doctrina económica y política, reencarnaba en el neoliberalismo, destruyendo la soberanía de nuestros pueblos, a través del desmantelamiento de los estados nacionales en beneficio del gran capital: los sistemas públicos de salud, empresas estratégicas rentables, recursos naturales, universidades y sistemas educativos completos, todo era arrebatado de manos de las naciones y pasaba a manos del capital transnacional.

En Venezuela la represión ante las movilizaciones sociales estaba a la orden del día. Gracias a su control absoluto de los medios comunicacionales, todo este aparataje de dominación mundial, se permitía imponer sus miserables políticas a mundo, reprimiendo y criminalizando toda voz de protesta. Miles de dirigentes sindicales, estudiantiles y lideres sociales fueron asesinados en Venezuela y países hermanos.

Tal como lo predijera Bolívar, la no existencia de una unidad político-territorial lo suficientemente fuerte como para garantizar nuestra soberanía, y la consecuente situación de dependencia a las estrategias de intereses extranjeros ajenos a las realidades de nuestro pueblo dieron como resultado la pobreza, el hambre y la miseria para las naciones de la América Latina.

Estados Unidos se impuso como potencia hegemónica invadiendo y asesinando pueblos como nunca antes, sin que nadie levantara la voz de protesta en el concierto internacional de las naciones... Pero un día apareció Chávez.

Fue nuevamente Caracas la ciudad en la que comenzó a gestarse la existencia de un nuevo movimiento subversivo que, trastocando el orden establecido, colocó en jaque al poder extranjero e inició la lucha por devolverle la tan ansiada soberanía a nuestros pueblos. Primero fue el Caracazo, sucesos acontecidos durante el 27 y 28 de Febrero de 1989 en los que el pueblo de Caracas se lanzó a la calle y fue duramente reprimido, en un genocidio ejecutado por el títere Carlos Andrés Pérez. Con ayuda de la Iglesia y los medios de comunicación la protesta fue controlada, pero dejó la semilla del malestar en el ejército venezolano, obligado por órdenes superiores a masacrar y reprimir a su propio pueblo con un lamentable saldo de miles de fallecidos.

El 4 de febrero 1992, un sector de las fuerzas armadas de Venezuela, bajo el liderazgo del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías desconoce al gobierno títere encabezado por Carlos Andrés Pérez y lanza una insurrección militar que habría de marcar para siempre el destino de Venezuela y el resto de América Latina. La rebelión fracasa desde el punto de vista militar, pero gracias a ella Chávez resulta electo de manera democrática en los comicios de 1998; esta victoria tiene un valor todavía mayor toda vez que se contextualiza en un régimen en el que todos los poderes del Estado están bajo control de la elite económica dominante, aun así, el apoyo popular a Chávez es tan grande que logra imponerse a los mecanismos de control que cuatro años atrás habían borrado de las urnas a la propuesta verdaderamente ganadora por ser de izquierda, y había juramentado de manera fraudulenta al también títere Rafael Caldera. La victoria electoral de Chávez marca el inicio de una nueva etapa en el Proceso Revolucionario Latinoamericano, nuevamente fundamentado en los ideales del Libertador; Bolívar despierta y su ideario es desempolvado por el líder del proceso y colocado nuevamente sobre la palestra de los pueblos.

Chávez se convierte en el primero que, sin actitudes pusilánimes y sin miedo, comienza a decir las verdades en las instancias internacionales. La OEA, la ONU y demás foros de la denominada comunidad internacional dejan de ser espacios para la publicación de declaraciones vacías y pasan a ser espacios para el verdadero debate y la integración.

En menos de 10 años despiertan los pueblos de Bolivia y el Ecuador; pronto les sigue Nicaragua y se unirán a los interesantes procesos acontecidos en Uruguay, Honduras, Paraguay, Brasil y Argentina.

Bajo el liderazgo de Chávez la integración de América Latina deja de ser una mera consigna y se convierte en realidad concreta: duélale a quien le duela si hoy existe la CELAC, el Consejo de Defensa Suramericano y la UNASUR es gracias a Chávez.

En lo nacional Chávez trajo la verdadera democracia. Por primera vez su pudo decir cualquier cosa sobre el presidente y su gobierno sin tener que pagar cárcel por ello. Se eliminó la ley de vagos y maleantes y la recluta, políticas que sostenían la represión contra el pueblo, porque por las urbanizaciones de clase alta ninguna de las dos llegaba. Se detuvo el proceso de privatización de la educación universitaria y la industria petrolera. Se re-nacionalizaron empresas estratégicas privatizadas anteriormente como la siderúrgica y la telefónica. Se comienzan a sembrar las bases para la industrialización nacional -siempre dejada a un lado durante la cuarta republica- con la instalación de industrias nacionales de automóviles, celulares, tractores y hasta satélites. Pero sobre todo, se tuvo al pueblo como centro de las políticas de Estado, con la implementación de toda clase de políticas sociales cuya máxima expresión ha sido la entrega de viviendas dignas al pueblo, política sin precedente en Venezuela ni país alguno.

Hoy, tras la partida de Chávez la derecha rastrera y engañosa como siempre, viene con su consigna de que ha llegado la hora la "unión" y el "reencuentro" entre los venezolanos. Pero decir que por la partida física de Chávez ahora si, llegó la hora de la "unión" en Venezuela equivale a decir que Venezuela estaba divida por culpa de Chávez. Cínicos y cegatos como siempre, los dirigentes de la derecha y la elite económica del país, ignoran que fueron precisamente ellos, quienes hace décadas sembraron la división en el pueblo venezolano. Primero la sembraron con la exclusión socio-económica, solo que ellos no se daban cuenta porque ellos eran los que bien vivían. Pero luego la terminaron de extender a lo político, cuando utilizaron sus epítetos de "hordas" y "chusma" contra un pueblo que primera vez tenia un Líder que le diera voz a los que nunca la tuvieron.

Sueñan ellos que ante la ausencia física de Chávez finalmente retomaran el poder... Pero se van a quedar esperando porque lo que se viene muy posiblemente será la paliza electoral mas grande que se le haya asestado a la derecha entreguista en este país. Hoy Chávez se ha encontrado con Bolívar y los dos vuelven juntos, convertidos en millones.

Todo el honor y toda la gloria a ti, mi comandante, padre, maestro, guía y libertador. Eres la chispa que ha encendido la llama de los pueblos que nunca jamás se volverá a apagar. A ti mi juramento de que todo tu esfuerzo no será en vano.

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Ronald Muñoz


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