Cuando los hombres lloran

Nunca fui partidario de aquellas palabras de que los hombres no deben
llorar. No. El llanto es un expresión que sale del corazón. La lágrima
es el resultado de una semilla de amor que alguien sembró en nuestro
corazón y sale de manera espontánea, en los momentos en que la vida
inexorable nos sorprende con la marcha de un ser querido; ya sea que
se va lejos o se separa por cualquier motivo o atiende el llamado del
creador. Esa lágrima brota como una flor que ha sido regada con el
agua del amor, del sentimiento. Es algo recíproco como el de madre e
hijo, novio y novia, marido y mujer; u otro tipo de relación. Nada que
ver con esas lágrimas de "utilería" que utilizan los actores -aunque
algunos son tan buenos en sus caracterizaciones, que las logran hacer
brotar- para dramatizar.

Aquellos que no lloran en momentos difíciles, que tragan grueso y no
se expresan; no saben lo que es un sentimiento. Su corazón está
cubierto por una coraza que se comenzó a formar -posiblemente- cuando
niño; etapa en donde una mirada tierna, un abrazo, un beso del padre o
de la madre o de otro ser querido es el mejor regalo que puede
recibir un infante. Los juguetes los da cualquiera, un beso sólo un
ser querido. Queda para siempre. Así que el amor entre dos seres se
riega con la reciprocidad del sentimiento. Para amar por lo mínimo se
necesitan dos.

En los actos fúnebres de nuestro comandante-presidente vi a través de
la TV a miles de hombres llorando,desbordándose en sentimiento,
correspondiendo al amor que un hombre llamado Hugo Chávez Frías sembró
en sus corazones. No hubo la mínima pena, no importó la cámara
televisiva, la presencia de mujeres, niñas y niñas para desahogar todo
ese amor por el líder que se entregó a su pueblo sin exigir más allá
que querer a la patria, como el la quiso y en donde esté la seguirá
queriendo. Definitivamente tenía razón el comandante cuando dijo. " Es
más que amor frenesí", recordando el viejo bolero.

Lloré. Lloré porque el amigo, el líder, el maestro, el presidente, nos
dijo adiós. Sólo mi madre, mi padre y mi hermano me habían hecho salir
lágrimas de tan adentro del corazón. Me sentí orgulloso de llorar por
un hombre que nos dio tanto, en tan poco tiempo. Otro bolero: "Parece
que fue ayer", cuando mencionaste aquella palabras proféticas: " Por
ahora". Ten la seguridad que será para siempre. No son lágrimas de
cocodrilos los que brotan de los ojos de hombres y mujeres, no
solamente en Venezuela, sino también del mundo: Porque el amor no
conoce fronteras. Nunca antes nadie había hecho llorar a millones de
personas en el mundo. Estabas hecho para grandes cosas. Parece
increíble hacer tanto en tan poco tiempo por la patria y sus hombres;
por el mundo. Con orgullo diré a mis nietos y nietas que lloré por un
hombre que se eternizó, por amor a Venezuela.¡¡¡Que grande eres
Hugo!!!

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