Camaradas: es arrecho escribir con dolor

Camaradas, les confieso de verdad que al momento no quise creer que el camarada Chávez había muerto. Unos minutos antes, el discurso del camarada Maduro me había creado una enorme incertidumbre mental porque habiendo dicho que en unos años, ya tenían pista, se descubriría a los asesinos del líder, esos que le inocularon la enfermedad y luego llamó como a eso de seguir confiando en que el camarada Chávez saldría del maldito e ingrato percance que lo tenía en un combate dificilísimo contra la muerte. Hablé, entonces, por teléfono con algunos camaradas y llegamos a la conclusión que el camarada Chávez estaba muerto y no hallaban manera de cómo comunicárselo al pueblo y al mundo por el dolor que causaría. Sabemos que la oligarquía festeja la muerte de los líderes revolucionarios bailando sobre el mar de lágrimas que brotan de la sinceridad de los pueblos. No importa.

Salí cerca de las 6pm, con mi hijita Geraldine, a una bodega y un hombre de pueblo estaba diciendo: “Esto se acabó, murió el comandante”. Lo miré fijamente y quería decirle que eso no era cierto cuando me llamó Camilo y me preguntó si había escuchado la noticia. Le respondí que no. Entonces, me dijo “Chávez murió, ya lo anunciaron”. Inmediatamente, me vine al rancho y efectivamente el camarada Maduro estaba terminando sus palabras de anuncio de la muerte del camarada. Ya no quedaba duda alguna. Luchando por su pueblo, murió y luchando por su vida, murió. Me senté frente al computador para escribir y no podía porque Geraldine me decía: “El camarada Chávez murió y ahora cuando yo sea grande él no estará para entregarme mi computadora”. Y me decía que ella quería a Chávez porque Chávez quería a los niños. Lo juro que fue así y no es invento mío. Eso me ahondó el dolor. Decidí apagar el computador para no caer en el impulso de decir cosas que a lo mejor no es el momento oportuno para expresarlas. Tantas veces que quisimos obtener una audiencia con el camarada Chávez y nunca lo logramos. Nos hubiésemos conformados, simplemente, con conocerlo y haberle estrechado sus manos.

Al rato, a pesar de la arrechera por la muerte del camarada Chávez, volví a ponerme frente al computador y continuar escribiendo porque, a veces, el dolor se vuelve creador o inspira para la creación. Horas antes traté de abrir mi correo en yahoo.com para enviar un artículo a aporrea que se titula “¡Con Chávez todo… sin Chávez muchas cosas!”. Nunca me abrió el correo y no pude lograr enviar el artículo. No sé qué relación casuística tendrá eso con el fatal anuncio sobre la muerte del camarada Chávez. No lo sé, no me voy a poner en averiguarlo. El dolor es más grande que el mar en este momento –especialmente- para nuestro pueblo. Sé que se pueden escribir las páginas más tristes o más bellas sobre la vida y obra del camarada Chávez. Sus más cercanos colaboradores o discípulos tienen el deber de hacerlo. Nunca tuve ni la oportunidad ni la dicha de conocerlo aunque muchos artículos escribí y publiqué sobre él, su pensamiento, su obra y su papel de líder del Proceso Bolivariano. En este momento, quiero recordar uno de sus aspectos que siempre me causó una gran admiración por él: su internacionalismo revolucionario, duélale a quien le duela. Eso es inobjetable.

La noticia sobre su muerte corrió como pólvora. El barrio donde habito guardó ese silencio de incredulidad que mucho se parece al sepulcro. La gente no quería creerlo. Cuánto hubiese dado nuestro pueblo para que la noticia fuese falsa, lo sabe nuestro pueblo. Lo cierto es que de ahora en adelante no veremos más al camarada Chávez en vivo hablándole al pueblo, cantando sus canciones, declamando sus poesías, echando sus chistes ni educando con su sabiduría a la audiencia. Demasiado dolor alberga cada corazón de venezolano y de venezolana por la muerte del líder indiscutible de un proceso revolucionario que cautivó a la mayoría del mundo y enfureció a esas minorías que siguen empeñadas en que el capitalismo mantiene sus potestades para salvar al mundo del anarquismo, la miseria y el sufrimiento para la inmensa mayoría de la humanidad. En este momento el pueblo, por lo menos en su mayoría, se encuentra en que si le rozan la piel le abren heridas porque, además, su dolor es tan intenso como cuando el demasiado silencio se vuelve peligroso. Uno quisiera que la historia se corriera un poco hacia atrás y en ese querer se atraviesa como preferencia la fecha del 8 de diciembre de 2012 (cuando anunció la nueva operación pero estaba vivo) con el día 5 de marzo de 2013 (cuando sin su presencia nos anunciaron su muerte). Definitivamente, la historia se ha repetido para el pueblo venezolano, en este marzo de 2013 y más concretamente día 5, como tragedia, como dolor pero como fecha para un recuerdo inolvidable, aquel que eleva a lo más alto de los sentimientos populares la grandeza del camarada Chávez.

Quiero que me disculpen si es improcedente a que publique el artículo que había escrito con el título que antes mencioné. No quiero cambiarle ni agregarle ni una sola palabra aunque ya en partes haya perdido su vigencia. El dolor en mi pecho así me lo dice y así debo hacerlo. Sólo le agregaré al final unas poquitas palabras, porque fue el último artículo que escribí sobre él estando él con vida aunque enfrentándose a la maldita enfermedad que lo llevó a la muerte. El camarada Chávez murió para seguir siendo amado y recordado como un líder revolucionario. Eso es una grandeza histórica.

“¡Con Chávez todo… Sin Chávez muchas cosas!”

Las consignas o lemas son expresiones de circunstancias concretas de tiempo y lugar. Todo quien intente hacer de una consigna una expresión de atracción abstracta queda reducido al movimiento que va dejando atrás sus pasos en el camino. “¡Con Chávez todo… Sin Chávez nada!”, debemos reconocerlo sin que se nos alteren los sentimientos de afecto y de admiración hacia el líder indiscutible del Proceso Bolivariano, ha resultado ser más un dogma que una realidad. Demos gracias a Dios y a la objetividad que no se ha convertido en mito. Las consignas no son eternas como tampoco lo son las líneas políticas de los Partidos políticos ni de los Gobiernos. Mejor dicho: nada es eterno en el mundo.

Hace algún tiempo, no muy lejano por cierto, entre algunos camaradas hacíamos comentarios que, por ejemplo, la consigna: “Patria… Socialismo o Muerte” no era adecuada ni a nuestra realidad ni al sueño de ninguna Revolución Proletaria o que se proponga el Socialismo como sistema para alcanzar un comunismo altamente desarrollado. El camarada Chávez, sin haberlo escuchado de nuestras conversaciones casi secretas, se percató de esa anomalía de consigna y la eliminó. El Socialismo, para merecer ese nombre, tiene obligatoriamente que romper con todos los conceptos de frontera de países y con todos los rasgos de nacionalismo aunque la toma del poder se produzca en la interioridad de una nación. Así lo apreciábamos y así lo decíamos aunque no lo hayamos escrito para ser publicado. A nadie, absolutamente a nadie, le estoy diciendo que debe creernos de pies a cabeza o que los camaradas que hacíamos esos comentarios tenemos la verdad agarrada por los cachos y no corremos riesgo de equivocarnos. Y en el caso de El Pueblo Avanza (EPA) nuestros comentarios o nuestras opiniones siempre las exponemos como referencia a reflexiones y no como imposiciones de criterios o de conceptos.

La realidad o la objetividad de los hechos o de los acontecimientos, especialmente en la lucha de clases, encierra mucho más terquedad que todas las teorías ya elaboradas con anterioridad. De allí la imperiosa necesidad de entender que una consigna cubre un lapso determinado de la lucha política mientras que la estrategia perdura un tiempo mucho más largo ya que representa un fin. La consigna está determinada por las circunstancias concretas de tiempo y especio, entendidos éstos como la realidad objetiva.

En la actualidad el camarada Chávez enfrenta una compleja y difícil situación de salud. El hecho que en dos meses y más no haya podido dirigirse, con su propia voz, al pueblo lo testimonia. Si algún líder político en Venezuela, en todos sus tiempos, le ha hablado a su pueblo ha sido, precisamente, el camarada Chávez. Por eso es natural entender a esos millones y millones de venezolanos y de venezolanas que han clamado por verlo o escucharlo. Pero lo cierto, es que llevamos más de dos meses sin que el camarada Chávez dirija personalmente el Gobierno y éste se encuentra asumido por el camarada Nicolás Maduro en su condición de Vicepresidente de la República.

Por muy joven que sea un líder y por muy saludable que sea siempre habrá la posibilidad que un día, por una u otra razón, no puede continuar asumiendo su papel de líder en el sentido de ser la primera cabeza de un Estado o su Gobierno. No quisiéramos, de ninguna manera, que el camarada Chávez sea afectado radicalmente por la enfermedad que enfrenta de forma compleja y difícil. Sin embargo, si el camarada Chávez, él mismo lo adelantó, no pudiese seguir al frente del Gobierno Bolivariano y el camarada Maduro, lucharemos por ello, sea elegido nuevo Presidente de la República se nos presentará la siguiente e irrefutable realidad objetiva: por mucho que se quiera persistir en la segunda mitad de la consigna que sirve de título a este artículo, tendremos que aceptar la verdad de que debemos seguir el proceso manteniendo los principios que caracterizan el pensamiento del camarada Chávez pero sin la presencia activa del mismo; es decir, “con Chávez todo… sin Chávez muchas cosas”. Así es la lucha de clases, así lo enseña la ciencia política, así lo determina la práctica social.

Se supone o debe entenderse por “Con Chávez todo”, estar de acuerdo, apoyar y solidarizarse con todas las políticas que propone o que ejecuta el camarada Chávez. Y eso implica, igualmente, con aquellas donde haya errado o pueda errar. Hasta allí la cosa va bien. Sin embargo, debemos estar preparados, estar conscientes y especialmente quienes cumplen función de Gobierno (como es el caso del camarada Maduro) que la aplicación de la política requiere que se fundamenta en las circunstancias concretas de tiempo y lugar. Y si ya no está el camarada Chávez, cosa que no deseamos en ningún sentido, no queda otra alternativa viable que seguir la marcha de la historia sin él aunque sea demasiado doloroso y lamentable, continuar funcionando el Gobierno sin él aunque sea demasiado doloroso y lamentable, y habrá la necesidad de persistir en el programa bolivariano y eso implica la consigna, aunque no lo queramos aceptar, de “Sin Chávez muchas cosas”. El cuidado está en que esas cosas no deben ser contrarias a los postulados del Proceso Bolivariano ni contrarios al ideal del camarada Chávez. Es urgente que nuestro pueblo y la dirigencia del Proceso Bolivariano eso lo entiendan lo más acertadamente pero, igualmente, lo más revolucionario posible.

Todo lo que se haga sin el camarada Chávez estando presente, debe ser para profundizar y consolidar los logros socioeconómicos que vayan permitiendo ir creando una nueva sociedad donde impere el reino de la justicia, la libertad y la solidaridad. Eso es hacerle honra u honor al camarada Chávez. Hay que confiar en esa vanguardia revolucionaria que sale de la entraña del proletariado y del pueblo y que levanta bien alto los postulados más sagrados de una revolución socialista. Se pudieran escribir miles de miles de cuartillas sobre la materia pero estamos en un momento en que lo más concreto es fortalecer la unidad, el pensamiento y la acción entre los revolucionarios para que el Proceso Bolivariano continúe su marcha haciendo su camino al andar favoreciendo al pueblo venezolano, estando o no el camarada Chávez. Que queremos o anhelamos que él esté, de eso no debe quedar duda alguna. Sólo el camarada Chávez –en lo particular- y el glorioso pueblo venezolano –en lo general- saben cuánto se es capaz de amar a un líder que piense y actúe defendiendo y ejecutando políticas de justicia social para todo el conglomerado social de una nación y, especialmente, de las mayorías que más lo han necesitado.

¡Honor y gloria para siempre, camarada Chávez!

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Freddy Yépez


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