¡Hasta la victoria siempre Comandante!

"Patria, socialismo o muerte. Si queremos patria y vida, vámonos por la vía socialista. La vía capitalista nos lleva directos a la muerte de la patria, a la muerte de la esperanza, a la muerte de la dignidad, a la muerte de la especie humana incluso". Hugo Chávez.

La desgarradora noticia fue como un mortal tsunami emocional que ha barrido todas nuestras defensas, impotentes sólo hemos podido seguir automáticamente el histórico momento de la inesperada despedida, y aunque tras kilométricas colas elevándolo sobre nuestros hombros, y aunque lo podamos ver en su dorada urna, nuestra mente aún no procesa su abrupta desaparición de nuestras orgánicas vidas, y mucho tiempo pasará para que algunos podamos lograr esto. El mundo sabe de nuestro llanto por el único líder continental que logró sacarnos del oscuro sueño, siniestro letargo que pudo someter nuestras voluntades hasta que él llegó a nuestras vidas aquel 4 de febrero también inmortal como su obra entera. Lo que el mundo no sabe es la magnitud de nuestro amor por su sueño bolivariano. Y por subestimarnos, la miserable ignorancia y desdén de los que lo detestan, llevará su merecido en el oportuno momento como él nos enseñó.

Hemos soportado más de catorce años la burla y el desprecio, sólo porque él estaba allí para hacernos cambiar de humor con su grata sonrisa, con su impredecible gesto humanitario, muchas veces con su rabia contenida, porque sabía que íbamos con todo. Fue por él que nos contuvimos y reprimimos nuestro furioso sentimiento. Pero él ya no está físicamente con nosotros y hemos de aceptarlo valientemente como él mismo nos lo hubiera sugerido. Así que en estos momentos de profundo dolor y luto, nuestro furioso amor por su obra, su rayo iluminador y su voluntad de acero, reposa serenamente como la cabeza de un niño sobre el regazo del padre, del compañero, del insuperable amigo, duerme un imposible sueño de despedida del hermano inmortal, y por estos días no queremos despertar de este último abrazo y su alma y la nuestra se funden como un solo rojo corazón que está alistándose para el futuro.

Para los demás, los que nunca entendieron, los que llenos del odio visceral que aún los consume, siguen festejando su partida, no nos queda otro sentimiento que la más sublime de las indiferencias, son ni más ni menos que la aborrecible minoría. Dejemos que el cáncer de su ponzoñoso odio los consuma, pero solos, aislados, empobrecidos en su monólogo de disociación psicótica, llenos del dinero que no alcanzará para frenar la tormentosa muerte que sin embargo y perfecta les espera más cerca de lo que creen. Que nuestros corazones fundidos en el alma inmortal del máximo líder no se manche en estos días con la siniestra sombra de los egoístas y traidores a la Patria que llora a su hijo predilecto, el libertador de nuestros corazones. Simón liberó nuestros cuerpos esclavos del imperio español, Hugo nos libera del yugo del alma que el imperio gringo pretende someter.

No hay desamparo no, que la melancolía no agriete nuestra piel de millones, tenemos el fuego de sus ojos mirándonos por siempre desde nuestra conciencia revolucionaria, tenemos su palma calurosa sobre nuestros puños cerrados para la defensa del más humilde, tenemos su voz encendida en nuestros oídos espirituales para que nadie nos venga a querer convencer de quién fue, de quien es y de quien será para nosotros eternamente libre de toda forma de manipulación venga de donde venga. El mismo se encargó de entregarse plenamente y sin frenos a nuestras almas receptoras, nadie podrá hablar por su boca, ni pensar por sus pensamientos, ni hacernos sentir por sus sentimientos, nadie podrá intermediar ente su influjo único e imperecedero y nosotros. No hay soledad sin su cuerpo, sólo la amarga tristeza que nos embarga en este sembrarlo en la negra tierra de nuestros profundos corazones. Su felicidad, su alegría, su poder de transformar lo malo en bueno, nos persiguen como soldados invencibles. Esta batalla fue la única a la que nos dejó solos, porque sabía que vamos a vencer en su honor, por su gloria eterna, por él.

Que no se equivoquen los cobardes sin memoria, los que sarcásticos esgrimen la espada de plástico contra su legado, los que bailan el aquelarre de la muerte como si fuera un regalo divino. Más temprano que tarde caudales de lagrimas se convertirán en torrente de poderosa energía que va a transformar al país, que disolverá las aguas putrefactas, que dará aún más fuerza a la empezada obra del gigante que amamos con todo nuestro corazón. Y ahora más radicalizado que nunca, este corazón rojo hecho millones va a demostrarle a los incrédulos quien manda en la Patria de Hugo Chávez.

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