Crónica de un adiós

¿Qué mueve la voluntad de la gente?... Quizás el miedo o el amor. Habrá quien diga que el dinero. ¿Son suficientes los sentimientos o los bienes materiales para reunir a un millar de personas en un mismo lugar durante más de 48 horas, para cumplir un objetivo que apenas durará una ínfima fracción de segundo?... ¿Qué mueve la voluntad de la gente?

Esa pregunta deambuló por mi mente durante todo el recorrido. Estábamos allí en mitad de la cola, la misma que se dirigía a un lugar tan lejano que se perdía en la distancia. Todo lo que teníamos era una imagen mental de lo que encontraríamos al final y un mar de almas rojas que nos rodeaba y nos colmaba con su canto y sus sonrisas. Porque sí, sonreían. Sonreían con alegría y con recuerdos en sus labios. Hablaban de aquellas historias que contaba el comandante, hablaban de sus repentinas canciones, de cuando rompía el protocolo, hablaban de su magia, de su calor, de su infinita humanidad. Y lo hacían sonriendo, celebrando con añoranza el cariño que sentían por el hombre.

Pero no todo eran canciones... Un señor que caminaba de aquí para allá con la cabeza envuelta en una bandana roja y cargando incansable un monigote con el rostro de Chávez, que ponía en letras grandes: “Dios le pague”, se detuvo un momento para que le tomaran fotos. Tres o cuatro personas más se acercaron a hacer lo propio y al instante el señor se vio rodeado de cámaras cual celebridad. Desde la multitud de personas alguien vociferó: “Cobre, señor, cobre”. Y he aquí que este sujeto, el de la bandana roja, se volvió hacia el otro y le respondió, con la nobleza del pueblo salpicando sus palabras: “Eso no fue lo que nos enseñó el comandante”

Tamaña lección aquella, cuanta verdad, cuanto significado albergaron sus palabras. Y es que fueron muchas las ocasiones en las que alguien recordó el papel formativo del presidente Chávez. “Lo que nos enseñó”, “lo que nos enseñó”. Y lo decían con orgullo, lo decían con convicción. “El comandante nos enseñó”.

¿Pero es suficiente ese reconocimiento para mover las voluntades de la gente? Eran días de espera, días a la intemperie, solo para verlo un instante. ¿Valía la pena tanto sacrificio solo por un hombre? ¿Qué fue lo que les enseñó?... Y entonces me di cuenta de algo: Yo también estaba en la cola. Yo también estaba allí aguardando con paciencia bajo el sol inclemente, refrescando mis deshidratadas venas con el agua que nos ofrecían los soldados. Un gesto que parecía decir: “Resiste”. Y lo hacía con convicción. Miré en mi interior y la encontré. La respuesta que tanto buscaba. ¿Qué mueve la voluntad de la gente? La mueve Chávez. Chávez el lider, Chávez el maestro, Chávez el patriota, el soldado, el libertador. Ese hombre que con su carisma y sus ideas logró meterse en el alma del pueblo, logró despertar la llama que durante tanto tiempo estuvo dormida. La llama que durmieron los oligarcas. Ese hombre que amaba a su patria, que le recordó al pueblo que ellos también la amaban. Ese hombre que les enseñó a valorarse, a defenderse, a luchar. Ese hombre es Chávez, ese hombre reposaba, al menos en cuerpo, al final del camino rojo, y merecía una despedida tan grande y apasionada como fue su propio andar por esta tierra.

Y es que solo el genio de Chávez fue capaz de reunir bajo un mismo techo a filas infinitas de pueblo y a decenas de lideres extranjeros. Ese vendedor de dulces de Sabaneta se ganó el cariño de todos sin respetar fronteras, clases ni culturas. Allá donde hubiera un desposeído, allá donde alguien se sintiera olvidado, allá llegó Chávez a tenderle una mano. El hombre de las multitudes, de la sonrisa ligera, el valiente viajero, el lider mundial.
Un hombre que pasará a la historia por su temeridad, su entrega y su amor profundo por la libertad.
Al final los objetivos fueron logrados. Fecundar el vientre de esta tierra con una semilla de lucha que florecerá a pesar de la mala hierba.

Nosotros también logramos nuestro objetivo. Poner pie en aquella capilla que ardía con el amor infinito de un pueblo. Un pueblo que reía y cantaba en el exterior, pero que al acercarse al líder caído, se derrumbaba en lágrimas como víctima de algún conjuro.

¿Qué mueve la voluntad de la gente? La mueve el agradecimiento, la mueve el amor, la mueve la necesidad de rendirle homenaje a un gran hombre. Uno que inició la batalla. Apenas la roca que provocó la avalancha. Está en nosotros continuarla. Darle valor a su esfuerzo, construyendo con el nuestro lo que, gracias a Chávez, aprendimos a soñar.

¡Hasta la victoria siempre, comandante eterno!
La lucha continúa.

[email protected]
@anibaljordaz

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