Con Chávez perdimos tres fortalezas que debemos recuperar con urgencia revolucionaria

La desaparición física del comandante, presidente, hermano y compañero Hugo Chávez resulta en un muy duro golpe para los militantes de la revolución nacional y latinoamericana. Como pueblo estamos profundamente afectados y abatidos de dolor sincero. Difícilmente volveremos a ver en corto plazo a un líder con la honestidad, empuje, convicción, humanidad y capacidad de movilización de Pueblos como nuestro hermano Hugo Chávez. Es una perdida que no debió ocurrir, irreparable y comprometedora del rumbo y ritmo de la revolución. Bien deseamos que en muy corto plazo se aclaren las verdaderas causas de su extraña enfermedad.

Sin embargo, esta pérdida física, además de la expresión sentimental que nos asalta de inmediato, nos obliga a reflexionar acerca de la nueva etapa que comienza en Venezuela, los riesgos que corremos y las urgentes medidas que debemos tomar.

La Unidad. En Primer lugar hemos perdido al líder fuerte que nos unificaba a todos. Era como un padre o hermano que entraba en nuestros hogares, con el cual nos molestábamos y alegrábamos, pero en fin, aceptábamos todas sus orientaciones y las acatábamos disciplinadamente. Hoy no existe un sólo cuadro de la revolución Bolivariana que reúna las condiciones de liderazgo que gozaba el Presidente Chávez, lo que coloca el problema de la unidad como un elemento central para el debate inmediato y mediato.

La unidad revolucionaria, como el bien más preciado que nos ha dejado el presidente Chávez, debemos entenderla como un estadio de conciencia colectiva en donde todos comprendemos que ésta es el primer paso para poder mantener el poder político y enfrentar al enemigo principal: El imperialismo mundial y muy especialmente, el norteamericano. No importa cuántas diferencias podamos tener a lo interno de las filas revolucionarias, siempre debemos reconocernos entre revolucionarios, abrir espacios para el encuentro, el debate fraterno, respetuoso e incluyente y tratar de construir consensos en el seno del Pueblo. Las maniobras, imposiciones, sectarismos y exclusiones debemos abandonarlas como prácticas contrarrevolucionarias que frenan la unidad.

Igualmente, para mantener la unidad, requeriremos establecer las relaciones y diferenciaciones claras entre Estado, Gobierno, Partido y Poder Popular, ya que aquí se concentran las principales contradicciones en las filas de la Revolución. En la transición Socialista, una de las tareas fundamentales es la superación del viejo estado capitalista y su sustitución por el estado comunal. Obviamente esta sustitución genera contradicciones antagónicas entre el poder constituido y el Poder Constituyente: mientras uno crece el otro decrece proporcionalmente. Esta contradicción Estado – Poder Popular (o Estado Comunal) debe ser mediada, a favor del Poder Popular, por el Partido (o partidos) de la Revolución. Sin embargo, por la vía práctica el viejo estado asumió la dirección del partido, en vez del Partido asumir la dirección del Estado y, obviamente, el partido perdió su autonomía revolucionaria frente al estado capitalista (que es antagónico a la revolución). Aclaramos que nos referimos esencialmente al Poder Municipal que es lo más inmediato al Pueblo y donde se expresa con mayor fuerza la contradicción Poder Constituido – Poder Constituyente. En consecuencia, en vez de avanzar en la transferencia de competencias del viejo estado al Poder Popular, en muchos municipios (con contadas excepciones), el partido ha torpedeado al Poder Popular y ha fortalecido al funcionariado municipal. Esta contradicción nos ha causado mucho daño y bastante la denunció el Comandante.

Sin el Presidente Chávez requerimos con urgencia reorganizar al PSUV y subordinarlo a los intereses más sustantivos y los lineamientos de la revolución, del Gobierno y del Pueblo, eliminando su subordinación al viejo estado y a su lógica capitalista. Requerimos que el PSUV se organice municipalmente en dirección política colectiva y que esta asuma la producción socialista, la distribución de alimentos y la lucha contra la criminalidad, la corrupción y la ineficiencia. Sólo así lograremos que nuestro pueblo asuma la dirección del partido de manera unitaria y sin vacilaciones pues identificará en este sus intereses y no los de la burocracia estatal capitalista, antagónica al Gobierno y a la Revolución. Es fundamental asumir que “Solo Unidos Somos Chávez”.

El Rumbo. En segundo lugar, hemos perdido al gran exégeta incuestionable de la construcción socialista en Venezuela, al intérprete del camino hacia la transformación estructural de la sociedad, el conductor del Proceso. Esto nos indica que comenzará un proceso de interpretación del camino socialista correcto, que nos obliga a reconocerlo y a prepararnos para él (como proceso inevitable y necesario). Este proceso de debate interno sobre el socialismo debe organizarse y librarse en todos los rincones de este país y recogerse sus conclusiones, de la manera más democrática que se pueda.

Así mismo, el rumbo socialista debe ser el resultado del debate profundo de todo el Pueblo, enriquecido por la práctica concreta en la construcción cotidiana del socialismo. Esto exige extirpar de la administración Pública esa expresión aun existente en muchos funcionarios: “El Pueblo no está preparado”. Se requiere que todo el Pueblo interprete y desarrolle las ideas socialistas, con creatividad, entusiasmo y unidad. Para eso, las decisiones fundamentales del Estado, especialmente en esta etapa, aquellas de índole municipal, deben pasar a manos del Pueblo organizado. No puede seguir habiendo un presupuesto municipal que el Pueblo no conozca, que no decida, que no controle. Nuevamente el PSUV debe jugar un papel clave de articulador democrático y organizador de estos debates del Pueblo, de balances de experiencias, de corrección de gestiones. Como el Pueblo es Chávez, la consigna ahora debe ser “Con el Pueblo Todo sin el Pueblo Nada”.

Comunicación. En tercer lugar, hemos perdido al gran comunicador y educador, la correa de transmisión comunicacional entre el Pueblo y el Gobierno Revolucionario, dejando un vacío muy importante que se comenzará a sentir luego de las elecciones del 14 de abril.

La comunicación del Gobierno con el Pueblo no puede seguir dependiendo sólo del presidente de la república. Los vasos comunicantes de la gestión gubernamental con el Pueblo y viceversa deben estar en el partido, por lo que, nuevamente, se requiere un partido, que sea capaz de comunicar en ambas direcciones y mantener la vinculación entre el Gobierno y el Pueblo. Este partido debe alertar sobre las desviaciones de la gestión que esté denunciando el Pueblo, informar y debatir las líneas políticas que emanen de las máximas instancias de dirección de la revolución y regresar la retroalimentación que el Pueblo le haga a las mismas.

Estos tres elementos que citamos anteriormente, son reales y tendrán consecuencias en la revolución. Reconocerlos es el primer paso para tomar medidas revolucionarias que nos permitan mitigar su impacto y, por el contrario, impulsar políticas que nos den un salto cualitativo en las fuerzas revolucionarias superando estas debilidades.

Sin duda, estas medidas son de corto y mediano Plazo, para lo cual todos debemos asumir, sin vacilaciones el testamento del compañero, camarada y Presidente Hugo Chávez, en el cual se encuentra como tarea inmediata y vital, llevar al camarada Nicolás Maduro, un líder trabajador histórico de este proceso a la Presidencia de la República, propinándole una derrota histórica a esta oposición transnacionalizada. No se trata de comprometernos con ir a votar el 14 de abril por Nicolás Maduro solamente, se trata de asumir militantemente, con creatividad y entusiasmo la campaña por la continuidad y profundización de la revolución, colocando a Nicolás al frente del Gobierno.

Para esto, necesitamos convertir esta campaña, no en una movilización del Pueblo limitada a la lealtad al Presidente que se concreta en el acto electoral. Sería el mayor error histórico que cometeríamos, pues todo este entusiasmo y compromiso actual lo limitaríamos a las urnas electorales, a la democracia representativa. Se trata de convertir estas emociones masivas, este entusiasmo y lealtad desbordante en fuerza creativa y consciente, en compromiso, en movimiento popular que asuma militantemente las banderas del socialismo, las tareas urgentes de esta nueva etapa desde una perspectiva de democracia participativa y protagónica. Desde esta perspectiva, además de ganar las elecciones, lograríamos un Pueblo con un mayor nivel de unidad en torno al Programa y a las tareas de la construcción Socialista. Luego ¿Cómo podría el enemigo romper esta amalgama consciente de sueños, proyectos, organización y esperanza?. Avanzaríamos en aquello que nos pidió el Comandante Chávez en su inscripción como candidato Presidencial ante el CNE: Alcanzar la irreversibilidad del Proceso.



¡Solo Unidos Somos Chávez!

¡Con el Pueblo Todo Sin el Pueblo Nada!


Miembro equipo de Formación PSUV

Municipio Santiago Mariño, Edo. Aragua

[email protected]

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Sergio Sánchez


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