Queremos ser locos, como Chávez

Me contó un anarquista, que Dios gusta divertirse. Que cada cierto tiempo envía locos a la Tierra. Qué es un loco? Pregunté. Me dijo que los locos son los que hacen y dicen lo contrario a lo que hacen y dicen la gente de sentido común, los cuerdos. Entonces recordé un viejo vecino que comentó en mi presencia “tu abuela está loca, fuma con la punta del cigarrillo encendido en la boca, fuma al revés”. Y era cierto.

Hubo de pasar varias décadas, para que otro vecino, hace dos años, refiriéndose a Chávez, me dijera: “Tu Presidente está loco, quiere cambiar el mundo. Se cree un redentor”. Y era cierto. Solo un loco puede intentar dar comida a los hambrientos. Ningún cuerdo, puede, siquiera asomar la idea de devolver la dignidad a la gente común, la dignidad no aparece en el código del sentido común. ¿Qué hombre, se lanza a la incertidumbre y se olvida de sí mismo? Qué puede tener el verbo de este hombre que enfrentó el Imperio solo con la palabra? Qué razones tuvo para dejarnos? Una mujer llorando en la cola para verlo dijo que “ su alma era tan fuerte que su cuerpo no la resistió”. Pueden ser verbo y verdad una entidad única? . Qué produjo en el pueblo tanta admiración, tanto amor, que lo siguen aún después de muerto? Fue acaso su estilo de vida sencilla? Fue que era tan, pero tan humano, que amaba de verdad a la gente? Trascendió el salvajismo actual, es decir, el consumismo, la prepotencia, y la arrogancia? Que pudo haber pasado, que hasta la gente de inteligencia superior como las niñas y los niños lo quieran y lo crean su padre? Que lo vincula al viejo loco y enjuto sin camisa que desafió el Imperio Británico?. En que puede parecerse al negro abaleado en Memphis por el Estado más poderoso del mundo?.

Hace más de dos mil años, aquel Peregrino, proclamó que todos somos iguales, desafió a los poderosos, defenestró a los ricos y proclamó el Reino de los pobres. Pasado ese tiempo, él reivindicó esas banderas.

Seguimos bajo el esquema de no aceptar a los audaces, a los que dicen la verdad por inconveniente que sea. Nos creemos condenados a la vida “normal”, es decir, al sometimiento del hombre por el hombre. Nos resistimos a convivir con los locos, a pesar que la humanidad solo puede perdurar si éstos se multiplican. De tal manera que si “todos somos Chávez”, todos debemos romper las reglas del sentido común que conlleva al reforzamiento del capitalismo, o en contrario nos tendríamos que resignar a esperar cada 50 o 100 años, para que que Dios nos envíe un loco. Entonces te pido Dios, multiplica los locos, hace de cada uno de nosotros un ser desprendido, amoroso, tan imperfectos que tengamos la capacidad para considerar a todos iguales con los mismos derechos.

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