Apuntes sobre los resultados de la elección presidencial

Golpe tecnológico, mediático y financiero contra la revolución

El día domingo 14 de abril 2013 Nicolás Maduro ganó las elecciones presidenciales con el menor margen histórico obtenido en las 18 elecciones que se han realizado en Venezuela entre 1999 y el 2013, desde que Hugo Chávez llegó al poder, como líder del Movimiento Quinta República (MVR), más tarde refundado como Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Ello ocurrió luego de que en octubre 2012 Hugo Chávez, fallecido el 5 de marzo 2013, ganara las elecciones presidenciales con una distancia de más de 10 puntos porcentuales y con la menor abstención histórica del país en los últimos 200 años. Esta importantísima victoria electoral ocurrió luego de 13 años de un gobierno bolivariano que siempre ha respondido con innovación, creatividad y eficacia los embates de la incesante injerencia política, financiera y mediática del gobierno norteamericano, y de una maltrecha y profundamente dividida derecha venezolana, peligrosamente integrada por facciones de ultraderecha.
En diciembre 2012 las elecciones regionales aumentaron la distancia entre los partidos que apoyan al gobierno y los partidos opositores. Estas elecciones, que precedieron la contienda del 14 de abril, demostraron que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), es la primera fuerza política en todos los estados del país, incluido el Estado Miranda (donde Henrique Capriles, candidato perdedor del 14-A, es gobernador). La revolución Bolivariana también es apoyada por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), el que tiene una importante presencia en diversos Estados estratégicos, y otros trece partidos de liderazgos principalmente locales.
En las elecciones regionales de diciembre 2012, dirigentes locales, partidarios y militantes del gobierno revolucionario y bolivariano, lograron ponerse al frente del gobierno en siete Estados importantísimos hasta entonces gobernados por la derecha, obteniendo, a nivel nacional, un mayor porcentaje de votos que los obtenidos por Hugo Chávez en Octubre del mismo año.
En éste contexto el mayor éxito de la injerencia del gobierno norteamericano en la vida política venezolana ha sido lograr la unificación formal de los partidos opositores a la Revolución, abanderados en el Movimiento por la Unidad Democrática (MUD – o “lodo” en su paradójica traducción al idioma inglés).
La estrategia electoral de la oposición desde hace más de una década ha sido prometer la continuación de los programas sociales de la Revolución Bolivariana y atender los temas de seguridad ciudadana. La oposición también promete revertir la supuesta falta de libertad existente en Venezuela la que, según palabras del expresidente Brasileño Ignacio Lula Da Silva, el país ya tiene en exceso.
Paralelamente, la oposición venezolana, en explícita confabulación con el Partido Republicano Norteamericano, diversas agencias del Gobierno Norteamericano, y movimientos de ultraderecha de España, Colombia y El Salvador, promueve, ejecuta y financia permanentes acciones de boicot económico, acaparamiento en la distribución de bienes y servicios, y atentados violentos contra personas e instituciones públicas.
No cabe ninguna duda que éstas recurrentes acciones ilícitas son “trabajadas” y magnificadas por los medios de comunicación: radio, prensa escrita y medios wiki y web, que, en más de un 70%, manejan corporaciones privadas opuestas a la revolución bolivariana y socialista de Venezuela. Estas herramientas generan permanente zozobra y temor en grandes contingentes de la población y constituye el mecanismo mediante el cual se mantiene la votación opositora: Manipulación y magnificación del miedo constituyen los principales mecanismos de manejo de la intención de voto contra la revolución. Una revolución que ha elegido el camino más difícil, al estar centrada en la profundización de la democracia, la descentralización, la participación y la protección de las minorías.
La novedad en la estrategia de la oposición, ha sido “el golpe tecnológico”.
El ex presidente norteamericano Jimmy Carter, quien lidera una fundación que acompaña, supervigila y hace seguimiento a procesos electorales en todo el mundo (El Centro Carter), dijo en una rueda de prensa televisada en Septiembre 2012, que luego de haber acompañado procesos electorales en 92 países, léase bien: 92 países, había llegado a la conclusión que el sistema electoral venezolano era el más transparente del mundo.
El gobierno bolivariano se ha confiado además en la “invulnerabilidad” del sistema de votación automatizado puesto en marcha desde el 2004, provisto de múltiples y crecientes mecanismos de validación y monitoreo por todos los actores políticos.
No debe olvidarse, sin embargo, que en computación e informática no hay sistema inviolable, particularmente cuando la oposición cuenta con el apoyo de la tecnología, técnicos y asesores de la inteligencia del gobierno norteamericano.
Estas elecciones fueron particularmente marcadas por cortes sistemáticos del suministro de la energía eléctrica, mecanismo básico para desconfigurar y dañar sistemas computacionales. Solo en el Estado Bolívar se cortó el suministro eléctrico de 24 recintos electorales dos días antes de las elecciones. Además, en la tarde de ayer fueron “hackeados” las cuentas “tweeter” del Presidente Nicolás Maduro, del PSUV, la página web del PSUV, y se detectó numerosos intentos de “hackeo” al Consejo Nacional Electoral (CNE) desde Miami, casual trinchera del partido Republicano de Norteamérica y de la delirante oposición venezolana en el “exilio”.
El candidato perdedor de las elecciones presidenciales venezolanas, Henrique Capriles, se apresuró sin tacto ni respeto por la sólida institucionalidad electoral venezolana, a decir que no reconoce los resultados electorales y a señalar, burdamente, que él cuenta con “otros datos”.
Todas las encuestadoras dieron por ganador a Nicolás Maduro por un margen que fluctuaba entre ocho y catorce puntos porcentuales. Sin embargo, los resultados obtenidos y entregados por el CNE en su primer boletín del día 14 de abril, con más del 99% de las actas escrutadas, no guardan relación con los resultados de las encuestas, ni con la marcada tendencia de las elecciones de octubre y diciembre 2012, que mostraron al gobierno bolivariano en pleno apogeo.



Las encuestas de opinión aplican técnicas avanzadas de la medición y análisis estadístico. Pueden equivocarse pero nunca por un margen tan amplio, y menos todas ellas, como en el caso de las elecciones presidenciales venezolanas del 14 de abril. No resulta para nada creíble que el candidato de oposición haya atraído más de un millón de nuevos votos o pocos días desde la realización de las últimas encuestas que lo marcaban como distante perdedor.
Cabe también señalar que el proceso de la revolución bolivariana, con todas sus dificultades, no está en absoluto exento de profundas falencias, las que son permanente señaladas por ciudadanos comunes, las redes sociales, dirigentes y militantes de los partidos progresistas, por el mismo Hugo Chávez y ahora el presidente Nicolás Maduro, como nueva cabeza indiscutible del proceso. Sin embargo éstas dificultades y falencias no explican por si solas que se haya ganado las elecciones por una margen tan estrecho.
Por todo lo anteriormente expresado, es muy probable que una auditoría del 100% de las actas electorales dejará al descubierto el golpe tecnológico que operó en estas elecciones, como nuevo ingrediente de la acción opositora. Dicha auditoría serviría para demostrar una vez más la cara profundamente antidemocrática, no sólo del MUD, sus principales dirigentes y su candidato electoral, sino además de las fuerzas políticas internacionales que lo financian y apoyan, muy particularmente el gobierno norteamericano.

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Venezolano residente en Chile

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