¿Quiénes son los culpables de los resultados y qué hacerles?

El harakiri era una práctica ritual de los guerreros samuráis, según la cual éstos se cortaban el vientre para morir por desentrañamiento antes de ver su vida deshonrada por un delito o falta cometido. Ésta práctica acercaba a quienes la realizaban al honor de morir gloriosamente. El harakiri en Japón fue oficialmente abolido en 1873, lo que no significa que haya dejado de practicarse en nuestros tiempos.

Sin dejar de hacer las reflexiones, los análisis, críticas y autocríticas respectivas a propósito de los estrechos márgenes de los resultados electorales que hicieron posible nuestra pírrica victoria del 15 A, los revolucionarios debemos evitar hacernos “harakiri".

En primer lugar, diría que debemos insistir en que triunfo es triunfo y que evitemos que la derrota que la Revolución nuevamente le asestó a la derecha venezolana y trasnacional sea minimizada por los perdedores y que en nuestras filas la gente en lugar de sentir que ganó, la dirigencia opositora logre hacerle creer que los revolucionarios realmente perdimos. Venezuela tiene un nuevo Presidente Constitucional, Nicolás Maduro Moros, un hombre venido de la clase obrera que ésta allí por la voluntad del pueblo chavista, alguien que garantiza la continuidad de la Revolución Bolivariana y la preservación de la Patria. Que alguien me convenza de que esa no es una conquista de los revolucionarios.

En segundo lugar, diría que no debemos dejar de lado que enfrentamos y derrotamos nuevamente a un monstruo de mil cabeza (en una palabra, al imperio) y que ese monstruo que venía siendo sistemáticamente aplastado por el Gigante que nos dirigió hasta 8-12-2012, a pesar de que parecía mermado y disminuido, en esta ocasión ha resurgido y hoy nos encara con fuerzas y ánimos renovados.

En tercer lugar, sin restarle méritos y cualidades a Nicolás Maduro, que ya hemos comenzado a ver que tiene muchos aún por mostrarnos, es evidente que sólo la estrategia del Comandante Supremo de dejar bien claro y definido el derrotero de la Revolución, en caso de motivo sobrevenido que a él le impidiera continuar, ha permitido salvar la Revolución, por ahora, de los enemigos que sueñan con acabarla.

En cuarto lugar, no podemos esperar otra conducta de la dirigencia opositora que no sea la golpista, la conspiradora, la antidemocrática, la del odio y la del revanchismo, considerando que antes, en los 14 años de derrotas sucesivas que les asestó Chávez no reconocían la trasparencia y pulcritud de los procesos y de los resultados electorales, menos reconocerán nada de esto ahora que la diferencia de votos se aproxima a los 300.000 y especialmente considerando que nuestro Gigante ya no está físicamente junto a nosotros.

En quinto y último lugar, sí, es indudable que sin desmoralizarnos y evitando que en las filas de la revolución la gente se sienta derrotada, cuando los únicos derrotados y perdedores sigue siendo la derecha y quienes le han seguido, sin excluir a los 700.000 compatriotas que en octubre estaban junto a nosotros pero que el 14 A se pasaron a sus filas, debemos evaluar detenidamente nuestros errores y las indudables acciones a tomar. Hasta en eso ya nos dejó un gran adelanto el Comandante Supremo en el primer encuentro televisado con los miembros de su Gabinete, donde evaluaba los aspectos que se debían incorporar en la gestión del período de gobierno que iniciaba, para entonces 2013-2019. Estas orientaciones cobran más vigencia que nunca y constituyen una de las principales líneas de acción a seguir por los revolucionarios, desde los que tienen las más altas responsabilidades hasta quienes tenemos las tareas más sencillas, pero sentimos el deseo sincero y profundo de continuar con el legado de Chávez.

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