Malos perdedores

Los malos perdedores no aceptan los resultados desfavorables a sus pretensiones. Uno no sabe las razones que ellos tenían para creer que ganarían las elecciones recién realizadas para elegir nuevo presidente. Pero es fácil sospechar que se confiaron en que la fuerte guerra mediática, el saboteo y desabastecimiento les daría una mano. Pero el tiro les salió por la culata porque el pueblo ha resistido este nuevo embate. Todavía tenemos un pueblo que tiene dignidad.

La dignidad de un pueblo no puede reducirse al tamaño de un paquete de harina pan o al de un rollo de papel toilette. La dignidad de un pueblo es mucho más que un apagón. La dignidad del pueblo que votó defendiendo la revolución es el legado de un gigante que lo dio todo incluso su vida para que fuésemos libres. Son más de siete millones y medio de hombres y mujeres dignas que creen en la nueva patria que estamos construyendo en socialismo y de manera pacífica.

A los malos perdedores no les gusta esto. A pesar que han prometido la reconciliación de los venezolanos si llegaban a ganar. Menos mal que no ganaron porque esa unidad que ellos anhelan la lograrían acabando con los adversarios, la paz del sepulcro es su verdadera intención. Si siendo perdedores han ocasionado tantos desastres sabiendo las consecuencias jurídicas y penales que les acarrearía, uno no quiere imaginar los desmanes que cometerían siendo gobierno. Están tan cargados de odio que lo más seguro es que desatarían una guerra civil.

Durante los nefastos días de abril de 2001, hace apenas once años, en menos de cuarenta y ocho horas llevaron a cabo una terrible persecución a los dirigentes de la revolución y a funcionarios del gobierno bolivariano. Les faltó tiempo y cojones para arremeter contra el pueblo aunque la orden ya estaba dada. Estuvimos muy cerca de presenciar otro caracazo y esa vez, quizás la mortandad hubiera sido peor porque el pueblo estaba resteado con su líder. El golpe se neutralizó gracias a la lealtad de un ejército comprometido con su pueblo y con la constitución.

Los malos perdedores están sembrando el odio en un sector de la sociedad. Lo estamos presenciando con sus criminales acciones. Han quemado centros diagnósticos, pdvales, mercales, sedes del partido socialista unido; han asediado a sedes de medios de comunicación populares y del sistema de información bolivariano, han disparado contra las casas de funcionarios públicos; han amenazado de muerte a la rectora del CNE; han amenazado a los artistas figuras públicas que han decido apoyar a la revolución. La intolerancia es su máximo valor. Y así pretenden unir al país, de esa manera expresan el amor que sienten por la patria. La máscara se les cayó. El fascismo puro ha sacado sus garras y amenaza con desestabilizar al país.

Uno se pregunta, ¿la gente decente que por alguna razón votó por Capriles, apoya todas estas acciones criminales contra el pueblo? ¿Hay decencia en la oposición? ¿Puede haber tanta gente sin conciencia en este país? ¿Por qué tanto odio hacia el pueblo? Y lo más triste es ver a gente de pocos recursos, a los que siempre fueron excluidos en los tiempos del puntofijismo y que han sido beneficiados con la revolución, apoyar a esos vagabundos. Es una lástima ver a gente del pueblo que ha sido reivindicada por la revolución estar del lado de los fascistas, de los que siempre jodieron al pueblo. Esto demuestra una carencia de conciencia y de compromiso con un proceso que no ha hecho otra cosa que darnos una vida digna.

A los malos perdedores hay aplicarles mano dura para que aprendan a perder y a respetar el juego democrático. Exigimos cárcel y castigo para los que están causando estas tragedias, a los que desconocen el Estado de Derecho, a los que incitan al odio. Ojalá el nuevo presidente se deje de blandenguerías y les enseñe que en una democracia ganamos todos porque tenemos la total libertad de decidir a quienes nos gobernarán, para que aprendan que la voz del pueblo se respeta.

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