Los desamores de la Dulcinea venezolana

La Dulcinea de la obra Don Quijote es la joven más hermosa, y amor virtual que sólo pudo existir en la imaginación de aquel hombre: genio, locura, creatividad. La figura de Dulcinea es esencial para la vida caballeresca de Don Quijote. Es el personaje femenino del ideal de amor en la historia de la literatura.

Pero la Dulcinea venezolana es otra historia más ligada al desamor. Una expresión de las fuerzas espirituales negativas que se contraponen y alimentan en la sociedad venezolana, que son el centro del debate político existencial que parte al medio al país.

La cultura de la intolerancia aflora, alcanza su cúspide durante los eventos coyunturales y definitorios. Al parecer, las conductas irracionales salen más de las vísceras que del cerebro; compiten para alcanzar el equilibrio, trazar la línea peligrosa que los separa de la violencia. Un proceso bárbaro de interpretación de la realidad. Por qué incumplir las normas de una sociedad justa que se ha consagrado para proteger precisamente estas desviaciones.

El bombardeo arrasador de los medios de comunicación contribuye a segmentar más las clases sociales. Por eso, muchas personas asumen el discurso de otros, de voceros de organizaciones, puntos de vistas de quienes consideran su meta inmediata superior a alcanzar: de allí observar a individuos que imitan, visten, hablan y hacen suyos comportamientos y estereotipos de otros segmentos privilegiados de la sociedad. ¡Que ellos jamás alcanzarán! Es el propósito de sus vidas, es su mayor aspiración social, el salto deseado, la escalada necesaria a la ostentación y andar por la vida reafirmando que ellos no son como los demás.

Ese comportamiento con el tiempo llega a convertirse en hábitos, allí el objetivo de la publicidad. El paradigma del mercado, del consumo basado en marcas, estándares que los medios se han encargado de inocular a la población venezolana. Algunos especialistas llaman a esto una manera de alienación.

La Dulcinea de esta historia caraqueña es un conocido abasto de perfumería y artículos de aseo en la urbanización de clase media Los Chaguaramos. Hace 21 años que visito ese lugar y, de verdad, no me había quejado de nada. Hasta hace una semana encontré buen servicio y, porqué no reconocer, que hasta buenos precios, si los comparamos con otras tiendas del rubro.

Cada semana recorro los anaqueles en busca de artículos necesarios de aseo personal y, a veces, para satisfacer la banalidad y dar hasta un “salto de clase” y comprar alguna colonia importada; por cierto, “carísima”, para usarla en esos momentos significativos, especiales de la vida, que diferencian la cotidianidad.

Esta vez, parado frente a los perfumes, escudriñando la existencia de mi desodorante favorito; no pude dejar de escuchar los comentarios que a viva voz hacían las empleadas de esta tienda, la Dulcinea de Los Chaguaramos: “Niña, viste lo mal que habla ese Maduro, cómo vamos a tener un Presidente que no sabe ni conjugar los verbos”. Otra interlocutora le responde: “¡sí, el tipo parece cubano, se la pasa defendiéndolos, que se vayan de aquí, no los queremos! ¡Esos cubanos sucios!”. Continué escuchando aquella caterva de insultos contra los médicos cubanos, las acusaciones de fraude en las elecciones. La culpa que tenía el gobierno porque a ellas no les alcanzaba el sueldo, los Cesta ticket. En fin, escuché otros comentarios parecidos que no puedo recordar, en los apenas diez minutos que estuve en ese establecimiento.

Definitivamente me marché del sitio sin comprar y sin ánimo de contestar aquella cantidad de improperios y chismes salidos de mujeres venezolanas de la clase trabajadora. Muchas de ellas víctimas de la explotación más arbitraria. Algunas de las trabajadoras las conocí cuando eran casi niñas, como promotoras de las marcas de perfumes, labiales y afeitadoras. ¿Qué son hoy? Al pasar de los años y, cuando pierden los rasgos de la hermosura juvenil, entonces las colocan detrás de los mostradores y allí pasan años hasta que las ubican en otros departamentos menos visibles. Las jubilan por el seguro social del Estado, porque esos que la explotaron toda la vida no se acuerdan jamás de ellas. Esa es la historia de la mayoría de las mujeres que trabajan en tiendas de ropa y del comercio en general.

¿Cómo explicar aquella andanada de criterios falsos, basados en mentira de personas que pertenecen a la clase trabajadora?

Acerca del primer comentario, sobre el presidente Maduro, la persona que hacía la crítica cometió varios errores a la hora de expresarse. Ella, por ejemplo, debía estar asistiendo a la misión Ribas para mejorar, e incluso, superarse intelectualmente. Sobre los cubanos, me tocó de cerca porque yo soy cubano y nosotros los cubanos no somos así, ni los que están en las misiones ni los que vivimos en Venezuela hace mucho tiempo por razones familiares y profesionales. Yo no sé si la trabajadora sabe que los Cesta ticket que ella dice no le alcanzan, fue el gobierno de Hugo Chávez quien obligó el pago del bono de alimentación, ajustado al costo de la unidad tributaria como referencia, pero si los patronos quieren pueden pagar una cifra superior. Pregunte a su patrón ¿por qué no le aumenta el salario, el bono de alimentación, le paga el seguro social, entre otros beneficios y contraprestaciones a las que está obligado por la Ley del Trabajo?

A mi manera de ver, Venezuela vive entrampada en los viejos vicios que no la dejan avanzar. La acumulación de cuentas sin saldar con la justicia que se arrastran desde la etapa colonial. La Constitución Bolivariana y las nuevas Leyes de la República están diseñadas para cambiar esa relación de inequidad e injusticia. De allí que la burguesía y las transnacionales, salten y obstruyan cualquier avance que mejore las condiciones laborales y sociales de los trabajadores. Por eso, cualquier destello fulgurante de la política se entibia y desvanece entre las manos y los corazones de los ciudadanos de la primera República libre de Sur América.

Ojalá que Dulcinea vuelva a ser lo que era antes, ese lugar de perfumes, olores sabrosos y que el trato amoroso emule al nombre de la Dulcinea cervantina que la inspiró. Que aquellos que pensamos diferente podamos visitarla en paz. Esa condición necesaria, primordial para la vida.

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