A Néstor Francia y afines: el debate imprescindible en el PSUV

Recientemente, el compatriota Nestor Francia propuso ( http://www.aporrea.org/actualidad/a163978.html ) iniciar de manera sistemática un proceso de crítica y autocrítica, de cara a los peligrosos resultados de las recientes elecciones. Cito: "El debate tiene que ser dirigido por el partido hegemónico revolucionario. Tal vez no sea el instrumento ideal, pero se nos ocurre que es el único capaz de darle una direccionalidad y una coherencia a la discusión.
Esto no quiere decir que este sea un debate del partido, y mucho menos de su dirigencia, que seguramente es parte del problema. Es un debate general, en fábricas, barrios, universidades, comunidades, por la base. Esto nos ayudará inclusive a refundar la conexión de la Revolución con el cuerpo social popular, que está bastante deteriorada". Bien hasta allí; comparto su preocupación. Pero me permito preguntarle: ¿ en cuál patrulla del partido milita usted, compañero, que ignora cruciales errores y omisiones que se están cometiendo? El camarada Francia se queda corto, cortísimo, flotando en la altura de sus ideas como esos intelectuales que critica con tanta acidez y, tal como ellos, también pontifica sobre la realidad, sin mencionar circunstancias importantes del momento político que vivimos.

Existe una parálisis política en el PSUV, así como una retroceso evidente en su papel hegemónico como partido que aglutina a la mayoría de la militancia revolucionaria; eso es parte importante del debate crítico a desarrollar. Cabe preguntarse si el Partido estará en capacidad de orientar el necesario proceso de rectificación que se impone tal como simplonamente propone el mencionado camarada, sin antes recomponerse de manera inmediata como el principal espacio organizativo e impulsor de la Revolución. Demás relacionar aquí, por repetitivo, el señalamiento de que el PSUV no ha podido dar el salto de ser una maquinaria electoral a una organización de vanguardia que oriente el camino revolucionario. Incluso, como estructura para ganar, movilizar y defender la votación bolivariana, fue evidente su inacción en los instantes posteriores a la ajustada victoria que acabamos de lograr. En ese momento, en que la reacción volcó a sus afectos a la calle, intentando quebrar el triunfo y propiciar la ingobernabilidad, no hubo desde la estructura partidista ningún tipo de orientación más allá del acontumbrado llamado a Miraflores. Ni siquiera se alertó previamente a la militancia, de manera resuelta y por las vías regulares, a permanecer atenta a la movilización. Al día siguiente, una vez desatada la furia fascista y aparentemente por la inercia de los acontecimientos, se convocó a plenar las plazas Bolívar y posteriormente a un “cohetazo” con acompañamiento musical que pudo estar mejor organizado de antemano y no ser producto de la improvisación. Grave señal. Tanta victoria electoral nos hizo olvidar que, en política, hay que planificar siempre partiendo de la peor hipótesis. Para eso, entre otras cosas fundamentales, debe servir un partido. Para nada menciona esto el amigo Francia.

De manera que coincido con el compatriota en su invitación al debate, pero sus observaciones se pierden en el eter paralizante y verborreico de los intelectuales que tanto fustiga, al soslayar asuntos esenciales y no aterrizar en proposiciones concretas ante fallas colectivamente sentidas.

Hasta ahora, no existe desde la dirección del PSUV, en sus instancias nacionales y regionales (que no del partido como espacio colectivo porque los militantes de base si andamos en esa desde hace días), una orientación clara para iniciar el proceso de rectificación y reimpulso del proceso. El gobierno da muestras claras de retomar y corregir el rumbo, saliéndole de frente a la conspiración contrarrevolucionaria. Eso es un gran paso. Pero no es el gobierno ni el aparato estatal el que tiene la potestad de dirigir la revolución, sino el Partido inserto en el naciente Poder Popular, en conjunto con otras organizaciones revolucionarias que también deben contar. El Estado es el instrumento para el cambio y como tal debe supeditarse a la vigilancia y control de la vanguardia (o las vanguardias).

¿Un ejemplo para explicarme mejor? El presidente Maduro decidió hacerle frente a la inoperancia estatal. Anuncia la Misión Eficiencia: "La Gran Misión Eficiencia o Nada, es una misión para ir hasta el lugar más lejano del territorio nacional, para velar por la correcta administración pública y privada, tenemos que luchar contra los índices de corrupción y contra la burocratización, el maltrato a la gente, tenemos que acabar con eso". Señala el Presidente que la Misión tendrá dos grandes componentes: "Uno, la creación de un gran cuerpo secreto especial anticorrupción del más alto nivel y con la más alta tecnología; y un segundo cuerpo de inspectores que vaya al sitio y haga los seguimientos necesarios, las inspecciones". Si la iniciativa no es acompañada por comités de base, conformado por trabajadores y obreros estatales sin cargo gerencial, está condenada al fracaso. En revolución un problema burocrático, no puede solucionarse con una salida meramente burocrática, sino debe acompañarse de la respuesta creativa y protagónica del inmenso potencial popular que, a ritmo caribeño, le meterá candela a la tarea. Si no es así, la casta burocrática se terminará tragando cuantos inspectores y comisionados manden por más comprometidos que sean. No bastará ni un ejército de James Bond a la caza de los corruptos e ineficientes para lograr éxito en la tarea. Tigre no come tigre. Recuerdo la creación por parte del Comandante Chávez, hace pocos meses, del Ministerio del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión del Gobierno, a cargo de la Almiranta Carmen Meléndez, a la vez que afirmaba “Hay que diseñar un Sistema Nacional de Participación y Contraloría Social donde los venezolanos y venezolanas puedan formular sus reclamos y denuncias.” Visto hoy día, no funcionó el antídoto administrativo al no acompañarse de la participación del pueblo, tal como instruyó el Comandante. Basta imaginar, para entender cabalmente lo anterior, el entusiasmo y acogida que tendría el llamado general del gobierno y el Partido a las bases revolucionarias a participar, de manera organizada y bien orientada, en las acciones para mejorar y depurar el desempeño estatal. Las políticas del gobierno bolivariano requieren, de inmediato, la interlocución y marcha en conjunto con las bases. Vacilar en ello es perdernos.

¿Otro ejemplo? Se impone un balance a fondo de la militancia de los resultados electorales en cada circunscripción electoral, confrontándolo con las ejecutorias de gobierno a nivel nacional, regional y municipal. Pero no se hace esto. En cambio y según vimos en la última rueda de prensa de la dirección nacional del Partido luego de su primera reunión después de las elecciones, se responde a esta exigencia elemental de la actualidad política con unas declaraciones subalternas del debate con la oposición que, por ser obvias, pudieron ser expresadas por cualquier funcionario ministerial de alto rango. ¿Y el balance y la autocrítica para cuando? Pa´ después es muy tarde. Uno espera, como indica la lógica y tal como posibilitan los estatutos, el anuncio de un Congreso Extraordinario para revisar el funcionamiento interno, afinar los mecanismos de respuesta al enemigo y, de pasadita, renovar las autoridades para la excepcional etapa que desde ya estamos afrontando. Uno espera Revolución en la Revolución como invoca el Presidente, es decir el todo por el todo, el echar el resto, el "jugarse a Rosalinda" (o a Rosalindo, en respeto a los géneros), en fin, un jonrón que reavive el optimismo propio en el juego. En su lugar, escuchamos a la querida Blanca Eeckout con un lamentable flaicito al centerfield, como si no pasara nada y el enemigo no estuviese engrasando el cadalso, capítulo final del “golpe suave” made in Usa ya en marcha. Ese fue el producto del debate de las máximas autoridades del Partido luego de la espera a su reacción. ¡Carajo pues!... El cielo encapotado anuncia tempestad y la respuesta es sacar un paraguas chino desechable.

Un tercer ejemplo; los demás los lavamos en familia cuando habiliten la batea. En algunas regiones como Bolívar y Falcón, el Partido tiene graves problemas de conducción que ya son públicos. Se conserva, sin lugar a dudas, la gran lealtad de una numerosa militancia, pero las direcciones locales andan al garete, han perdido legitimidad y se enredan cada vez más en pugnas -sin faltar razones- relacionadas con el poder constituido (alcaldes y gobernadores). ¿Porqué, apelando a la democracia interna y no a la llamada “cooptación” (lo que agravaría las cosas), no se pone orden de una vez por todas? ¿ Dónde están los correctivos a esta situación? Inexplicable la falta de medidas.

Diera la impresión de que la estructura directiva del PSUV está perdiendo los reflejos, rebasada por las exigencias de la coyuntura. Compatriotas: el látigo de la contrarrevolución nos obliga a avanzar. No es con vacilaciones o proposiciones abstractas que obvian la realidad como se ha de batir el cobre. Grandes problemas implican enérgicas y urgentes acciones que apuesten a soluciones estratégicas, superando las especulaciones evasivas o el simple discurso consignero y superficial, que ya resultan insuficientes para derrotar el plan de la reacción.

Solo el pueblo salva al pueblo.


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