Venezuela enfrenta y derrota la perenne doctrina imperialista del Destino Manifiesto

La Doctrina del Destino Manifiesto es, según muchos historiadores: una combinación ideológica de ideas racistas y patrioteras sobre la superioridad de la raza blanca y el papel civilizador que a esta le corresponde en relación a otras sociedades humanas calificadas como “razas de color”. En esta concepción, corresponde a Estados Unidos, por su posición privilegiada en cuanto a desarrollo económico, tecnológico y militar, cumplir un destino nacional que consiste en someter a todos los pueblos del mundo al dominio imperial por medio de la guerra, la desestabilización política, el bloqueo económico o el aislamiento político. La Doctrina del Destino Manifiesto en las condiciones actuales ha llevado a los Estados Unidos y sus aliados europeos a convertirse en los gendarmes internacionales y a extender el radio de sus acciones desestabilizadoras de gobiernos progresistas desde el norte de África, pasando por el Medio Oriente y la península de Corea hasta llegar de nuevo a América Latina. Aún cuando tome el nombre de política, del gran garrote, del buen vecino, del buen socio; y se vista con los ropajes del Punto IV del Plan Truman, del Panamericanismo, de la Alianza Para el Progreso, de los Cuerpos de Paz o del cínico “patio trasero”, la Doctrina del Destino Manifiesto siempre está en el trasfondo de la política exterior norteamericana.

A esta política se enfrentó Simón Bolívar, Fabricio Ojeda, Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro. Entre ellos existe un hilo conductor de ideas filosóficas y políticas revolucionarias lo mismo que acciones juramentales comunes, donde se asume el compromiso moral de convertir en realidad las ideas por las que fueron perseguidos, humillados o asesinados los impulsadores de tales ideas. Así lo expresa Simón Bolívar en la siguiente carta:

CARTA DE SIMÓN BOLÍVAR A SU MAESTRO

Pativilca, 19 de enero de 1824

AL SEÑOR DON SIMÓN RODRIGUEZ

¡Oh mi maestro! Oh mi amigo! Oh mi Robinson! Vd. en Colombia! Vd. en Bogotá, y nada me ha dicho, nada me ha escrito. Sin duda es Vd. el hombre más extraordinario del mundo; podría Vd. merecer otros epítetos pero no quiero darlos por no ser descortés al saludar un huésped que viene del Viejo Mundo a visitar el Nuevo; sí, a visitar su patria que ya no conoce, que tenía olvidada, no en su corazón sino en su memoria. Nadie más que yo sabe lo que Vd. quiere a nuestra adorada Colombia. ¿Se acuerda Vd. cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria? Ciertamente no habrá Vd. olvidado aquel día de eterna gloria para nosotros; día que anticipó, por decirlo así, un juramento profético a la misma esperanza que no debíamos tener. Vd., Maestro mío, cuánto debe haberme contemplado de cerca aunque colocado a tan remota distancia. Con qué avidez habrá seguido Vd. mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por Vd. mismo. Vd. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Vd. me señaló. Vd. fue mi piloto aunque sentado sobre una de las playas de Europa. No puede Vd. figurarse cuán hondamente se han grabado en mi corazón las lecciones que Vd. me ha dado; no he podido jamás borrar siquiera una coma de las grandes sentencias que Vd. me ha regalado.

Fabricio Ojeda, en su carta de renuncia al cargo de diputado para unirse a la guerrilla en 1962, escribió:

En el primer aniversario de la suspensión de las garantías Constitucionales, un grupo de estudiantes de la Universidad Central y yo, hicimos una promesa de extraordinaria significación. Estábamos en el Cementerio General del Sur, frente a la tumba de Alberto Rudas Mezzone –uno de los tantos jóvenes caídos en la lucha por la libertad–, allí levantamos las manos y las voces y juramos: que el sacrificio de nuestros mártires no sería en vano. Juramos continuar sus pasos y cumplir su obra, para que la sangre derramada retoñase en nueva vida para el pueblo. Juramos continuar sus pasos y cumplir su obra, para que la sangre derramada retoñase en nueva vida para el pueblo… para que los derechos democráticos del pueblo no sean letra muerta en el texto de las leyes; para que la libertad exista y la justicia impere; para que el derecho a la educación, al trabajo, a la salud y al bienestar sean verdaderos derechos para las mayorías populares y no privilegios de escasas minorías. Pero nada de esto podrá lograrse en un país sub-desarrollado y dependiente, como el nuestro, sino a través de la acción revolucionaria que concluya con la conquista del Poder Político por parte del pueblo. De otra manera, tanto los instrumentos de poder, como los medios de riqueza, continuarán en manos de los monopolios internacionales y de las castas oligárquicas del país, con la consiguiente explotación de los trabajadores, la proliferación del hambre y la miseria y el abandono permanente del pueblo. Esta situación precisa una transformación estructural que cambie el sistema formalista de la democracia por la efectiva realización de la misma: es decir, que arrase con todo lo podrido, con todo lo injusto, con todo lo indigno de nuestra sociedad y en su lugar erija una nueva vida de justicia y libertades.

El último discurso de Hugo Chávez

Por E´A, periódico de interpretación y análisis, marzo 7, 2013.

Bueno entonces no es mi estilo una cadena nacional un sábado por la noche, pero obligado por las circunstancias me dirijo a ustedes Pueblo venezolano, nación venezolana, amigas y amigos todos, compatriotas todos y más allá a los amigos y amigas de otras latitudes. Como ustedes… como es bien sabido, pues nosotros hemos venido dando además de todas las batallas políticas, económicas, sociales, esta batalla histórica, esta batalla histórica que, bueno, que nos tocó, que nos ha tocado y gracias a Dios que nos tocó, a nosotros nos tocó retomar las banderas de Bolívar, las banderas desgarradas, nos tocó retomar las banderas mancilladas, la bandera patria ésta que aquí está, amarillo, azul y rojo y sus ocho estrellas ahora como mandó Bolívar desde Angostura, ocho estrellas y más allá las banderas del Pueblo, banderas mancilladas, desgarradas, pisoteadas durante, bueno, casi todo el siglo XIX después de la epopeya y durante casi todo el siglo XX y nos tocó a nosotros pues, terminando el siglo XX y comenzando el XXI, comenzó aquí una nueva era, me decía Fidel anteanoche despidiéndonos en La Habana “Bueno Chávez esa llamarada…” la llamarada se hizo, se hizo continente, la llamarada, el fuego sagrado. Fue como una resurrección lo que hemos vi esto, lo que hemos vivido. Aquí había un continente dormido, un pueblo dormido como muerto y llegó el Lázaro colectivo y se levantó, finales de los 80, los 90, los 90 terminando el siglo XX pues, se levantó aquí en Venezuela una Revolución, se levantó un pueblo y nos ha tocado a nosotros, algunos de nosotros, a muchos de nosotros mujeres, hombres, asumir responsabilidades, asumir papeles de vanguardia, asumir papeles de dirección, de liderazgo por distintas razones civiles, militares y hemos confluido pues, distintas corrientes terminando el siglo y comenzando este siglo. En Venezuela se desató la última Revolución del siglo XX y la primera del siglo XXI, Revolución que -¿quién lo puede dudar?- ha tenido cuántos impactos en la América Latina, en el Caribe y más allá y más allá y seguirá teniendo impacto. Pues además de todas esas batallas se presentó una adicional, imprevista, repentina para mí y no para mí pues, para todos, para todos nosotros porque tengo la dicha de sentirme acompañado. De no ser un solitario, de no ser un solitario y luego hemos estado enfrentando el problema de la salud con mucha mística, con mucha fe, con mucha esperanza, con mucha dedicación en lo individual, lo familiar, en lo colectivo como una gran familia. Hemos enfrentado además manipulaciones, hemos enfrentado ¿cómo se llama? ¿sí?

Caracas, 23 Abr. AVN.- El presidente de la República, Nicolás Maduro, resaltó este martes que con el Gobierno de calle que empezará a practicar con su gabinete ministerial, junto a los gobernadores revolucionarios y el pueblo venezolano, se hará una rectificación a fondo de la Revolución Bolivariana para propiciar su impulso en el período 2013-2019. "Vamos a una rectificación a fondo, retomar las tres R con fuerza: revisión, rectificación y reimpulso. Tres R históricas lanzadas por el comandante (Hugo) Chávez en el año 2007. Y las otras tres R lanzadas en el 2009, que son la repolitización, la repolarización y la reunificación, que significan repolitizar", dijo en una reunión que sostiene con gobernadores revolucionarios en el salón Simón Bolívar del Palacio de Miraflores, en Caracas… El mandatario nacional dijo que así se prevé hacer una nueva política en el país de contacto directo con el pueblo venezolano, "de diálogo bolivariano permanente, de trabajo voluntario, de formación en los valores de nuestro comandante Hugo Chávez, de estudio, de formación permanente". Fuente: aporrea.org, 23/04/2013

Estos discursos, cartas y declaraciones que se tuvieron al alcance en el momento de escribir este artículo nos inducen a afirmar dos cosas: una, que América Latina y en este caso, Venezuela, posee una reserva filosófica y una historia continuada de luchadores revolucionarios que desde el siglo XIX hasta nuestros días, han enfrentado y derrotado con dignidad, virilidad y posiciones filosóficas definidas la Doctrina imperialista norteamericana del Destino Manifiesto. Y otra, que estos juramentos proféticos de redención de los caídos, los humildes, los humillados y de la patria mancillada, son ahora, por la vía de la revolución, una realidad.

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