Crítico-autocrítico: ¿cómo serlo sin caer en las garras del enemigo?

¿Que has hecho viejo imbécil que la canalla te aplaude? (August Bebel (1840-1913), parlamentario socialista alemán, quien en voz alta, el mismo se hizo tan autocrítica pregunta, después de haber escuchado los aplausos de la derecha alemana)

La crítica debe hacerse a tiempo; no hay que dejarse llevar por el ánimo de criticar sólo después de consumados los hechos (Mao Zedong. Obras Escogidas, 31 de julio de 1955)

Como es sabido, la crítica es la consecuencia de analizar e interpretar los resultados de la evaluación de un determinado fenómeno político, social o de cualquier otra índole que puede expresar conformidad o desacuerdo, con relación a lo que otras personas o instituciones proyectan hacer o vienen realizando, cuyo objetivo generalmente converge a señalar causas y consecuencias en función de mejorar lo que proceda. En este sentido, la crítica se hace desde afuera de nosotros mismos, aunque no necesariamente implica que se haya hecho una evaluación propiamente dicha.

En el caso de la autocrítica, esta expresa el resultado de un ejercicio personal o colectivo que implica auto examinar, evaluar, llegar a conclusiones y propuestas en función de mejorar lo que el sujeto viene planificando hacer o ha realizado. La autocrítica es un acto donde el sujeto individual o colectivo se mira a si mismo, buscando con ello determinar omisiones, fallas, errores, o aspectos positivos de su gestión, especialmente sobre la calificación por nosotros mismos de hechos tales como proyectos, programas y gestiones en general que están o han estado bajo nuestra responsabilidad.

Tanto en la crítica como en la autocrítica, sus resultados pudiesen ser lo más efectivos, atendiendo al grado de libertad y de los métodos y ambiente democráticos que predominen. Es así que en los regímenes con características dictatoriales, tanto la crítica como la autocrítica es de nula aceptación por los gobernantes.

En el campo político, generalmente las diferencias ideológicas entre bandos separados por concepciones o visiones diferentes de ver el mundo, generan críticas entre los oponentes las cuales llegan a ser irreconciliables, toda vez que quienes tienen una posición conservadora o contrarrevolucionaria, tienden a exigir que el adversario de tendencia socialista o comunista, ejerza la oposición o el gobierno, según la óptica ideológica del capital. Caso inverso sucede cuando los que hacen la crítica al comportamiento de los conservadores, son los socialistas. Es prácticamente imposible que estas posiciones coincidan en sus apreciaciones. Tanto su filosofía como sus objetivos así justifican su separación y contradicción.

De esta primera aproximación al tema en comento, nos acercamos a una tendencia casi irreversible, mediante la cual, casi siempre el adversario o enemigo político con su discurso y hechos buscará a consolidar su política e ideología frente a la posición que adopte su contrincante, la cual como es lógico, ambas corrientes buscan eliminarse entre sí. En consecuencia, es casi imposible, que la bancada parlamentaria aplauda a su principal oponente, por el contrario, lo que casi siempre habrá es un silencio escrutador o una avalancha de discursos que responden al de su contrincante.

Tanto desde la doctrina revolucionaria de izquierda, pasando por los principios constitucionales de la República bolivariana de Venezuela, se coincide en que para que haya una democracia con participación protagónica de las grandes mayorías nacionales, es indispensable que tanto la crítica como la autocrítica estén presentes, siempre y cuando las mismas estén apegadas a la verdad, la honestidad y a la ética revolucionaria. No debe concebirse la existencia de una organización democrática si la misma carece de la participación crítica y autocrítica de sus militantes, simpatizantes y colaboradores.

Al respecto, se complementa esta opinión, con la emitida por el máximo líder y fundador de la República Popular China, quien nos ilustra con el siguiente pensamiento:

“El agua corriente no se corrompe y los goznes de la puerta no los carcomen los gusanos.” Este proverbio expresa como el movimiento constante impide el ataque de los microbios y otros organismos. Revisar regularmente nuestro trabajo, desarrollar durante el proceso de revisión el estilo democrático de trabajo, no temer a la crítica y ni a la autocrítica, y aplicar aquellas máximas populares chinas, tan buenas como “di todo lo que sepas y dilo todo sin reservas (…) no culpes al que hable, antes bien, toma sus palabras como una advertencia (…) corrige tus errores, y guárdate de ellos si no has cometido ninguno” He aquí la única forma eficaz de evitar que el polvo y los microbios políticos infecten la mente de nuestros camaradas y el cuerpo de nuestro partido (Mao Zedong. Obras Escogidas, 24 de abril de 1945).

Con relación al caso venezolano, actualmente existe un enfrentamiento ideológico-político entre las fuerzas conservadoras que defienden la propiedad de los medios de producción, la privatización, la explotación del hombre por el hombre, la dependencia industrial y comercial de USA y sus países satélites, todo lo cual se puede resumir en una posición capitalista-neoliberal, que defiende a las clases poderosamente ricas a nivel nacional e internacional.

Por su parte, el bloque contrario, sustenta la tesis de la necesidad de hacer justicia, buscar la equidad, la igualdad y la paz sobre la base de criterios socialistas y anti-imperialistas, para lo cual cuenta con el apoyo de una porción considerable de pueblos y gobiernos emergentes y del tercer mundo.

En este sentido, es innegable que a diferencia de la conciliación de clases del siglo XX, donde USA en colaboración con los clases dominantes, preseleccionaba los gobernantes del país facilitando que los cambios de gobierno estuvieren rodeados de la menor carga divergente entre los partidos tradicionales que concurrían mayoritariamente a las elecciones (AD-Copey) en donde los ricos se sentían unidos y actuaban como buenos hermanos para acumular poder político y económico.

A partir del año 1999, con la ascensión de la corriente bolivariana al gobierno (de tendencia socialista), se abre la natural confrontación entre los intereses de las clases explotadoras (Fedecamaras + Consecomecio + Primero Justicia y otras organizaciones políticas de tendencia neofascista) y por otro lado, el ascenso al gobierno de las clases explotadas y de menores recursos (gremios de trabajadores, campesinos, partidos de izquierda, movimientos gremiales y populares, así como también se incorporan las Fuerzas Armadas de la Nación a labores sociales).

Es de resaltar, que el comportamiento de la derecha venezolana, ha sido el hacer una crítica permanente a los planteamientos y obras del gobierno bolivariano, donde ven las acciones de soberanía y pro socialismo como los pilares populares a derrumbar y para lo cual han utilizado decenas de triquiñuelas y hábiles campañas mediáticas, que hacen ver que los bolivarianos son comunistas por el hecho de que comercian con pueblos y países que no se arrodillan ante USA o por su posición de buscar la igualdad y la solidaridad entre todos los pueblos del planeta. El anticomunismo rabioso es su principal divisa, ese “fantasma” lo ven hasta en su propia sopa.

El tenaz combate de la derecha contra las misiones sociales y la solidaridad con otros pueblos latinoamericanos y viceversa, así como el comercio con todos los países del mundo, es vista por el neofascismo, como una de sus banderas predilectas, toda vez que esto les genera US$, poder político y un eventual apoyo militar desde los países aliados al imperio.

Es evidente, que en ningún momento y lugar, el neofascismo ha validado ninguna actuación del gobierno bolivariano y su máximo líder, el Cte. Hugo Chávez F., como también estamos casi seguros no lo hará con el Presidente Nicolás Maduro. Cualquier acto, es considerado negativo y perjudicial para el país, aunque en realidad lo que les preocupa defender son los intereses de las transnacionales y de los grupos oligárquicos nacionales.

Del lado bolivariano-socialista, no está en discusión que existen hombres y mujeres que desde muy jóvenenes, vienen luchando por el socialismo en el país, también hay un importante grupo que aunque en un tiempo no fue socialista y pero sí con raigambre bolivariana, hoy en día, han venido cumpliendo una tarea permanente en favor de la transformación progresista de la patria. Son gente, trabajadora, luchadora y honesta que cada día dan lo mejor de si por que los programas y proyectos marchen por buen camino. Buena parte de estos compatriotas están conscientes que falta mucho por hacer y mejorar.

Adicional, hay otro grupo de militantes y funcionarios (civiles y militares) cuya formación ideológica es muy frágil y que en muchos casos han caído en desviaciones personalistas, prepotentes (no aceptan críticas ni se hacen autocriticas), corruptos (os) y otros vicios no cónsonos con los grandes lineamientos que tanto pública como en privado el Cte. Chávez les impartió. Es necesario y urgente que los invisibles trabajadores y trabajadoras comiencen a plantear públicamente sus problemas, que sus denuncias sean escuchadas y que nuestros gobernantes presenten soluciones concretas y oportunas.

Este comportamiento de los últimos de los nombrados, desviado de la concepción revolucionaria socialista, ha derivado en situaciones donde se han obviado examinar y evaluar irregularidades en la dirección y gestión del sector público y del partido, todo lo cual ha traído como consecuencia: actos ilícitos, impunidad, mala selección de cuadros del gobierno y del partido y exclusión de importantes cuadros de profesionales y técnicos capaces para el desempeño eficiente de cargos de mediana y alta responsabilidad, lo que estamos seguros se traduciría en la optimización de los resultados de la gestión pública ¿Por qué algunos funcionarios han aceptado responsabilidades partidistas o en el gobierno si no están capacitados o carecen de tiempo para ejercerlas?

La práctica cotidiana de importantes funcionarios y dirigentes de los partidos de izquierda de evadir la evaluación y debate público de los problemas nacionales, regionales y locales, es un ejemplo que no se debe seguir. Los “debates socialistas” con el tradicional estilo de un club de amigos (as) es un sainete que no debe continuar ¿Por qué siempre van los mismos rostros y voces a dialogar solo con la intención de aplaudir lo bueno, pero a esconder las omisiones y fallas que se tienen? ¿Por qué seguir con un parlamentarismo de calle o gobierno de calle, si generalmente quienes intervienen son los mismos personajes que fácilmente pudiesen decir lo mismo desde sus despachos? ¿Por qué cuesta tanto preguntar a la gente de a pié cuáles son sus problemas y sus respectivas críticas? ¿Por qué dejar que este papel lo haga la oposición apátrida desde su T.V.?

El supra escenario planteado, nos permite ver con mucha claridad, que si bien los aciertos nos han hecho triunfar en 18 elecciones, también es verdad que los desaciertos señalados nos han hecho decrecer la votación (hemos crecido desde el año 2000 en un 102 % mientras que la derecha ha crecido casi un 206 %) y en consecuencia hemos perdido credibilidad en importantes sectores de la población venezolana.

Ante tan delicada situación, y donde a pesar de las advertencias desde hace más de seis (6) años, la Dirección Nacional y algunas direcciones regionales, han hecho caso omiso de importantes críticas constructivas, muchos menos se han escuchado serias autocríticas, salvo algunas del Presidente Chávez y de muy escasos colaboradores.

Ante la supra situación descrita, últimamente, se vienen presentado desesperadas críticas y autocríticas, por parte de simpatizantes y militantes del campo revolucionario, donde se exageran las omisiones, errores y delitos a cargo de funcionarios y militantes, toda vez que si bien siguen existiendo serias debilidades e inclusive arbitrariedades, se ha caído en la desviación de entrar en calificativos donde casi todo aquel que tenga un puesto de comando en el partido y en el gobierno es corrupto, incapaz y algo similar.

La versión que dan los supra compatriotas citados, expresa un sentimiento de derrota, casi de haraquiri, toda vez que como decía mi abuelo no queda títere sin gorra. Es allí donde el adversario, se frota las manos y los aplaude, no porque quisieran que se vaya por el rumbo socialista, sino porque esto acelera la decepción en algunos y de esta manera provechan para golpear sin compasión al importante proceso de reformas sociales que había liderado el Cte. Chávez hasta su desaparición física. En conclusión, la respuesta al título del presente escrito, es que se requiere con urgencia abrir el debate democrático en las filas del PSUV, en el Polo Patriótico y en otras organizaciones políticas, sociales y gremiales. Es necesario, que se discuta con la mayor evidencia y pruebas en la mano, cuando sea factible conseguirlas. No debemos permitir que por falta de democracia interna, el neofascismo siga remontando la cuesta sobre la base de nuestras omisiones, fallas, errores y actos reñidos con la moral pública. Si somos revolucionarios no debemos permitir que un grupo minoritario apátrida y neofascista, con su alta dosis de frustración, desvié este movimiento por el precipicio. Tampoco es de revolucionarios, omitir las críticas severas al neofascismo y al pro imperialismo, por el sólo hecho de que en nuestro cuerpo hay carencias que merecen ser combatidas y subsanadas. No se trata de compensar nuestras debilidades con las debilidades de la derecha, se trata de evitar que los bandidos neofascistas se escuden en nuestro silencio ante su historia llena de crímenes y desigualdades sociales, como lo evidencian los miles de asesinados en los países de América Latina y el Caribe, por dictaduras o democracias falsas como fue el caso de la Venezuela socialdemócrata y socialcristiana. En ningún momento podemos olvidar… Por sobre todo debemos ser más eficientes, eficaces y honestos.

Por último, evitemos por todos los medios posibles que los contrarrevolucionarios tengan motivos para aplaudir a nuestros ingenuos y olvidadizos camaradas, los que sin medir las consecuencias, caen en posiciones extremistas, que muy hábilmente son aplaudidas por “la canalla”, la cual se siente gozosa de haber sido exculpada de sus terribles crímenes pasados, presentes y futuros, situación que según ellos los hace acreedores para preparar próximamente el oprobioso cadalso con que suelen los verdugos silenciar a los pueblos. Mientras tanto, nosotros debemos prepararnos para un nuevo triunfo revolucionario, sin miedo pero sin prepotencia, con mucho coraje, con elecciones y democracia interna verdadera, ajena al dedo “sabio e inteligente” de la cooptación (salvo en una situación excepcional), sin exclusiones vergonzosas, todo lo cual nos permitirá llevar siempre la antorcha que hizo brillar a nuestros guerreros por la paz de la independencia latinoamericana y caribeña.

Nota: Se recomienda consultar las obras completas de Simón Bolívar y las Obras Escogidas de Mao Zedong.

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