Apuntes sobre la coyuntura electoral

El 14 de abril, conforme a lo estipulado en la Constitución Nacional, fue convocado  el pueblo venezolano para elegir el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela durante el período 2013-2019; votó el 79 % del electorado en un ejercicio democrático sin precedentes  en ninguna otra parte del mundo, no solo por el volumen de electores, sino porque es también la 18ª elección desde el año de 1998 cuando gana el Comandante Hugo Chávez.

Luego de 15 años de revolución, golpes y contra golpes y el fallecimiento muy reciente del Comandante Victorioso, lógico era esperar un despliegue político de la derecha internacional para truncar nuestro proceso revolucionario y sus impactos políticos en América Latina y El Caribe y en los reacomodos geopolíticos  que se vienen sucediendo producto la prolongada crisis del capitalismo mundial, las indudables fortalezas económicas de otros actores como China, pero sobretodo, los procesos políticos que se vienen produciendo en la región latinoamericana y caribeña con otras opciones de desarrollo y otros modelos socialmente más equitativos y políticamente más soberanos.

Geopolíticamente esto significa otros posicionamientos con respecto a recursos estratégicos que mueven la economía mundial y fundamentan el dominio y la dependencia tecnológica, la producción y el consumo.

Siendo la Revolución Bolivariana el hecho político más relevante desde la Revolución Francesa y la institucionalización del Estado Burgués, es fácil entender esta alianza internacional en contra de un proceso que trasciende las fronteras de la Patria con un nuevo pensamiento político propuesto y desarrollado por el Comandante Chávez.

El nuevo escenario que se abrió con su muerte el 05 de marzo, nos puso de frente a la interrogante clave para la revolución bolivariana y su trascendencia en los cambios que se producen en el mundo: ¿la revolución estuvo encarnada sólo en la figura de Hugo Chávez y su carisma como líder de las clases populares y de los pueblos dominados o es un proyecto que trascendió hasta la voluntad de un pueblo que decidió ser libre e independiente?

Los resultados electorales muestran claramente la respuesta: 7 millones y medio de venezolanos se asumieron con la revolución, con la propuesta del Comandante Chávez que hoy hacen suya en esa frase emblemática: 7.505.338 venezolanos somos Chávez; el voto duro de la revolución creció y la jornada electoral del 14 de abril fue la primera vez, en estos quince años, que nos contarnos y sabemos exactamente cuántos somos y estamos comprometidos con la revolución.

La oposición contó  7.273.398 votos a su favor que sin desconocerlos, no muestran la misma solidez: su voto duro comprobado en estos 15 años es de 5.000.000 de voluntades identificadas ideológicamente con un abanico de matices que se mueve entre el fascismo y la socialdemocracia capitalista dependiente. Sus otros dos millones vienen de los que alguna vez estuvieron con el proceso según sus intereses personales o subalternos - el chavismo de conveniencia -, y que se planteó el 07 de octubre 2012  la posibilidad de la desaparición del Comandante Chávez de la vida política debido a su enfermedad, allí se fue el primer millón: Capriles sacó algo más de 6 millones de votos. Fallecido el   Comandante Chávez, en la creencia de un vacío de liderazgo y de un fraccionamiento en el pueblo chavista y bolivariano, este chavismo de conveniencia volvió a apostar por la opción de un supuesto cambio político, y se fue el otro millón que hoy suma el 49 % del electorado que participó en la jornada electoral del 14 de abril.

Estos dos millones sin embargo, tampoco son un bloque monolítico con postura política alguna, sólo tienen en común que se mueven en las conveniencias individuales o subalternas; está conformado por un sector popular secularmente excluido que en las elecciones juega a la sobrevivencia debido a sus necesidades básicas no satisfechas,  manipulable mediáticamente: son los pobres que votan por los ricos; otro sector gira en la administración pública dentro del aparato burocrático del Estado Burgués que sigue intacto con sus raíces en la Cuarta República; y finalmente un sector acomodaticio de comerciantes, empresarios y contratistas que se mueve en torno a sus intereses económicos sin ningún compromiso con el proyecto nacional de desarrollo.

Todo esto evidencia fortalezas y debilidades que es necesario analizar y debatir en esta nueva fase del proceso revolucionario, a la luz del Plan de la Patria, el proyecto socialista y la construcción del Estado Comunal, pero siempre dentro de la convicción de una fortaleza política que en la coyuntura electoral, expresa no solo una voluntad política revolucionaria en torno a la figura del Comandante Eterno, sino también un compromiso con la revolución bolivariana y con un nuevo liderazgo que se inicia con Nicolás Maduro pero compartido con 7.505.338 de revolucionarios que nos reconocemos en esa frase que nos hace grandes y victoriosos: ¡TODOS SOMOS CHAVEZ!

¡Hasta la victoria siempre!

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