Ahora o nunca

Qué culpa tienen los revolucionarios de tener la sangre roja y el corazón a la izquierda, digo identificándome con esta frase que escucho por ahí y añado, qué bueno hice en este mundo para verme recompensado al final de mis días con la vivencia del nacimiento de un nuevo orden social, humanitario y justo que solo intuía en sueños y hoy una realidad palpable en sus comienzos gracias a la llegada de Hugo Chávez uno de esos hombres excepcionales que aparecen cada cien años para despertar al pueblo.

Aunque muchos de nosotros no nacimos en un barrio pobre, ni en un rancho miserable, pero si en un hogar republicano, si nos sentimos identificados con esa mayoría aplastada durante siglos por la bota imperial del capitalismo salvaje e inhumano. Los que hoy derrotados por enésima vez y sin hacerles cargos fueron perdonados por un Presidente humanista a quien iban a asesinar el doce de Abril del dos mil dos, son los mismos facciosos vestidos de cordero que ayer masacraron a un pueblo indefenso, los mismos francotiradores de Puente Llaguno, los de la masacre de Yumare y del Caracazo simbolizados con el negro nazi de la muerte; los mismos instigadores con guarimbas fracasadas, con bombas en consulados y huelga petrolera; los mismos frailes pero con distinto sayal, asesinando a decenas de campesinos sembrando de viudas y huérfanos los campos de la patria y que ahora amparados en una constitución que da plena libertades, vuelven con sus guarismas a cortar calles y avenidas, a perseguir, a quemar y destrozar bienes del estado, a acosar con violencia a las autoridades. Y lo más terrible e imperdonable a asesinar impunemente a nueve compatriotas. Basta ya. El pueblo pide y exige justicia. No esperemos a que lo haga por su cuenta.

Así que, señores fascistas asesinos de la oposición ultra derechista no me vengan ahora con el cuento de borrón y cuenta nueva para olvidar un pasado criminal sin cuyo conocimiento no sería posible comprender el presente y mejorar el futuro. Hay que repetirlo una y mil veces sin descanso, sobre todo para aquellos revolucionarios que en las últimas elecciones ya por desidia, exceso de confianza o cantos de sirena, dejaron de cumplir con su deber patrio.

¿Qué aquí no ha ocurrido nada y que es hora de una reconciliación entre “hermanos” de ideologías antagónicas? Claro que si pasó y mucho no solo en la cuarta república sino también en la quinta. Y más si se dejan lo será en el futuro como lo presagian los que en su día en otro continente también tuvieron la desgracia de vivir los crímenes del franquismo, de conocer a un energúmeno Millán Astray con su necrófago grito “¡Viva la muerte! o a un fanatizado general Mola en sus escalofriantes palabras: “Si mi padre estuviera en las filas enemigas, le mandaría fusilar.” Que así son ellos de tolerantes, que así la democracia de la ultra derecha nazi prepotente, vengativa de uno u otro lado del Atlántico, siempre tendiendo una mano y ocultando en la otra la daga asesina para clavártela en la espalda. Por eso estamos con la verdadera izquierda que jamás aceptaría sentarse con asesinos en la misma mesa a negociar lo imposible. Seamos realistas y no nos dejemos engañar con cantos de sirena. ¿Cómo? –nos dice Unamuno- ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, y ¡adelante! ¡Adelante siempre!

Somos dos mundos dispares, una izquierda reconciliable, patriótica e igualitaria para todos los ciudadanos sin distinción de privilegios de clases sociales y una ultra derecha esclavizante, intolerable y asesina que con Pedro el Breve ya nos dio una muestra de lo que ocurriría en Venezuela si volvieran a tomar el poder.

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