El Espejo

Recordando al amigo

"Para entender las revoluciones y sus actores, debemos observarlos de cerca y juzgarlos a gran distancia" Bolívar

Bolívar dijo una vez: "Para entender las revoluciones y sus actores, debemos observarlos de cerca y juzgarlos a gran distancia". Tuve el honor de observar de cerca a Hugo Chávez, y en cuanto al tiempo de juzgarlo a gran distancia, pienso que su figura crecerá cada día más.

Estuve muy próximo a él. Lo conocí en la Academia Militar, donde mi hijo estaba bajo su mando. Luego del 4-F mantuvimos una relación constante. Lo entrevisté en la cárcel de Yare y el material desató la ira represiva del régimen.

Cuando fue liberado, se dirigió a Televen, donde le hice una entrevista emblemática. A mi pregunta de hacia dónde se dirigía ahora, contestó con impactante laconismo -el mismo del "por ahora" del 4-F-, "a la toma del poder".

Y lo cumplió en tiempo récord, al frente de un vasto movimiento de masas que acabó con la IV República.

Estuve a su lado, en el gobierno, durante ocho años: dos como canciller, uno como ministro de Defensa y cinco como vicepresidente. Fue un presidente exigente que no dejaba en paz a sus colaboradores. Hombre de una sola pieza. De infinito coraje -lo comprobé la noche de la traición, 11 de abril- y extrema lucidez en los momentos difíciles. De lealtades. De audacia infinita. Intuitivo. Sagaz. Astuto. Lector voraz y humildad franciscana.

Con un profundo sentido del humor. En la tercera edición del libro que recopila las 17 entrevistas que le hice, escribí una nota titulada "Palabra final", en la que digo: "Tengo muchos motivos para lamentar su desaparición física, dado el nexo que generó la amistad y la identificación política.

Me explico así el insólito funeral, el acompañamiento del féretro por millones de seres humanos conmovidos. De la fila interminable durante el velatorio de hombres, niños, jóvenes, profesionales, estudiantes, trabajadores, campesinos, indígenas, en fin, gente humilde, y de otros sectores sociales que creyeron en él. Que luego de su deceso creen aún más.

Lamento en lo más íntimo que no le pude hacer la entrevista que habíamos planeado. La muerte me arrebató esa posibilidad extraordinaria de lidiar una vez más con aquel coloso de la palabra, aquel inmenso ser que fue capaz de resumir lo mejor de la condición humana. No quiero pensar en su muerte.

Para mí él es vida eterna, apuntalada en el infinito amor de su pueblo". Hoy lo ratifico, en la fecha de su nacimiento -28 de julio de 1954- cuando cumpliría 59 años. El recuerdo del amigo me acompaña.

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