El cumpleañero omnipresente: Chávez contra “chaveros”

Respeto y quiero como hermanos a todos quienes conmemoraron con amor al Comandante Chávez en su fecha de nacimiento. Pero no voy a la fiesta.

Quizá por haber conocido precozmente la muerte impertinente, carezca de ánimo para templetes pos velorios. Dificulto verme sentado escuchando cómo cada cual tuvo alguna vivencia con mi difunta madre: la chismosa de la esquina contaría la primera vez que mi mamá le miró a los ojos y el vendedor de arepas sería protagonista de lo “buena gente que era la señora”.

Parece que no se han percatado de la estruendosa despedida que el “sabio y paciente” pueblo le dio al Comandante. Chávez murió en mala hora, y aún no hemos procesado la desgarradura existencial del zarpazo.
¿Por qué los canales de televisión se empeñan en hacernos la agenda diaria?
¿Acaso no se supone que estemos ocupados en construir el socialismo y enfrentar los empellones del fascismo renovado?

¿Acaso no deberíamos estar pendientes de elevar la productividad de las empresas públicas, incluida PDVSA, las básicas de Guayana y CORPOELEC, sin las cuales será imposible desarrollo alguno, ni socialista ni capitalista?
¿Acaso no debemos conjurar el boicot económico que nos clavan los enemigos con la corrupción, la especulación, la inflación, el saqueo de divisas, con beneplácito del funcionariado, la putrefacción de PDVAL, el despilfarro rentista generalizado?

¿Es por falta de creatividad? Bueno, con tanta plata gastada en lujosos estudios a lo Hollywood pudieran contratar (importar) algún importante “creativo” vestido de rojo que les invente una programación entretenida.
Pero no droguen de jolgorio la pena. Dicen que la TV aliena por vocación.

La muerte de Chávez aún no está del todo clara. Si el mismo Comandante dudó en forma razonable de las causas del fallecimiento de Bolívar dos siglos atrás, cuando no había CIA, MOSSAD ni Microchips, por qué yo no puedo cuestionar un cáncer inoportuno, inexplicable, corrosivo y certero que cegó la vida del revolucionario más importante del siglo XXI, el hombre que puso en jaque la cultura del predominio imperialista universal.

Como la mayoría de nuestro pueblo, yo nunca le falté al Comandante, ni escribí una letra irrespetándolo, ni voté en su contra; siempre, aún difiriendo de su opinión, le obedecí disciplinadamente, por eso no entiendo una celebración en su ausencia.

Este país está atapuzado de feriados. Toda fecha que otrora fue sacrificios, ahora es bochinche y holgazanería. Los nigromantes del culto seguro querrán meterle más rojos al calendario, roguemos que no lo logren. Por amor a Chávez.
Por ahora, con respeto reverencial le dedico al amado líder estas letras inmortales –como él- de Miguel Hernández.
Elegía
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

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