27-N: La increíble historia del piloto que se estrelló en la Carlota

Luis Magallanes y Nicolás Seijas

Luis Magallanes y Nicolás Seijas

Credito: Correo del Orinoco

Credito: Correo del Orinoco

27 Nov. 2012 - El 27 de noviembre de 1992 las ciudades de Caracas y Maracay se convirtieron en el escenario de la primera batalla aérea en la historia del Venezuela. En medio de los combates, el entonces teniente Luis Magallanes vivió un momento que lo puso muy cerca de la muerte. Su avión, un bimotor Bronco OV-10, fue alcanzado por varios proyectiles de alto calibre, disparados desde una batería antiaérea ubicada en Fuerte Tiuna.

A pesar de que el avión tenía el tanque de combustible perforado, Magallanes luchó desesperadamente por llevar su Bronco hasta 4 kilómetros más allá, al este de la ciudad. Su idea era llevar el aeroplano hasta la pista de la Base Aérea Francisco de Miranda en la Carlota y aterrizar allí.

El joven oficial quería evitar a toda costa estrellarse contra cualquiera de los muchos edificios de la ciudad de Caracas. Esa era una posibilidad real que implicaba un riesgo potencialmente catastrófico.

La situación era crítica, ya que además de los daños que había sufrido la aeronave, desde tierra las fuerzas leales al entonces presidente Carlos Andrés Pérez seguían abriendo fuego contra el aparato, que, como perdía altura rápidamente, se convertía en un blanco fácil.

LA VIDA EN CUATRO SEGUNDOS

Si quería salvar su vida, Magallanes debía eyectarse del avión. Y lo hizo tan solo cuatro segundos antes de que el Bronco se estrellara. Por eso, cuando salió disparado de la nave, apenas estaba a poco más de 100 metros de altura. Salir de la cabina significó sufiri un doble un impacto. Primero, el golpe causado por la explosión de la silla de eyección, que lo lanzó violentamente hacia el cielo con una fuerza de 10 gravedades para luego precipitarse en sentido contrario. Después, su cuerpo resintió el choque contra el suelo. Al producirse a tan baja altura, la violenta caída muy poco pudo ser amortiguada por el paracaídas. El el impacto fue tal que inmediatamente perdió el conocimiento.

Mientras los restos de su avión ardían en llamas, el cuerpo del teniente Magallanes quedó tendido, por varios minutos, en medio de la pista. Lejos de caer en un sitio seguro, estaba al alcance de sus adversario. Su odisea apenas comenzaba.

CAÍDO Y BAJO FUEGO

Secuencia del derribo del avión Bronco que pilotaba el teniente bolivariano
En el momento en que Magallanes se desplomó a tierra, La Carlota era el escenario de una feroz batalla en tierra. Desde la madrugada, los rebeldes bolivarianos, armados precariamente con fusiles FAL, batallaban heroicamente contra las numerosas tropas y blindados de las fuerzas de CAP, que intentaban retomar la base. Además, había francotiradores de la Disip y militares apostados en las azoteas de los edificios que rodeaban la base, y desde ahí disparaban contra todo lo que se moviera en la zona. Magallanes se había eyectado en el peor lugar posible. Si no moría por la aparatoso aterrizaje, probablemente lo matarían los disparos del enemigo. Solo era cuestión de tiempo.

No obstante, en un acto de heroísmo, uno de los insurgentes que combatía desde tierra y lo vio caer, tomó su fusil y salió en una misión de rescate suicida. Era el entonces teniente Nicolás Seijas Arrieta, quien se encontraba atrincherado con sus compañeros en el edificio del Comando General de la Aviación.

En una acción temeraria, condujo una vieja camioneta ranchera marca Ford hasta la mitad de la pista, bajo una lluvia de balas, para recoger el cuerpo. Cuando logró llegar hasta el sitio del impacto descubrió un hecho asombroso. Magallanes no solo seguía con vida, sino que ninguno de los disparos hechos en el cielo o en la tierra en su contra lo habían alcanzado; solo tenía heridas menores. Mayor fue su sorpresa, cuando el piloto caído recuperó el conocimiento y abordó por sus propios medios el vehículo.

La meta ahora era escapar de los disparos. El hangar de la Guardia Nacional en la Carlota era el refugio más cercano. Pero los disparos continuaban, y finalmente una bala de FAL logró alcanzar los e hizo estallar la ventana del vehículo. A Seijas, que estaba al volante, se le incrustaron trozos de cristal el rostro, que de inmediato se le cubrió de sangre. Aun así, se las arregló para seguir conduciendo y alcanzar con éxito a su destino. Contra todo pronóstico, la misión se había cumplido.

El teniente Luis Magallanes salvo la vida, desafiando a la muerte como nadie, para vivir y contarlo. Esta fue una de las historias más asombrosas de la insurección del 27 de Noviembre de 1992.

Actualmente, Luis Magallanes es coronel, y se desempeña como comandante de los aviones K-8. Por su parte, Nicolás Seijas es general, y continúa activo en la Fuerza Armada Nacional Boliviana.

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