Argumento histórico para una película que aún no se ha filmado

"1938: El petróleo que fue de México", de Carlos Montemayor

El libro 1938: el petróleo que fue de México y que tiene por subtítulo Argumento histórico para una película que aún no se ha filmado fue presentado por su autor Carlos Montemayor en el 2008 y coeditado por La Jornada Ediciones y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

En su presentación el autor precisó lo siguiente:

"Los argumentos y el boicot manejados por las empresas trasnacionales en 1938, durante la época de la expropiación petrolera, son muy parecidos a los pretextos utilizados hoy por el gobierno federal para privatizar Petróleos Mexicanos (Pemex), como el supuesto de no poder contar con asesoría técnica, refacciones, tecnología de punta ni capitales".

“la trama surge de una investigación documental y hemerográfica sobre los principales acontecimientos políticos, sociales y militares que ocurrieron en México y en ciertas regiones del mundo desde el 3 de enero al 31 de diciembre de 1938”.

“el proceso de privatización o de desmantelamiento de este proceso social, a la luz de estos datos, debería al menos extenderse más allá del ámbito cupular de decisiones de elite y exponerse a la participación popular”.

Carlos Montemayor (nació en Parral, Chihuahua, 13 de junio de 1947, murió en México, D.F., 28 de febrero de 2010) fue un escritor y traductor mexicano, activista social en defensa de las comunidades indígenas y de los grupos más vulnerables de su país, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua (elegido el 30 de agosto de 1984) de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas y cantante de ópera aficionado.

En esta noticia documental, aporrea .org incorpora un video denonominado "Corrido de la Expropiación", una introducción al libro del propio autor y un artículo de León Trostky escrito a casi tres meses después de la decisión del Presidente mexicano Lázaro Cárdenas (21 de mayo de 1895 - 19 de octubre de 1970):



Carlos Montemayor

1938: El petróleo que fue de México es una memoria del proceso social de la expropiación petrolera en México. La trama surge de una investigación documental y hemerográfica sobre los principales acontecimientos políticos, sociales y militares que ocurrieron en México y en ciertas regiones del mundo desde el 3 de enero al 31 de diciembre del año 1938.

El Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) apoyó esta investigación durante los últimos meses del año 1998 y los primeros de 1999 con el propósito de que se elaborara un argumento cinematográfico. Con base en este argumento histórico, Sergio Olhovich preparó en el año de 1999 un guión cinematográfico que aún no ha podido llevarse a la pantalla.

Por la relevancia de la participación ciudadana en el proceso de expropiación petrolera de 1938, me he inclinado a publicar el argumento. El lector podrá entender que se trató de un proceso social profundo y no solamente de una decisión de cúpulas políticas. Por tanto, el proceso de privatización o de desmantelamiento de este proceso social, a la luz de estos datos, debería al menos extenderse más allá del ámbito cupular de decisiones de élite y exponerse a la participación popular.
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México y el imperialismo británico (5 de junio de 1938)
León Trotski ( Ucrania 7 de noviembre de 1879 - Coyoacán, México 21 de agosto de 1940)

La campaña internacional que los círculos imperialistas están realizando sobre la expropiación de las empresas petroleras mexicanas, hecha por el gobierno, se ha distinguido por poseer todos los rasgos de las bacanales propagandísticas del imperialismo: combina la impudicia, el engaño, la especulación de la ignorancia con la certeza de su propia impunidad.

El gobierno británico inició esta campaña al declarar el boicot al petróleo mexicano. El boicot, como es sabido, siempre involucra al autoboicot y por lo tanto viene acompañado de grandes sacrificios por parte de quien lo hace. Gran Bretaña era hasta hace poco el mayor consumidor de petróleo mexicano; claro que no lo hizo por simpatía para con el pueblo mexicano, sino considerando sus propios beneficios.

El mayor consumidor de petróleo en Gran Bretaña, es el mismo estado, por su armada gigantesca y el rápido crecimiento de su fuerza aérea. El boicot del gobierno inglés al petróleo mexicano significaba, entonces, un boicot simultáneo no sólo de la industria británica, sino también de la defensa nacional. El gobierno de Mr. Chamberlain ha mostrado con una franqueza inusual que los beneficios de los ladrones capitalistas británicos están por encima de los intereses del estado. Las clases y los pueblos oprimidos deben aprender profundamente esta conclusión fundamental.

Tanto cronológica como lógicamente, el levantamiento del general Cedillo resultó de la política de Chamberlain. La Doctrina Monroe le aconseja al almirantazgo británico abstenerse de aplicar un bloqueo naval-militar a las costas mexicanas. Deben actuar por medio de agentes internos, quienes, en realidad no agitan abiertamente la bandera británica, aunque favorecen a los mismos intereses que sirve Chamberlain, los intereses de una pandilla de magnates del petróleo. Podemos estar seguros de que las negociaciones de sus agentes con el general Cedillo no se han incluido en el Libro Blanco que publicó la diplomacia británica hace pocos días. La diplomacia imperialista realiza sus principales negocios bajo el amparo del secreto.

Con el objeto de comprometer la expropiación a los ojos de la opinión pública burguesa, la presentan como una medida "comunista".

Se combina aquí la ignorancia histórica con el engaño consciente. El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mexicana en esta etapa. Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración. Bajo estas condiciones, la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia.
Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro. La revolución mexicana está ahora realizando el mismo trabajo que, por ejemplo, hicieron los Estados Unidos de Norteamérica en tres cuartos de siglo, empezando con la Guerra Revolucionaria de la Independencia y terminado con la Guerra Civil por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional. El gobierno británico no sólo hizo todo lo posible a finales del siglo XVIII para retener a los Estados Unidos bajo la categoría de colonia, sino que más tarde, durante los años de la Guerra Civil, apoyó a los esclavistas del sur contra los abolicionistas del norte, esforzándose, en beneficio de sus intereses imperialistas, en hundir a la joven república, en un estado de atraso económico y de desunión nacional.

También para los Chamberlains de ese tiempo, la expropiación de los esclavistas aparecía como una diabólica medida "bolchevique". En realidad, la tarea histórica de los del norte consistía en limpiar el terreno para un desarrollo de la sociedad burguesa democrático e independiente. Precisamente esta tarea está siendo resuelta en esta etapa por el gobierno de México. El general Cárdenas es uno de esos hombres de estado, en su país, que han realizado tareas comparables a las de Washington, Jefferson, Abraham Lincoln y el general Grant. Y, por supuesto, no es accidental que el gobierno británico, también en este caso se encuentre a sí mismo al otro lado de la trinchera histórica. Por absurdo que parezca, la prensa mundial, y particularmente la francesa, continúa arrastrando mi nombre alrededor de la expropiación de la industria petrolera. Si ya he negado esta estupidez, no es porque le tema a la "responsabilidad", como insinuó un locuaz agente de la GPU. Al contrario, consideraría un honor asumir, aunque fuera una parte, de la responsabilidad de esta medida valerosa y progresista del gobierno mexicano. Pero no tengo las menores bases para ello. Supe por primera vez del decreto de expropiación por los periódicos. Pero, naturalmente, esta no es la cuestión.
Se proponen dos metas al involucrar mi nombre. Primero, los organizadores de la campaña desean impartirle a la expropiación un colorido "bolchevique". Segundo, se proponen darle un golpe al respeto nacional de México. Los imperialistas se empeñan en presentar el hecho como si los hombres de estado mexicano fueran incapaces de determinar su propio camino. ¡Una psicología esclavista hereditaria, indigna y mezquina! Precisamente porque México todavía hoy pertenece a aquellas naciones atrasadas, que apenas ahora se ven impulsadas a luchar por su independencia, se engendran ideas más audaces en sus hombres de estado que la que corresponde a las escorias conservadoras de un gran pasado. ¡Hemos presenciado fenómenos similares en la historia más de una vez!

El semanario francés Marianne, un destacado órgano del Frente Popular francés, llegó a asegurar que en la cuestión del petróleo el gobierno del general Cárdenas actuó no sólo con Trotsky, sino también... a favor de los intereses de Hitler. Como pueden ver, se trata de privar del petróleo, en caso de guerra, a las grandes "democracias" de corazón y, como contrapartida, suplir a Alemania y a otras naciones fascistas. Esto no es ni una pizca más sensato que los Juicios de Moscú. La humanidad se entera, no sin asombro, que a Gran Bretaña se le ha privado del petróleo mexicano por la mala voluntad del general Cárdenas y no por el propio boicot de Chamberlain. Pero entonces, las "democracias" plantean una forma simple de paralizar el complot "fascista": ¡déjenlos comprar petróleo mexicano, una vez más petróleo mexicano y de nuevo petróleo mexicano! Para cualquier persona honesta y sensible estaría ahora fuera de toda duda que si México se encontrase forzado a vender oro líquido a los países fascistas, la responsabilidad de este acto recaería total y completamente sobre los gobiernos de las "democracias" imperialistas.

Detrás de Marianne y su gente están los instigadores de Moscú. Esto parece absurdo a primera vista, ya que otros instigadores de la misma escuela utilizan libretos diametralmente opuestos. Pero todo el secreto está en el hecho de que los amigos de la GPU adaptan sus puntos de vista a las graduaciones geográficas de latitud y longitud. Si algunos de ellos les prometen apoyo a México, otros pintan al general Cárdenas como aliado de Hitler. Desde el último punto de vista, la rebelión del petróleo de Cárdenas debería de ser vista, según parece, como una lucha en favor de los intereses de la democracia mundial.

Sin embargo, abandonemos a su propia suerte a los payasos e intrigantes. No estamos pensando en ellos sino en los obreros con conciencia de clase del mundo entero. Sin sucumbir a las ilusiones y sin temer a las calumnias, los obreros avanzados apoyarán completamente al pueblo mexicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista. Por supuesto, Marx no consideró que Abraham Lincoln fuese un comunista; esto, sin embargo, no le impidió a Marx tener la más profunda simpatía por la lucha que Lincoln dirigió. La Primera Internacional le envió al presidente de la Guerra Civil un mensaje de felicitación, y Lincoln, en su respuesta, agradeció inmensamente este apoyo moral.

El proletariado internacional no tiene ninguna razón para identificar su programa con el programa del gobierno mexicano. Los revolucionarios no tienen ninguna necesidad de cambiar de color y de rendir pleitesía a la manera de la escuela de cortesanos de la GPU, quienes, en un momento de peligro, venden y traicionan al más débil. Sin renunciar a su propia identidad, todas las organizaciones honestas de la clase obrera en el mundo entero, y principalmente en Gran Bretaña, tienen el deber de asumir una posición irreconciliable contra los ladrones imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus aúlicos fascistas. La causa de México, como la causa de España, como la causa de China, es la causa de la clase obrera internacional. La lucha por el petróleo mexicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos.

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