El drama de la Administración Pública

El actual momento político no permite vacilaciones. La revolución debe avanzar y consolidarse como una opción de vida y de futuro y sobre todo de futuro para nuestros hijos. La consecución de estos objetivos no es tarea fácil y por el contrario en el camino se presentan vicisitudes y obstáculos de todo tipo, principalmente humanos y éstos deben ser superados mediante la educación revolucionaria de nuestro pueblo. Altusser en su celebre obra Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado, desnuda las dos herramientas que el capitalismo posee para dominar al pueblo. Uno es represivo, representado por las fuerzas de orden y el otro es ideológico, mediante la educación. En Venezuela habíamos tenido hasta hace unos pocos años un sistema educativo reproductor de los valores y principios del capitalismo, en consecuencia nuestra educación nos ha formado para ser ideológicamente afines al capitalismo y si algún cabeza caliente se atrevía a desafiar el sistema, “Pum” toma tu tomate, sino me creen revisen el caso de Noel Rodríguez y tantos otros que como a él, los esbirros de la cuarta los llevaron derechito al barrio de los acostados.

Nuestra revolución chavista alcanzó el poder por la vía pacífica y de ese modo se han venido instrumentando los cambios. No hemos contado con la libertad de actuar que brindan las revoluciones violentas, de allí que nuestra administración pública se encuentre plagada de antirrevolucionarios, escuálidos, adecos, copeyanos, y demás tendencias posibles; eso en si mismo no representa un problema por el contrario es expresión de la variopinta política venezolana y de la democracia chavista donde todos tenemos un espacio. Ahora bien, el problema radica en que algunas instituciones del estado que queremos transformar están siendo dirigidas por personas antirrevolucionarias y sin ninguna preparación sociopolítica que pueda atender las demandadas exigidas por un cargo de esta envergadura.

Como consecuencia de carecer de una educación revolucionaria y por ende de una conciencia revolucionaria, estos personajes son inapropiados para ostentar esos cargos, su actuación es perversa en las instituciones publicas, ellos mismos se pagan y dan el vuelto, se ausentan de sus deberes por meses con insólitos permisos remunerados (estafando al estado), irrespetan a sus compañeros porque se creen superiores, su compromiso con la revolución no pasa de ponerse su camisa roja cuando el jefe los ve, porque si es por ellos evitan asistir a las marchas y a cualquier manifestación de apoyo al presidente, porque va mucha chusma y además Chávez les huele fó, y para colmo ay de sus subordinados si alguno se le ocurre ir en apoyo al presidente.

Ahora que el presidente está ratificado por la elección popular debemos avanzar con pie de plomo en la formación sociopolítica del personal directivo de nuestras instituciones. Basta de escuálidos enquistados en posiciones relevantes dentro de la administración pública revolucionaria. Yo quisiera saber _dios nos libre_ cuántos revolucionarios o revolucionarias tendrían un cargo de dirección, así fuese como asistente, en un gobierno de derecha: ninguno. Entonces no entiendo porque sí debemos admitirlo nosotros, es absurdo. Y ojo no trabajo para el estado.

Por tanto, es imperioso comenzar a preparar a los cuadros que asumirán las riendas del estado para transformarlo y profundizar la Revolución Bolivariana en pro del pueblo. En todo caso: simple y sencillo, mi deseo es que todos los directores y directoras de la administración pública asuman el mismo compromiso que Chávez a asumido para con la redención del pueblo.


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