Contrarrevolucionarios en puestos claves buscan desangrar a nuestra Patria

¿Cuántas veces no hemos oído hablar de la presencia de un contrarrevolucionario haciendo daño en un alto cargo y al mismo la impotencia de un camarada (sin padrino poderoso) que prefiere no denunciar porque sabe que no le harán caso, sino que más bien terminará siendo él mismo ajusticiado, ya sea, política o laboralmente?

No se sabe quién es peor: Si el infiltrado que trabaja dentro del gobierno para destruir la revolución o el amigo “revolucionario” que lo contrata (y lo mantiene en el cargo a sabiendas del daño que causa).

Si queremos cambiar toda esta situación que pone en grave riesgo la reputación de la Revolución Bolivariana, es necesario dar un salto cualitativo en la valoración de la denuncia popular.

Que nuestra gente no sienta miedo de denunciar a los maleantes de cuello blanco dentro de las instituciones públicas y que se generen garantías visibles y suficientes para que los humildes no sufran represalias. De lo contrario el fantasma de la boliburguesía creado por los antichavistas, se terminará convirtiendo en una amarga realidad palpable que le pondrá trágico final al actual ensayo socialista.

Reflexionemos. Originalmente, la corrupción es una práctica del capitalismo porque se inspira en desprecio y odio contra el pueblo, así como el propósito de arrebatar lo conquistado honestamente a través del trabajo colectivo. De allí la loable iniciativa el Presidente Nicolás Maduro al activar todos los mecanismos del Estado para combatir y eliminar esta nefasta calamidad de la ambición burguesa.

Indubitablemente, la corrupción es un delito extremadamente repudiable contra la sociedad porque deja a adultos mayores sin pensión, a pacientes sin medicinas y a niños sin educación. Asimismo opera como agravante que sus autores sean personas en quienes fue depositada la misión de servir al pueblo.

A todas luces, el Patrimonio Público es el tesoro que permite el buen vivir. Por ejemplo, el petróleo extraído del subsuelo y procesado por los obreros de la industria, es luego distribuido a todos los venezolanos. Por tal motivo, la lucha contra la corrupción requiere el combate de los poderes públicos contra las desviaciones de los malos administradores.

Tengamos la certeza de que si se escucha al pueblo, es posible detectar los escondites y trampas de miles de burócratas que dañan el prestigio del proceso bolivariano mediante conductas indignas. Los bienes de la nación son fruto del trabajo del pueblo y un esfuerzo colectivo que se transforma en la reserva de la cual todos somos propietarios.

Con tanto paracaidista disfrazado y delincuente político haciendo daño al interés nacional dentro la administración pública, a veces pareciera que los infiltrados en las instituciones somos los revolucionarios.


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