Fascistas pobres

Es una candidez pretender que con logros la derecha pueda llegar a valorar al socialismo…

Los miles de pobres, clase media y ciudadanos de a pie, que votaron por el candidato de la MUD no tienen conciencia de clase, pero son fascistas, con todo lo que el término implica.

Por lo tanto, pretender que cambien su punto de vista resulta poco probable, puesto que más allá de las campañas mediáticas, del marketing, de las fallas de proceso bolivariano o de la ausencia del Comandante Chávez, el razonamiento de estos 7.000.000 venezolanos votantes es clasista, aunque vaya en contra de aproximadamente un 90 % de los mismos, puesto que no puede haber 7.000.000 Oligarcas en la República Bolivariana de Venezuela.

Se dice que es por falta de trabajo ideológico, pero éste implica además de receptividad, un cierto grado de compromiso, detalles de los cuales adolece gran parte del pueblo venezolano, al extremo que pudiera decirse comparativamente hablando , que la gran diferencia entre el golpe de estado de 2002 y la situación política actual de nuestro país, reside en que la mayoría de los fascistas pobres que hoy arden de odio y rencor contra el chavismo, en el 2002 no tenían nada, eran marginados, sin instrucción ni sustento, sin salud ni vivienda, sin alimento, sin trabajo… Son los mismos que hoy por hoy, constituyen una buena parte del muy beneficiado sustrato de la clase media.

Grupo social bastante ampliado, porque durante la gestión del Presidente Chávez, se vio muy favorecido debido a que las políticas implementadas permitieron a mucho pobre y marginado, subir a clase media, y a los clase media, vapuleados otrora época de la IV República, les permitió consolidarse y rescatar la ya inexistente clase media alta, es decir, recuperar su bienestar previernes negro.

Sin embargo, el grueso de la población perteneciente a estos sectores, lejos de valorar el bienestar alcanzado durante la V República, constituye actualmente un nada despreciable porcentaje de malagradecidos fascistas pobres, dependientes de las misiones creadas por el gobierno bolivariano o adscritos a algún ente gubernamental, asalariados con aires burgueses, que como buenos ignorantes de su realidad, claman por un paquetazo memorable como el de Carlos Andrés Pérez en 1989.

Queda claro que los términos como diálogo o conciliación son incompatibles entre derecha e izquierda o entre caprilismo y chavismo, pues constituyen visiones opuestas en la concepción del mundo. Ambas visiones se encuentran totalmente contrapuestas ya que sus postulados son de naturalezas irreconciliables, es decir, no tienen ningún punto en común, por lo tanto, suponer que puedan dialogar o establecer algún tipo de acuerdo constituye un acto fuera de lugar, no acorde con las circunstancias, pues con la derecha no se pacta y la historia así nos lo ha demostrado muchas veces.

Decir que quienes votan por la derecha lo hacen confundidos, es pecar, no solo de inocentes, sino además de ingenuos. Es un eufemismo pretender que los estados de odio puedan ser transitorios, como una especie de demencia temporal, pues de los mismos salen las expresiones xenófobas y nacionalistas recalcitrantes, característicos del fascismo.

Este es un problema de lucha de clases, por esa razón, la oligarquía y el verdadero burgués, sí tienen conciencia de clase, defienden sus intereses unilateralmente y mantienen su fuerza de grupo bien cohesionada, sin titubeos, ellos no se dispersan nunca. Para ellos el pobre no es gente, cuando mucho es un proletario más, potencialmente explotable, que obviamente no tiene cabida en las esferas oligárquico-burguesas.



Pobre del pobre que no solo adolece de conciencia de clase, sino que además, al sentirse lo que no es, vota por el oligarca y el burgués, garantizándoles su bienestar de clase, sin que estos se percaten de que tan siquiera existe; peor aún, aparte de explotarlo desde siempre, le utilizan para obtener su voto, se benefician del él aunque le aborrecen por ser lo que es.


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