UBV 9 años después... ¿y?

UBV 9 AÑOS DESPUÉS… ¿Y?

“Cuando pienso en la mecánica del poder, pienso en su forma capilar de existencia, en el punto en el que el poder encuentra el núcleo mismo de los individuos, alcanza su cuerpo, se inserta en sus gestos, actitudes, sus discursos, su aprendizaje, su vida cotidiana.”

Michel Foucault

Al momento de hacer un balance de gestión en la UBV, hay que tomar en cuenta que apenas esta universidad tiene 9 años de vida. Hay que recordar que la denominada “Casa de los saberes” se erigió, así se establece desde el Documento Rector (lo propio han sostenido los discursos oficiales de las 6 autoridades rectorales que ha tenido en apenas 9 años de vida) como un bastión para la educación transformadora, para la emergencia de nuevas discursividades académicas y formativas; lo que a la postre traería consigo nuevos vectores en todo el andamiaje político, social y cultural del país. Eso quiere decir que sus objetivos son lo suficientemente ambiciosos como para querer obtener resultados a tan corto plazo.

Ahora bien, lo que sí se puede hacer es intentar ver en qué punto está la UBV, cómo ha ido labrando ese camino para la emergencia de una universidad otra. Sobre todo, en el entendido que esa universidad otra debe enfrentar las lógicas profundamente instaladas en todo el aparato universitario nacional y con su consecuente correlato en la dinámica social del país. En este punto, la UBV está en franca desventaja por dos razones que explicaré a continuación.

En primer lugar la infraestructura de la universidad es precaria en todas y cada una de sus sedes (eso sin incluir a las aldeas dependientes de Misión sucre, donde las condiciones son aún más precarias). Hablemos de elementalidades: visualmente, no hay mayores cosas qué mostrar, la UBV no tiene un campus universitario (sin que ello suene a aburguesamiento, claro que no). La noción del campus universitario supone de ciertas condiciones físicas para el estudio, de cierta estética universitaria que permita la formación al más alto nivel académico y con verdadero sentido patriótico, más allá de un par de frases entusiastas y pegajosas.

Exigir una infraestructura digna no es un asunto de la “pequeña burguesía académica”, aunque a ciertas mentalidades burocráticas le vendría bien zanjar el debate de la infraestructura aduciendo cosas como esas, que el campus universitario es una petición pequeño burguesa; obviando, por ejemplo, que la Universidad de La Habana cuenta con uno de los campus universitarios más hermosos del caribe. Suponiendo que tal argumento sea válido, que en efecto, exigir un campus universitario es un asunto pequeñoburgués, pero entonces qué hacemos con los salones sucios que en muchos casos tienen semanas o meses en condiciones innombrables. ¿Qué hacemos con los salones sin sillas ni mesas? ¿Pedir sillas y mesas para las aulas de clases es un asunto pequeñoburgués? ¿Pedir transporte para los chamos de Vargas es una exquisitez, una suerte de extravagancia propia de las estrellas de Rock? Hablo de la sede Caracas, no conozco la realidad de nuestra (muy) masificada universidad, pero no es muy extraño pensar que en las otras sedes las carencias vayan por el mismo orden.

¿Cómo generar cultura universitaria si nuestro estudiantado es de paso?, es decir, entra y sale de la universidad pues ésta no le provee de elementos para el disfrute, para el solaz, para hacer vida universitaria. La cultura universitaria se genera a partir de la permanencia en los espacios universitarios; en sus anfiteatros, en las aulas de debate, en el cine universitario, en sus bibliotecas, en sus áreas verdes, en sus talleres de teatro, de arte, de música, en fin, son esos los espacios donde el estudiante va creando espíritu universitario real, allí y así es que deviene ubevista; se va macerando de a poco eso que llaman sentido de pertenencia. Un proyecto universitario como el de la UBV debió plantearse estos asuntos. Ya está visto que no basta con la inclusión física, ahora, y más importante, es la inclusión espiritual; que los estudiantes sientan que la UBV es un espacio amable para el estudio al más alto nivel.

Es que pensar en la inclusión sin siquiera tener una biblioteca fue una aventura universitaria poco responsable. La UBV fue creada en 2003, es decir, a 4 años de haber llegado Chávez a la Presidencia; de 1999 a 2004 (y con la mirada puesta en la verdadera transformación universitaria) se hubiesen hecho por lo menos cuatro buenos campus universitarios con todo: comedores, anfiteatros, canchas deportivas, gimnasios, áreas verdes, teatros, un par e salas de cine, laboratorios y talleres, sala de profesores, cubículos para los docentes, cantinas; de igual forma se hubiese hecho un trabajo para dotarla de insumos suficientes para el estudio y la investigación. No fue así. La gente ve clases porque existen unos salones y porque un profesor les da clases; más allá de eso, el estudiante se va a casa.

Si se hubiesen hecho esos cuatro o cinco campus universitarios seguramente el asunto de la inclusión sería otro. Esos cuatro o cinco campus universitarios estarían distribuidos así, según creo: uno para la región central: Miranda o Caracas; otro en los llanos: Apure, Portuguesa o Guárico. El otro campus estaría en Falcón o Zulia; finalmente, el otro gran campus universitario estaría en Nueva Esparta o Sucre. Con una matrícula de 150 mil estudiantes distribuidos en todos los campus. Allí sí hubiésemos pensado de forma trascendente aquello de la transformación universitaria.

En correspondencia con la falta de una estructura física acorde con lo que se supone es una universidad de vanguardia, está el asunto de la dotación de equipos técnicos; sólo para citar, el PFG en Comunicación Social pueda que tenga algunos insumos muy básicos en la sede Caracas (sólo los más esenciales, tal vez un poco menos), pero el resto de las sedes no puede decir lo mismo (las aldeas de MS subsisten casi sin recursos audiovisuales); esto nos coloca en franca desventaja con instituciones donde también (y a su manera) se forman comunicadores sociales. Pero el asunto va más allá, cuando inicié mis labores en la UBV-Bolívar hace más de 8 años, recuerdo que en el primer semestre histórico se nos proporcionó un kit con borradores y marcadores de pizarra acrílica; hace años, muchos quizá, que ya ni eso se ve. Preguntas: ¿Hay impresoras para que los docentes puedan imprimir sus evaluaciones? ¿Hay Internet inalámbrico para que todo el que desee conectarse lo haga sin más limitaciones? ¿Cuál es estado de los baños? ¿La biblioteca para cuándo es?

El otro punto está en concomitancia con lo anterior y tiene que ver con las formas de gestionar el conocimiento. No puede ser que la UBV no apoye de forma decidida a sus investigadores e investigadoras. Conozco a más de un colega que ha tenido que irse a estudiar fuera sin tener el más mínimo apoyo institucional, más allá de un risible y penoso PERMISO NO REMUNERADO. Colegas que van por el mundo en representación de su universidad y que ésta no los acompaña decididamente. No hay una política académica bien direccionada que se exprese en investigaciones que entronquen con los grandes planes nacionales. En algunos casos, los docentes investigan porque les da la gana, no porque haya planes y programas que incentiven a los investigadores. Docente que no investiga no es un docente de vanguardia; podrá a duras penas ser un dador de clases, pero de su acción en el aula no provendrán las nuevas mentes que echen a andar la patria nueva y necesaria. Se investiga para formar a las nuevas vanguardias; en vano tendremos campus universitarios con las mejores instalaciones y con todos los insumos para el desarrollo intelectual y político de los estudiantes si no hay docentes que sean capaces de investigar y producir conocimientos útiles al país. En este sentido soy irreductible. No le doy cabida a los pensamientos “débiles”, justificadores de cualquier disparate académico, de cuanto dislate universitario se le ocurra a alguien por ahí.

¿Qué puede exhibir la UBV como logro más allá de haber incluido a un montón de personas a las aulas universitarias, con todo y el panorama que ya hemos intentado dibujar en este texto? No mucho. ¿Qué nuevas edificaciones se están haciendo? ¿Qué gestión de lo académico-formativo puede mostrarle al país? ¿Cuántas revistas científicas y arbitradas tiene la UBV 9 años después de su fundación?

Mientras ello acontece, mientras nos aprestamos para celebrar otro aniversario de “La casa de lo saberes”, sucede que seguimos adelante y no nos detenemos a evaluar procesos, dinámicas y lógicas, como si realmente los pasos dados hayan sido los más adecuados en términos políticos y académicos. Tratemos de desmenuzar bien estas dos categorías a la luz de lo que hoy tenemos. Inicialmente, tratemos de entender lo político en la universidad en términos de un programa estratégico para la proyección de una dinámica universitaria capaz de servir como palanca para dar al traste con la sociedad que hemos heredado. En ese sentido, lo político iría acompañado con el fortalecimiento ideológico de nuestros cuadros, es decir, de nuestros estudiantes. Acá me gustaría parafrasear a Gramsci: No basta con decir que se es chavista, hay que hacerse chavista. Ello quiere decir que el trabajo, más allá de las marchas y las convocatorias, tiene que ver con el fortalecimiento del universo ideo-cultural de nuestros estudiantes, sobre todo para que se sientan comprometidos desde dentro, desde el convencimiento radical, ontológicamente radical. Eso se traduce en la formación de los docentes, formación sólida en todo sentido: desde lo académico formal, hasta lo político-ideológico. En eso, la “Casa de los saberes” debió ser irreductible. Los docentes mejores formados en esas dos grandes dimensiones (política y académica) serían los que realmente se encargarían de la formación de nuestros estudiantes y no otros.

El tema es que la UBV es conservadora, no dice, no habla, no palpita, nadie levanta la voz; es la universidad que más enarbola el pensamiento crítico (en discursos y proclamas), pero que no se manifiesta en grandes asambleas, en bullicios confrontativos ya no solo contra el capitalismo cualquiera sea su signo, sino que es incapaz de discutirse a sí misma, de discutir, por ejemplo, la impermanencia que nos aplasta, que nos consume y nos anula. Somos la universidad de la fugacidad, de la impermanencia, del cambio insustancial constante: UBV 21 vino y se fue (¿Qué balance hay de ese proceso?), Centros de Estudios florecen en papeles casi que mensualmente, aún no he visto la primera revista surgida de esos varios Centros de Estudios.

Lo político no puede ser una moneda de uso corriente, sin sonoridad, sin sustancia. Lo político no puede traducirse en una marcha, una convocatoria o un par de frases entusiastas. Hay que formar la conciencia política de nuestros estudiantes, para que cuando marchen y arenguen, lo hagan porque están convencidos del modelo, de la acción transformadora que intenta impulsar Chávez. El asunto es complejo porque también pasa que las visiones electoreras están de por medio; a veces estas visiones de corto vuelo y de bajo calado, se posicionan como si fuesen realmente acciones políticas y eso (ya lo sabemos) no es así.

Por el lado de lo académico no es mucho lo que pueda decir. Me gustaría preguntarle a las autoridades de la UBV si cuando estudiaron en el exterior no tenían bibliotecas, sólo por aludir a algo que a mi modo de ver es sustancial para cualquier universidad del mundo sea del signo político que sea; simple.

Inciso único: ¿Cómo está la UBV en “numeritos”? ¿Hay número y estadísticas respecto a la deserción escolar? ¿Cuántos ingresan, cómo ingresan, cuántos egresan y en qué condiciones? ¿Cuáles son las nuevas infraestructuras que puede exhibir la UBV en estos 9 años? ¿Cuál es el estado de los autobuses en sede Caracas? ¿Y las canchas deportivas?

Un acto enunciativo al modo de: “Soy ubevista”, ¿qué hilos y fibras internas debe levantar? ¿Qué elementos objetivos y subjetivos permiten generar esos lazos empáticos entre la institución y sus valores con sus estudiantes? ¿Qué permite generar ese vínculo unitario entre una institución y sus integrantes, cómo se generan esos vínculos filiales, de pertenencia? Pongamos esto en breve perspectiva y tratar de ver cómo esos posibles lazos empáticos, parentales y de pertenencia se ven obstruidos profundamente por la propia institución.

Ejemplo: Un docente ganó la posibilidad de una estancia doctoral en, pongamos por caso, Argentina. Este docente sería un representante de su universidad en ese escenario académico. Una universidad lo menos que puede hacer es darle todo el apoyo a sus profesores para que puedan investigar y desarrollarse en otros contextos. Sin embargo, ya para ir aterrizando el asunto, la UBV se limita a dar un PERMISO NO REMUNERADO; es decir, no sólo te privan de tu sueldo mientras estés preparándote en el exterior, que ya es una medida profundamente reaccionaria y retrógrada, sino que te privan de tu Seguro de Salud y por extensión, como si fuera poco, también sacan a tus padres. Adicionalmente, ante la imposibilidad de algún tipo de financiamiento (beca o crédito) por parte del Estado (Fundayacucho te niega la beca), el profesor ubevista se ve en la necesidad de echar mano de su Caja de Ahorro, retira todos sus ahorros y además debe retirar el 75% de sus Prestaciones Sociales para poder cubrir toda la estancia doctoral allá en el cono sur. Cuando ese docente llegue al país e intente comprar su “casita”, cae en cuenta que está en bancarrota. Mientras que otro investigador que al igual que él está en la misma estancia doctoral, pero pertenece a otra universidad, pongamos por caso, LUZ, sí tiene el apoyo institucional que en estos casos se requiere; entonces, el docente ubevista nota que a este otro colega su universidad le pagó la estancia doctoral, le mantuvo intacto su sueldo (y la incidencia que éste tiene en sus prestaciones sociales) y además, le paga los pasajes aéreos internos cuando retorna a Venezuela; asimismo, su universidad le proporciona un dinero para que pueda adquirir bibliografía actualizada. Ambos panoramas son diferentes, sin dudas. Ciertamente, las comparaciones además de odiosas, son, más de las veces, incómodas.

El presidente Chávez ha sido insistente, últimamente, en decir que “Venezuela será una potencia”; la pregunta que me asalta es la siguiente: ¿Con qué universidades vamos a ser una potencia, tal y como dice Chávez? No voy a entrar a discutir, por ahora, eso de ser potencia, es un asunto que no viene al caso en este escrito. Ahora bien, ser potencia supone la emergencia de una intelectualidad orgánica funcional a un proyecto de país radicalmente diferente al que hemos heredado. Esa nueva racionalidad ética, intelectual y política debe surgir de universidades sólidas, imperturbables por los vaivenes y miserias de partidos políticos de turno. La universidad se debe subordinar a los más altos principios de la patria y no a los principios de un partido político. Ello demanda más desafíos y más trabajo, es cierto, pero hay que hacerlo si de verdad se desea ser “potencia mundial”.

Como el asunto va por el lado de “ser potencia”, entonces hablemos de algunas de ellas. Alemania con un poco más de 85 millones de habitantes tiene 2 millones de estudiantes universitarios. Francia con una población de 67 millones de habitantes tiene una matrícula estudiantil de 2 millones; mientras que el Reino Unido tiene 1.9 millones de estudiantes universitarios con una población de 62 millones de habitantes. Venezuela tiene 2. 340.000 estudiantes universitarios, con una población de poco menos de 29 millones de habitante. Eso coloca a Venezuela, según cifras oficiales, en el 5to país con mayor matrícula estudiantil del mundo y el segundo en América Latina (Cuba está en el primer lugar en ambos casos). El asunto es ver si la elocuencia de esas cifras va aparejada con las nuevas condiciones que permitan la emergencia de esa nueva racionalidad ética, política e intelectual que logre romperle el espinazo a la tradición universitaria nacional y que a la postre pueda servir de palanca para el desarrollo integral de la patria; aún más, ver si por ejemplo, esos nuevos escenarios universitarios como la UBV, UNEFA y Misión Sucre están haciendo algún tipo de investigación y si es así, ver dónde están circulando, saber cuál es la política editorial de esas universidades. ¿Puede un profesor de la Misión Sucre verse, ubicarse, encontrarse en la Ley de Universidades? ¿Qué compromisos tiene este profesor de la Misión Sucre y con qué institucionalidad? Son dos preguntas que alguien, de veras, y en honor a la verdad y a la cordura, debe responder. Alemania, Francia y el Reino Unido son potencias (aún me queda la duda de si en verdad queremos ser potencias) que tienen una larguísima tradición universitaria, es cierto. No obstante nosotros debemos apuntar alto si de verdad queremos ser potencias en algún sentido.

Entre tanto, con qué dimensiones o indicadores se mide la eficiencia de una política universitaria nacional como la UBV, la UNEFA y la MS. ¿Por su productividad científica? ¿Por los altos índices bibliométricos? ¿Por su infraestructura? ¿Por un coeficiente que permita condensar las dimensiones anteriores? ¿Qué elementos permiten dar cuenta de un desarrollo universitario realmente distinto en lo programático, político y académico? Más aún, con qué otras universidades podemos contrastarnos y desde qué dimensiones se puede dar cuenta de los avances de estas nuevas universidades. El asunto no puede ir por el lado de los enunciados celebratorios sin mayor resonancia sustantiva, es decir, no bastan los esfuerzos propagandístico para hacer la transformación universitaria; de hecho, la frase: “9 años transformando la educación universitaria” tendría que ser profundamente interpelada, sobre todo cuando incluimos una pregunta-variable ¿Qué se está transformando más allá de la inclusión desigual e indiferenciada? ¿Esa transformación en qué se expresa concretamente? No es bueno colocar la carreta (las celebraciones y discursos propagandísticos) por delante de los caballos (algunos resultados concretos).

La noción de inclusión desigual e indiferenciada la escuché de boca de Dra. Rossana Reguillo hace un par de semanas en Montevideo. La connotada investigadora mexicana dejaba entrever que la inclusión no puede ser un asunto a medias, sin visión integral y con miras a romper los viejos vicios estructurales del capitalismo. De tal forma que incluir a los pobres en los programas sociales, según Reguillo, debe estar acompañado de políticas gubernamentales serias y trascendentes. Adelantaba además la investigadora, que si la inclusión se hace a medias (desigual e indiferenciada), esto podría generar peores apartamientos, exclusiones más atroces aún que las del propio sistema capitalista. Esto es particularmente importante en el campo de la educación universitaria; un estudiante de alguna aldea de la MS, supongamos de Antímano o Carapita, seguramente no tiene las mismas condiciones de estudios objetivas y subjetivas que las de un joven que estudia en la Universidad Simón Bolívar. En primer lugar, las condiciones socio-históricas de unos y otros son diferentes, priva allí lo que Bourdieu llamó el capital cultural. Por otro lado, las condiciones materiales de la aldea son radicalmente diferentes a las del campus universitario de la USB. De igual forma, el docente de la USB puede ubicarse en un escalafón, goza de un sueldo y además tiene sus prestaciones sociales y todos los beneficios que puede gozar un profesor ordinario (en el caso de que así sea). El de la MS ni siquiera se puede ver en la Ley de Universidades. No goza de prestaciones sociales, ni de seguro médico, ni de vacaciones ni de otro montón de prerrogativas contempladas en la Ley. Definitivamente cuando hablamos de uno y otro estudiante, vemos que la inclusión del estudiante de la MS no es igual, ni de lejos, a la del estudiante de la USB.

Fue Gramsci, haciendo lectura de Marx, quien dijo que la cultura popular (sic) es, en buena medida, un reflejo de lo que Bourdieu denominó la alta cultura (burguesía al modo marxiano). Mi asunto con la universidad es muy simple, de una sencillez escolar, básica, primaria: la UBV debe ser una instancia académico-política (como toda universidad del mundo) que logre romper con las lógicas de la dominación; lógicas que por cierto (y ante la miopía de una teoría política que no puede dar cuenta de los nuevos formatos de dominio) están imbricadas en la base social, es más, ya no desde una visión externalista del poder, sino desde una visión internalista de la hegemonía: el poder y la sumisión no están fuera, están cocidos al espíritu humano, a las subjetividades compulsivas de los tiempos que corren. De tal forma que nuestra universidad debe estar dispuesta a dar esa batalla. Eso no se logra con cifras secas y rimbombantes, con discursos celebratorios debido a graduaciones masivas (posiblemente la UBV y MS han graduado más abogados, sólo por citar, que la ULA, LUZ y UCV juntas en los últimos 20 años). Mi dilema es sencillo: la educación universitaria no es masificable; no se puede pretender creer que la consecuencia natural del bachillerato deba ser la universidad, sobre todo una universidad que tiene la obligación de partirle el espinazo al orden de cosas que hemos heredado de la modernidad. Desde luego que no apuesto a la reproducción de las lógicas académicas medioevales que tanto gustan a las universidades tradicionales, tampoco veo el cambio en códigos academicistas; no. Lo que no se puede permitir es que la lógica de la masividad termine por imponerse por encima de la lógica de las vanguardias, de los intelectuales orgánicos.

La UCV, por ejemplo, cumple un rol social importante, rol que es absolutamente funcional al orden de cosas heredado: capitalismo en todas sus formas. Es decir, en buena medida, sus egresados están casados con una forma de ser-sentir profesional que tributa al orden hegemónico. En ese sentido, es lógico que toda la estructura curricular (en sentido amplio) esté basada en la reproducción de modelos universitarios medioevales: Bolonia y Salamanca (este último fue el modelo que nos llegó a estas tierras: universidad napoleónica-profesionalizante). En síntesis, de la UCV salen los profesionales orgánicos de derecha. Ellos no están para criticar las lógicas de dominio, ellos están para ser eficientes y eficaces al momento de hacer su tarea: ser productivos, eficientes y capaces (las nomenclaturas no son fortuitas, ellas dan cuenta de una categoría que las cubre: meritocracia). Desde luego que el camino de la UBV debe ser radicalmente contrario, pero por contrario no debe ser entendido una especie de “caimanera académica”, por una suerte de pedagogía de la lástima que confunde inclusión con misericordia académica. De hecho, la UBV no reprueba a los profesores que van a concurso, así, la reprobación se negativiza per se; es más, los que reprueban van a una reparación, presentan algo y, eureka, aprueban; más aún, estos que algunas vez reprobaron, aparecen luego como jurados de los ascensos de los docentes que aspiran ser Profesores Asistentes.

No podemos estar referenciándonos constantemente con las universidades tradicionales, sobre todo porque éstas tienen bibliotecas, comedores, condiciones objetivas para que sus estudiantes salgan bien formados, formados en los códigos que impone el Mercado, pero formados al fin y al cabo. La nueva racionalidad universitaria por la que debemos apostar no se puede construir sobre las ruinas de las universidades tradicionales. Inventar los nuevos modelos universitarios no es una tarea del todo difícil, lo difícil está en romper con la pedagogía de la lástima, creyendo que la universidad en un asunto masificable así como así. Eso, amigos que leen, es populismo* académico duro. Creemos las nuevas universidades de vanguardia para echar a andar la patria diferente. Seamos serios y responsables con la historia que nos mira.

Finalmente, la UBV debe ser discutida, debatida, cuestionada, criticada, en suma, pensada. Eso significa quererla, sobre todo porque estamos conscientes que con las otras universidades jamás se podrán dar las transformaciones que hay que dar. Hacer silencio, morir con un grito en el estómago ante el estado de cosas en que está sumergida la universidad, es ser cómplices con una forma errática de perfilar nuevas lógicas universitarias; al final, a quienes le estamos haciendo un franco favor es a la lógica universitaria tradicional que terminaría por “brillar” ante los desatinos sustantivos de estas nuevas fórmulas universitarias a medio construir, llenas de buenas intenciones pero sin sentido trascendente.

No dejemos que otra opresión se apodere de los espíritus de nuestros estudiantes, no dejemos que el taller de la apatía y la abulia siga operando, silente y sin cesar, en sus almas producto de que no existen condiciones materiales y espirituales para la verdadera emancipación universitaria. Gramsci sostenía que, de alguna forma, todos somos intelectuales, pero que no todos cumplimos esa función en la vida social, sobre todo al momento de la dirección en la lucha por un mundo mejor. Una universidad diferente debe procurar la emergencia de esa vanguardia crítica, de la intelectualidad orgánica que sea capaz de desfigurar el curso de la historia forjada al calor de la ignominia y la vileza capitalista. Muchos serán los llamados, pocos serán los elegidos para tamaña empresa.

Johan López
[email protected]
PFG en Comunicación Social-Caracas

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