Improbar Memorias y Cuentas y salirse con las suyas. Caso Universidad Nacional Abierta

Cuando el Presidente Chávez realizó la presentación de la Memoria y Cuenta del año 2011, una diputada, sobre la base de expresiones del mandatario, y en lo que ella consideró era una inconsistencia de lo que decía el Presidente, señaló que "expropiar era robo" y que el Presidente era un ladrón. Las noticias opositoras al alimón indicaron que el voluminoso documento no tenía ningún valor, no servía  para nada, no contenía nada valioso. Así lo siguen repitiendo

En los acontecimientos del Punto Fijo, la canalla mediática afirmó que los lamentables hechos se debían a no haber realizado el mantenimiento en las instalaciones y tales afirmaciones las respaldaban  tomando como base informaciones de la Memoria y Cuenta de Petróleos de Venezuela. El Ministro Ramírez aclaró la situación, pero ya se había cumplido el veredicto mediático. Así lo siguen repitiendo.

En la Universidad Nacional Abierta (UNA), el actual Consejo Superior detiene su vida en estudiar las Memorias, olvida el presente de grandes necesidades, y mete al CNU en un problema que ese mismo Consejo Superior ha creado y acumulado, y no tiene intenciones de solucionar

Elaborar y aprobar la Memoria y Cuenta de una institución, ministerio o del mismo gobierno, ha sido una práctica en la historia republicana de Venezuela. Dado su contenido y tamaño muchos han sido los epítetos jocosos que se le han consagrado. La Memoria y Cuenta es uno de los pasos finales de una serie de procedimientos de la planificación, es la entrega formal, a la instancia  señalada en la ley, de lo que se hizo, en un determinado año, según El Plan o Proyectos y los gastos según los recursos asignados y dispuestos para tales fines en El Presupuesto. En las universidades su presentación se modifica según se modifique la forma de hacer Planes, Proyectos y de formular el Presupuesto. Lineamientos que formulan determinadas instancias gubernamentales, y que son inducidos en talleres y cursos para manejar programas uso de los formularios, planillas y especificaciones de tipo normativo y legal.

Las Memorias y Cuentas son presentadas y discutidas en diferentes niveles. En el caso de la UNA, la Memoria es un documento cuyas diferentes partes son elaboradas en aquellas instancias que formularon y ejecutaron los proyectos, y aquellas que formularon el presupuesto. La secretaría de la Universidad controla todos los aspectos. La Memoria se da a  conocer en el Consejo Directivo, el cual la discute  y la aprueba. Luego se remiten al Consejo Superior, para su estudio aprobación. Luego se envía al Consejo Nacional Universidades.

En el caso de la Universidad Nacional Abierta, institución en la cual el Consejo Superior de la misma no ha aprobado la Memoria y Cuenta presentada por el Consejo Directivo, en los tres pasados años, podemos analizar una situación que nos develará interesantes aspectos que trataremos de explicar.

El Consejo Superior, para el estudio de la Memoria y Cuenta del 2009, desarrolló, según su presidenta. "una metodología para el análisis, que incluyó su relación interna (consistencia), con la planificación y con la ejecución y, elaboramos un informe extenso con los hallazgos encontrados." 

De esa revisión determinó ese Consejo Superior, que las inconsistencias encontradas en la Memoria "le hacían perder su valor como fuente de información de la UNA." Aseveran  través de la presidencia, que los errores encontrados se vuelven a repetir invariablemente en las Memorias de los años 2010 y 2011. El Consejo Superior hizo del conocimiento de esta situación acumulada al CNU, el cual en la reunión celebrada el jueves 25 de Octubre,  nombró una comisión conformada por algunos rectores, con el propósito de estudiar las Memorias y elaborar un informe.

La inteligente propuesta  de la ministra Córdova dejó en vilo a la presidenta del Consejo Superior y sus allegados; otras muy distintas eran sus esperanzas.

Es sorprendente que un documento en cuya realización, redacción diseño impresión y distribución participan, en diferentes momentos y etapas, casi la totalidad de las unidades administrativas de la UNA, la totalidad de las áreas académicas centrales y locales, documento que es seguido en su realización por los equipos de Planificación y la Secretaría de la universidad; sea juzgado de esa manera por la presidenta del Consejo Superior y se supone el pequeño equipo que la acompaña, cuyos miembros todos han participado incluso desde niveles altos de la estructura, en hacer realidad las  Memorias de años anteriores.

Sorprende que se afirme que las supuestas inconsistencias  hacen perder al documento su valor como fuente de información, cuando el mismo Consejo Superior, para su análisis utiliza esa fuente. Sería más preciso decir que donde se encontraron inconsistencias, se pierde la validez de lo afirmado o la confiabilidad de resultados y cifras, pero en fin, son señalamientos inconsistentes sobre las inconsistencias.

Todo documento arroja información sobre lo que se quiere documentar y la forma como se documenta. Los jeroglíficos encontrados en las pirámides, las obras pictóricas del hombre prehistórico en las cuevas, los dibujos de los niños, las respuestas erradas de los estudiantes en un examen; todo arroja información o meta información. Si hablamos de fuente de información ya el mismo documento es una fuente en sí, incluso si en su interior se hubiesen agrupado hojas en blanco, informaría muy bien sobre sus autores y productores.

El país debe soportar a todo nivel, desde diputadas en la Asamblea, a medios atacando a PDVSA, este tipo de declaraciones tremendistas, que no aportan a las soluciones sino que alimentan un debate repetitivo y obsesivo que no conduce a nada. En el caso de la UNA el Consejo Superior tiene tres años repitiendo lo mismo, hoy presenta un acumulado de negatividades ante el CNU, tratando de descalificar al Consejo Directivo, en esa instancia; sin considerar el daño que esta actitud mantenida y replicada le hace a la institución, a su comunidad y a ese mismo Consejo.

Si vamos al Reglamento vigente de la UNA, en el artículo 8, página 13; en diferentes numerales se establecen las atribuciones del Consejo Superior. El numeral "j" precisa lo de la aprobación de la memoria, pero también señala aprobar informes semestrales sobre la marcha de la universidad. En los numerales a,b,c se precisan atribuciones que involucran al Consejo Superior con la definición de políticas la evaluación, la sinergia entre programas de la universidad, los planes nacionales y las orientaciones del Ministerio y  del CNU, así como en aspectos presupuestarios.

La pregunta básica entonces es, podría ese Consejo Superior presentarle al Ministerio las acciones llevadas a cabo en la realización de esas funciones reglamentarias. Podría señalar ese Consejo cómo ha contribuido para el buen funcionamiento de la universidad. Podría señalar ese Consejo las diligencias realizadas ante el Ministerio para solucionar los graves problemas que actualmente aquejan a esa institución. Creemos que ese Consejo Superior está alerta para buscar inconsistencias  y dormidos para  realizar acciones y propuestas que contribuyan a las soluciones de los problemas, porque los problemas están allí y  sabemos que dicho Consejo no aporta un ápice en su solución.

Ahora veamos un aspecto que no es menos relevante pero que implicaría un cambio de visión importante. Las Memoria es memoria del pasado, es lo que fue, en ella está lo que se hizo y lo que no se puedo hacer. Lo que se gastó y lo que no se pudo gastar. Lo que unos quisieron y no lograron, lo que se logró sin quererlo y lo que se logró según los objetivos planteados. Si lo que se documenta revela que se hizo bien, allí queda es Memoria, si es lo contrario, ya es memoria, pasado, espacio que no admite intervención. Cualquier informe sobre la Memoria puede anexársele a la misma y remitirla, para cumplir son sus fines, con los informes anexos. Sería lo correcto, o es que el Consejo Superior por no aprobar, puede modificar el pasado o puede mejorarlo. El Consejo Superior puede aprobar con objeciones. ¿O es que las Memorias del 2009 y del 2010 nunca fueron enviadas al Ministerio porque el Consejo no las Aprobó? O es que la vida y el tiempo se detienen porque el Consejo Superior no aprobó una Memoria, o es que el Consejo Superior no tiene la suficiente autoridad para en actuar a tiempo para que no existan tales inconsistencias, o es que al Consejo Superior le convienen las inconsistencias para tener así un escenario donde desarrollar sus luchas de poder.

Yo particularmente creo que las inconsistencias y errores que señalan cumplen una función de validarse ante la comunidad  que cuestiona los cargos que ocupan y la forma como los ocuparon; poses y maneras de suponerse más capacitados que el resto, una forma de demostrar que tienen Poder cuando el resto conoce que no tienen Razón.

 El Consejo Superior en mucho contribuiría si realizara informes cualitativos y cuantitativos basados en lo que señala la Memoria y presentar esa visión a la universidad. Mucho haría si en vez de estar encerrado en cuatro paredes, saliera a deliberar, planificar y evaluar con los diferentes miembros de la universidad. Mucho haría si en vez de estar llevando problemas al Ministerio, sus miembros llevaran soluciones  y solicitudes cónsonas con las realidades encontradas.

En todas partes se habla del Poder Popular, de los diálogos y confrontaciones de ideas que nos llevarán  a proponernos los cambios que necesitamos como país como universidad, ese Consejo Superior como entidad del gobierno en la universidad, debería ocuparse de lo importante de lo necesario para estar a la altura de los tiempos, en cuanto a la participación activa de estudiantes, trabajadores y egresados.

El Consejo Superior debería en estos momentos garantizarle al Ministerio, cómo la UNA contribuirá con el aumento de matrícula, la conformación de comunas educativas a lo largo y ancho del país, la Misión Saber y Trabajo, y fundamentalmente con la presentación de ideas, experiencias y acciones en relación a la Transformación Universitaria, la Ley Orgánica de Educación.

El Consejo Superior también tendría que estar presentando la solución reglamentaria, legal y operativa para llevar a cabo las elecciones universitarias. En la UNA hay una situación de hecho que no se ha solucionado eficientemente haciendo el llamado a elecciones que  corresponde y que además, fue un mandato expreso para ese Consejo Superior. Tampoco lucharon políticamente desde la presidencia y sus miembros consejeros para abrir la posibilidad de aglutinar voluntades y presentar una opción que favorezca obtener algún aliado político electo como autoridad, aspecto que actualmente luce imposible dado la situación de  enfrentamiento que la presidencia profundiza cada día más.

Tampoco ha luchado ese Consejo por hacer participar a  diferentes miembros de la comunidad, la representación no ha sido modificada ni en su más elemental aspecto, por el contrario se hace lobby constante para que desde el gobierno sigan postulando representantes que después no son cambiados y que se eternizan en sus sillas. La participación no ha sido concebida desde ningún punto de vista. En ese aspecto no ven la gran incoherencia política que significa no abrir canales de participación directa de la comunidad, no liderar las  acciones y luchas para alcanzar los ideales revolucionarios.

El Consejo Superior como entidad del gobierno nacional en materia de metas y políticas, debería garantizarle al ejecutivo nacional que la universidad trabaja en el logro de  los amplios objetivos nacionales y que desde ese frente se pueden, con eficiencia superar muchos de los problemas educativos que confronta el país y se puede luchar por los cambios necesarios. El Consejo Superior debería ofrecer una visión clara, metas claras, abrir los canales de participación y comunicación. Romper los  cercos de desmotivación y anquilosamiento con un debate abierto y sostenido donde todos puedan contribuir. Eliminar las confrontaciones personalistas, unirse sinérgicamente con otras universidades y aprovechar las oportunidades que el Ministerio pueda ofrecer en lugar de utilizarlo como juez de problemas irrelevantes y sin importancia, magnificados para sacar provecho o hacer cumplir su profecías , como hizo la diputada en la Asamblea, cualquier cosa se le hubiese presentado o se le presente a futuro ella ya tiene una reacción; así seguirá el Consejo Superior de la UNA buscando inconsistencias mientras la vida afuera se debate y se lucha.

Considero sin embargo que esta situación descrita podría ser vista por la comunidad UNA, como el momento para comenzar a discutir y plantear los problemas y sus soluciones;  aprovechar como una oportunidad a la mano el hecho de esa mirada amable del Ministerio Educación, que se ha mostrado favorable a buscar una salida equilibrada, sin activismo ni pragmatismo, sino en el justo sentido universitario: nombrar una comisión para estudiar la situación y presentar un informe en los siguientes 15 días.

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