Universidad, autonomía y paro indefinido

Introducción

Si algo ha desvirtuado el papel transformador y critico de la Universidad Venezolana es la constante violación por parte de poderes políticos, económicos y sociales de la autonomía y libertad que debería acompañar su función educativa, transformándola en una institución que en lo colectivo e individual termina justificando un sistema socio-económico injusto que niega la vida y respondiendo a los requerimientos particulares de dichos poderes instituidos, resultando en una institución de control social, que margina y reprime todo aquello que asuma dentro y fuera de ella las trascendentales luchas de la humanidad por un mundo justo, igualitario y libre de la explotación del unos por otros.

A esta Universidad han contribuido principalmente, no los poderes externos establecidos, sino aquellos grupos que desde su interior y amparados por la autonomía que supuestamente defienden, actúan en realidad como operadores administrativos de agrupaciones políticas (como los partidos), económicas (como la empresa privada) y sociales (como las iglesias) que buscan hacer de ella un apéndice eficaz para el resguardo de sus intereses particulares, transfórmala en trinchera ideológica y cultural que reproduce y mantiene una sociedad que en sus bases fundamentales esconde la desigualdad y la explotación. Sin tener en cuenta estas premisas será imposible entender las causas e implicaciones del actual conflicto que vive la universidad con el llamado “paro indefinido”.

Contextualizar el Conflicto

Desde sus inicios, con la iniciativa y resguardo de la iglesia católica, las universidades han cumplido la función de replicar y educar según el “conocimiento correcto” o “verdad” oficial, desde ella se enseñaba a Aristóteles y su error antropocéntrico que consideraba a la tierra en centro del universo y se castigaba como herejía todo lo que lo contradijera, Giordano Bruno, Copérnico y Galileo sufrieron muerte, torturas y presidio y su cosmovisión fue excluida de esa Universidad que decía ser el centro de los saberes.

El lugar de la iglesia fue asumido, luego de la ilustración y la revolución francesa, por la razón, la lógica y la ciencia, en la Universidad se forjo el nuevo espíritu de la época, la modernidad y su discurso de progreso inevitable se conjugo con la exclusión de toda idea divergente o critica al “nuevo mundo” que la humanidad ahora “libre” se disponía a crear. Voces y movimiento contestatarios surgieron contra esta idea de verdad absoluta y progreso unidimensional, que excluía lo que no la secundara; el movimiento de la generación del 28 en Venezuela, fue expresión de aquellos movimientos estudiantiles que respondían críticamente a una idea de progreso oficial sostenida por una universidad cuya actividad estaba dictaminada por los poderes políticos y económicos de la época. Más adelante podemos mencionar aquel Mayo Francés de 1968 y que en Venezuela tuvo su expresión en el movimiento llamado de Renovación Universitaria, donde estudiantes y algunos profesores propiciaron la liberación de las universidades de esas ataduras a los poderes externos y a la exclusión de toda praxis, conocimiento y discurso que no respondiera a los principios ideológicos del progreso que prometía el capitalismo y la democracia representativa como sistema económico - político establecido.

Estas corrientes o movimientos críticos, fueron en mayor o menor medida doblegados, reprimidos y dispersados; aunque las legislaciones y principios rectores mostraban una universidad orientada por la autonomía, la libertad de pensamiento y una praxis critica y humanista, esto solo constituía una visión ideal y utópica de la misma, que ha servido como retorica a quienes desde el poder intentan esconder la universidad real, que dista muy poco en el fondo de aquella vieja institución creada por la iglesia para difundir “su verdad” e inculcar sus criterios morales e ideológicos en aquellos que finalmente terminarían en los puestos de poder y dirección de las sociedades en las que existían.

A partir de los años 80 la universidad fue intervenida de hecho y de derecho por la corriente Neo-liberal dominante en el mundo, el carácter público de la educación fue puesto en entredicho, lo que derivo en Venezuela en un desmantelamiento de la educación pública, la asignación presupuestaria para educación llego a ser menos del 3 %, comenzó la promoción y proliferación de universidades privadas, se abandono sistemáticamente la educación primaria y media publica, que aunado a condiciones sociales precarias redundo en una deficitaria formación de la población general, lo que junto a la limitación de cupos solo para “los mejores” y la aplicación de pruebas de admisión, trajo como consecuencia que primordialmente aquellos estudiantes provenientes de colegios privados y clases sociales medias o altas tenían la oportunidad de estudiar en la universidad, frente a un pequeño porcentaje de la población venezolana de bajos recursos; todo ello en consonancia con la filosofía empresarial aplicada a la educación universitaria que ya comenzaba a perfilarse como un apéndice mas de las organizaciones comerciales trasnacionales en ese nuevo mundo globalizado y neoliberal.

Bajo este contexto se forjo la estructura filosófica, administrativa, académica y humana de la Universidad Pública Venezolana en la actualidad; ancladas en la praxis e ideología de un modelo de universidad utilitaria y manejada como una empresa, que responde a las necesidades económicas y sociales de los poderes económicos nacionales e internacionales; sus profesores fueron formados bajo esa concepción cuando eran estudiantes y sus formas de organización académica, institucional y gremial están estructuradas para defender en lo interno y en lo externo esta noción de progreso y marginar, estigmatizar y excluir cualquier corriente de pensamiento crítico y liberador que rompa con los mitos que la elite académica que la gobierna intenta mantener para resguardar los intereses de una clase social privilegiada, desvirtuando todo lo que huela a anti-capitalismo, socialismo, ni que hablar de comunismo y que en Venezuela se han englobado en los últimos años con la etiqueta de chavismo.

El Paro Universitario Y Su Carácter Conservador

Venezuela vive desde aquellos días del 27 y 28 de febrero de 1989 un movimiento social y político que se ha enfrentado en diferentes momentos y bajo diversas formas a esta visión neoliberal excluyente y que privilegia a unos grupos sobre otros, como desarrollo de estas luchas se consolido un proceso de trasformación política y social que llevo al poder una alternativa política representada por un hombre Hugo Chávez y que se ha denominado Revolución Bolivariana. Luego del triunfo en las elecciones de 1998 como primer echo de envergadura política se promulgo a través de una constituyente y la votación mayoritaria del pueblo una nueva constitución, y con ello un nuevo marco jurídico referencial de acción que hacia frente a las corrientes neo-liberales que proliferaban en el mundo en entero y en particular en Latinoamérica.

Desde ese momento una serie de acciones surgidas del nuevo gobierno y esa nueva institucionalidad, han marchado en contra corriente de las construcciones ideológicas y discursivas que se forjaron en la Universidad Venezolana en las últimas décadas, por una parte se creó un sistema alternativo de Universidades públicas que aseguraron la inclusión de millones de venezolanos, especialmente de las clases sociales excluidas hasta ese momento, se ha promovido además la equidad entre los diferentes ámbitos y aéreas de trabajo universitario, así como la integración de la misma a la comunidad. Esta transformación jurídica, política y social sucedida en el país no ha sido asimilada por las universidades públicas y privadas tradicionales; sus autoridades y representaciones gremiales, siguen defendiendo formas de organización y marcos jurídicos, administrativos y académicos de un país que ha dejado de existir; un país caduco donde la universidad, la academia, se presentaban como dueños de la verdad, el conocimiento y los únicos capaces de estar dirigir los destino de la nación y que bajo diversas acciones siguen intentando restaurar.

Bajo estas significaciones y relaciones, surge un conflicto universitario que se enmarca dentro de una errada política salarial del gobierno nacional hacia los profesores universitarios (no solo de las universidades en conflicto sino de las recientemente creadas) esta política del gobierno también ha tratado muchas veces con desdén a gran parte de la comunidad universitaria y la critica honesta de estudiantes y profesores. Partiendo de esta deficiencia esa dirección gremial, administrativa y estudiantil que representa y se moviliza en función de intereses políticos y económicos externos, ha desarrollado un conjunto de acciones que solo en apariencia tienen un papel reivindicativo de derechos laborales o universitarios, pero que en el fondo está sustentado en esa tergiversada función histórica de la Universidad como gendarme ideológico del sistema socio-económico en la que se desarrolla y que está conformada por docentes y autoridades que comparten y defienden esa ideología dominante.

Alguno integrantes de estos grupos de la comunidad universitaria lo hacen de forma inconsciente, creyendo que realmente defiende la libertad y la democracia (cuando en realidad cumplen una función opresora e ideologizada) otros, principalmente aquellos que representan cargos de poder tienen mayor consciencia de cómo sus acciones y decisiones no responden realmente a los intereses de la Universidad sino que son guiados por partidos políticos o grupos económicos en consonancia con sus intereses, utilizan retóricamente el discurso de la autonomía y la intervención del Estado para justificar acciones claramente descontextualizadas y ajenas a la realidad política nacional, a un análisis objetivo y que vayan en beneficio realmente de la universidad; tal como sucede actualmente con el llamado a paro indefinido, las huelgas de hambre o las marcas “por la universidad y la libertad”.

Lo anterior no significa que los reclamos en los que se ha justificado la protesta no sean reales, por el contrario debido a una inadecuada política de desatención hacia las universidades tradicionales por parte del gobierno, que ha llevado a que se desarticulen los movimientos progresistas estudiantiles y profesorales dentro de la universidad, hoy las fuerzas conservadoras que allí hacen vida, dominan desde los espacios más pequeños hasta las instancias más altas de poder. Pero mas allá de esa realidad, el conflicto actual de la universidad, hunde sus raíces en el carácter de defensa y adoctrinamiento ideológico que ha cumplido a lo largo de su historia la universidad y en como fuerzas conservadoras han encontrado en ella, un espacio para enfrentar y oponerse a los proceso sociales de transformación del modelo económico capitalista, bajo el falso discurso de la ideologización e intervención. La universidad no corre el riesgo de ser intervenida o ideologizada, esta ya se encuentra de echo en esta situación y son los grupos supuestamente apolíticos, “defensores de la autonomía y la academia” quienes representan y defienden esta intervención.

¿Qué hacer entonces como universitarios?. En primera instancia es esencial volver al análisis histórico, contextual y crítico de la Universidad, a partir de allí quizás encontraremos respuestas a la coyuntura actual que vivimos y orientara el camino hacia una real transformación universitaria; donde esta se convierta en un espacio realmente independiente de poderes externos (cuales quieran que estos sean: Estado, partido o grupos económicos), una Universidad que deje de cumplir la función de formadora de recursos humanos para las empresas o de replicar las ideologías dominantes y la praxis conservadora a la que nos ha condenado la modernidad y el neoliberalismo. Una transformación que construya una Universidad libre y liberadora, que trasciende las coyunturas presentes y busca dar respuesta a los clamores de las grandes mayorías oprimidas del mundo de hoy que piden justicia, igualdad, no explotación; una Universidad que construya el conocimiento desde la diversidad y el respeto por los saberes no reconocidos tradicionalmente por las academias.

En esa universidad creo y es la que a diario lucho por construir, desde las aulas de clases, en las comunidades, en los laboratorios, junto a todos los trabajadores universitarios sin distinción de clase o funciones, juntos a los estudiantes, razón y vida de la universidad.

*Profesor Instructor del Programa de Psicología Facultad de Humanidades y Artes Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado


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