El desafío de FAPUV

La dirigencia de FAPUV a partir de sus declaraciones, parece convencida de que representa al patrimonio intelectual de la universidad venezolana. Sin embargo, objetivamente, no representa siquiera a los agremiados que pertenecen al sector de la oposición del país, a juzgar por comentarios que muchos colegas universitarios han realizado respecto a la actuación de esa Federación en el reciente conflicto de las universidades autónomas.

Esta pertenencia del conflicto hay que subrayarla, ya que se pretende generalizarlo a “la universidad venezolana”, cuando la verdad es que cerca del 80% de los estudiantes de otras casas de estudio no perdieron clases y actualmente culminan sus cursos intensivos, que tampoco se vieron afectados.

Pareciera que aunque no se ha reconocido que el conflicto culminó derrotado ante los planteamientos de una Convención Colectiva, no sólo única, sino inédita, que por primera vez reconoce derechos laborales a todos los sectores de la vida universitaria impensados en otro momento; el mencionado conflicto ya no tiene fuerza para mantenerse en la estructura polémica de la opinión pública.

Una Federación de tan altísima responsabilidad no puede sostenerse en un estadio de negación frente a los imperativos de transformación de una universidad en disonancia con la realidad histórica, nacional y mundial.

El problema de la representación gremial no puede circunscribirse únicamente a reclamar carencias que siguen declarando las universidades autónomas: contrataciones, reclasificaciones, actualización, mejoras de infraestructura, dotación...que no dudamos puedan tener plena pertinencia, pero que nunca podrán ser satisfechas a plenitud porque son cuasi infinitas y habrán de ser atendidas gradualmente.

El reto de la representación de un gremio que pretende ejercer el protagonismo que legítimamente le corresponde en la coyuntura histórica de un país en plena transformación, radica especialmente en convertirse en un ente generador de consciencia ante la necesidad de crear un modelo de universidad que atienda las demandas de un mundo con una crisis globalizada que debe enfrentar la formación de generaciones con carencias culturales que penalizan su escolaridad pero que paradójicamente ostentan nuevas destrezas cognitivas desconocidas para el común de sus profesores. Una representación gremial que entienda la visión socioantropológica del respeto por la diversidad, que se convierta en instancia para viabilizar modos de comprensión de un mundo de inmediatez, de tiempo real, que requiere de una universidad permeable que construya las vías y visualice los destinos del cambio.

La dirigencia gremial tiene el deber insoslayable de enfilar la universidad venezolana hacia nuevos derroteros con brújula propia, ayudando a trastocar la estructura administrativa arbitraria, anacrónica e ineficiente, para facilitar el tránsito de los estudiantes por una escolaridad que los convierta en seres creativos que logren demostrar sus talentos.

La universidad pública tiene el imperativo de consensuar las necesidades de desarrollo nacional, ofreciendo respuestas versátiles desde cada perspectiva institucional y de instaurar sistemas de relaciones entre investigadores, instituciones y empresas, públicas y privadas. Pero sobre todo necesita de manera insoslayable establecer vínculos honestos con la comunidad organizada desde un diálogo posicionado en la ética, desde las luces de la especialidad y desde la visión transdisciplinaria.

Esta nota ha sido leída aproximadamente 1306 veces.



Recomienda la lectura de esta nota a través de las redes sociales




US N /educacion/a172778.htmlCUS