Productividad y Control Obrero

Una de las grandes preocupaciones de los “gerentes” y muchos otros “responsables” de la dirección de las organizaciones públicas y privadas, ha sido el asunto de la productividad; sea esta entendida como un “indicador de eficiencia que relaciona la cantidad de recursos utilizados con la cantidad de producción obtenida” o definida como la relación entre los resultados y el tiempo utilizado para obtenerlos. (Recuperado el 12 de septiembre de 2012, de http://es.wikipedia.org/wiki/Productividad).

Ahora bien, sea que se le considere en relación genérica con la “cantidad de recursos utilizados” o en relación específica con “el tiempo utilizado para obtenerlos”, lo cierto es que tal concepto constituye una forma de medición indirecta de la gestión individual y colectiva del trabajo.

La medición de esta gestión no es, ni debe ser, ajena a la administración pública. En efecto, nos parece conveniente realizar una adecuada medición de la productividad individual y colectiva de los funcionarios. Sin embargo, esta medición no está exenta de dificultades y mucho menos de cuestionamientos. Así, por ejemplo, no cabe duda que el horario de trabajo pudiera ser considerado como un estándar temporal para “garantizar” un nivel de productividad mínimo, de donde surge que el horario de trabajo determina la productividad mínima, en este caso de la Administración Pública y, por ende, controlar el horario de trabajo podría redituar tal beneficio.

No obstante, este planteamiento luce ingenuo, si no consideramos que se está en presencia de sistemas y relaciones humanas, que no necesariamente responden de manera positiva a dispositivos de control y represión (naturales o artificiales), por lo que el tema de la productividad se torna cada vez más complejo, en tanto función del tiempo. Así pues, si se establecen controles rígidos del horario y mecanismos de represión por su incumplimiento, no necesariamente se “garantiza” una productividad mínima, pues si los trabajadores perciben negativamente tal ejecutoria, esto podría revertirse en contra de la productividad por una ralentización de los procesos o peor aún una desmejora en la calidad de los mismos. De modo que tales controles y mecanismos de represión nos parecen poco eficaces si lo que se pretende es impactar positivamente la productividad de los trabajadores o no afectar negativamente la calidad de sus trabajos.

Otro cuestionamiento podría ser el referido a la medición individual de la productividad. Si bien esto podría ser de interés para evaluaciones personales, nos parece mucho más apropiado hacerlo de manera colectiva, con lo cual se propugna además el trabajo en equipo. De poco nos sirve contar con destacados trabajadores (desde la perspectiva de su productividad) si el equipo al que pertenece muestra pobres indicadores de resultados.

Por otra parte, no podemos dejar de ver que el control del tiempo tiene desde cierta perspectiva una importancia medular en las relaciones de producción. El sistema del capital estará en constante acecho al tiempo libre del trabajador, en tanto que el sistema del socialismo procurará minorar al máximo el tiempo de trabajo dependiente, así que la medición de la productividad como función del tiempo, tiene también implicaciones políticas importantes. Desde este punto de vista los controles y mecanismos de represión (horarios/amonestaciones) pueden transformarse en herramientas contra la plena realización del hombre, contra la construcción del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI. Emergen así los mecanismos de “control obrero” de la “producción”, frente a las tradicionales fórmulas (control/represión).

La organización de los consejos de trabajadores, nos garantizará formas de control de la “producción” concertadas entre los propios responsables del trabajo y favorecerá la supresión de relaciones de trabajo jerarquizadas propias de algunas instituciones de la superestructura del sistema capitalista, contribuyendo de esta manera, desde nuestra propia “trinchera” a la construcción del nuevo Estado y Sociedad que impulsó nuestro comandante supremo Hugo Chávez Frías y dirige ahora nuestro presidente Nicolás Maduro Moros. En tales organizaciones (consejos de trabajadores) no existirán “Jefes” que regulen nuestro horario o que nos impongan un mínimo de producción, seremos los propios trabajadores, conocedores reales de los procesos, quienes lo determinemos, desapareciendo de esta manera aquellos fatídicos agentes del sistema del Capital.

En el pasado, fuimos artífices y operadores de este tipo control y represión en contra de nuestros propios compañeros. Ruego disculpen mi falta de conciencia. Hoy no podemos permanecer expectantes, mientras otros compañeros transitan con la misma ceguera que les impone la ideología alienante del capital.

La exhortación es entonces a organizarnos, a dar vida a esta novísimas y revolucionarias formas de organización que, ahora, tienen sustento jurídico en la novel Ley Orgánica del Trabajo y los Trabajadores.



@fjmolina71

www.sabaracatan.blogspot.com

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