Definidos por el Mercado Consumidor, olvidamos nuestra identidad originaria


A un pueblo que marcha hacia su liberación,
con dignidad y soberanía, expresando la voz del tiempo
y de la Madre Tierra, nada puede detenerlo.

Si Marx le hubiese correspondido hacer un análisis sobre América Latina y en especial la Venezuela de hoy con el capitalismo/neoliberalismo que hemos sufrido, reconocería que en nuestra región y país su teoría sería superada por los desmanes de quienes ostentaron y aún poseen el poder económico mundial y nacional en nombre de las libertades del mercado y en la anulación de la persona humana cosificándola y alienándola para convertirla en un robot consumista y depredador. Igualmente verificaría fehacientemente que el capitalismo nunca sería una etapa previa al socialismo y mucho menos al comunismo. Pues el capitalismo con su ética egoísta, pragmática y utilitarista extinguiría la solidaridad, la cooperación, el servicio desinteresado, el cuidado del bien común y la búsqueda del bien de todos.
Una visión limitada de la realidad nos obliga a tener una visión reduccionista de nosotros mismos. Si nuestra visión es economicista todo lo sometemos a ese factor y nos olvidamos de otros aspectos también esenciales del ser humano. Eso lo hace el capitalismo vernos como objeto con valor de uso y de cambio hasta convertirnos unos a otros en una relación de oferta y demanda.

Veamos brevemente cómo nos ve las empresas de opinión, de mercadotecnia y de publicidad al momento de definirnos en clase A, B, C, D, E y caracterizarnos en valor económico: La Clase A y B (alta o casi alta) son los grandes empresarios y altos ejecutivos, habitualmente envían a sus hijos a estudiar al exterior, viajan a Europa dos veces al año o más, etc. y representan entre 2,5% y 3% de la población; La Clase C (Media-alta y clase media) cubren todos sus gastos, tienen vivienda propia, pero no gran holgura “extra” económica, los ingresos familiares son, en promedio, mayores a Bs.10.000. En esta clase se pueden incluir algunos con características de la clase B. Lo constituye el 17% de la población aproximadamente; La Clase D (Media baja -incluye la pobreza moderada), pueden cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y otros, pero con gran esfuerzo y deficiencias, su ingreso familiar promedio está entre Bs.4.000 y Bs.6.000. Se incluyen a los dueños de los abastos al pie de los barrios. Son el 38% de la población. Y la Clase E (Pobre) Son el 42% de la población. Ingresos menores a 2 salarios mínimos. Viven en ranchos o casas en condicione precarias. (Fuente: http://www.elmundo.com.ve/noticias/finanzas-personales/recomendaciones/%C2%BFen-que-clase-social-se-ubica-usted-.aspx).
Seguro que Ud. como lector ya reviso en qué clase estas organizaciones que hacen encuestas para mercadeo político y publicitario considera quién eres y a partir de entonces hacen análisis grupales y masivos y ponen al margen tu identidad originaria con sus creencias, ideales, valores y esfuerzos cotidianos.

¿Es justo estar sometidos a ser vistos así? Si no tienes real no eres nadie y no representas nada, conforme al capitalismo. Estas desahuciado y marginado por el mercado de opinión y de consumo. No me extraña como desde muy pequeños hasta adultos (en la familia, en la comunidad, la escuela, la universidad, en el trabajo) se nos enseña a competir, a defenderse de todo y contra todos, a tener más, a manipular, a ser vivos, a vivir de las apariencias, a asumir conductas y comportamientos burgueses y a querer parecernos al otro, aunque en el fondo no es lo que necesitamos. Porque si bien como pueblo nos gusta superarnos, otra cosa es ambicionar lo que no somos ni desear cosas que no nos hace falta para ser lo que queremos y debemos como pueblo libertario y solidario.
Se trata de nuestra identidad originaria, la actual lucha no la podemos enfrascar únicamente en el ámbito económico, como lo hicieron los adecos (quítate tú para ponerme yo), apartando de su paso a los privilegiados de turno para constituirse en la nueva burguesía y se olvidaron que fueron pueblo y sometieron a este a sus propios desvaríos. Hoy se trata de una lucha de identidades.

Ya basta de tantas ideologías euro céntricas y del norte que sólo sirven para hacer análisis, confundirnos y distraernos más, pero no para construir desde nosotros y crear un bloque cultural hegemónico desde nuestra identidad indigenista americana, que muchos desprecian porque no la conocen y se mimetizan en su postura mantuana y parda que embelesados frente al “exitoso” empresario del momento o el ganador de la lotería, fantasean ser algún día como este y denigran de su propia entidad.

Tenemos que volver a nuestros orígenes y en América Latina contamos con suficientes argumentos para reconstruir nuestra identidad originaria y latinoamericana. Señalaba el canciller boliviano David Choquehuanca en el 2010 cuando presentaba los 25 postulados para “Vivir Bien” que visiones como el socialismo y el capitalismo no llegaban a dar las respuestas integrales que buscamos hoy como pueblos latinoamericanos, pues el primero busca satisfacer las necesidades del hombre y para el segundo lo más importante es el dinero y la plusvalía y ambos olvidan el cuidado y respeto a la madre tierra. “Para los que pertenecemos a la cultura de la vida lo más importante no es la plata ni el oro, ni el hombre, porque él está en el último lugar. Lo más importante son los ríos, el aire, las montañas, las estrellas, las hormigas, las mariposas (...) El hombre está en último lugar, para nosotros, lo más importante es la vida”. http://www.plataformabuenvivir.com/wp-content/uploads/2012/07/Vivir-Bien-Bolivia-Choquehuanca.pdf
Nuestra fortaleza en este proceso histórico iniciado en el siglo XXI se derivará de nuestra identidad que comporta una nueva manera de ver las cosas para reinventarnos o recrearnos desde lo que somos y que el mestizaje invisibilizó y se atrevió a desconocer y negar pero que hoy afloran para dar respuesta adecuadas a lo que buscamos y necesitamos en confrontación de las apetencias del mundo moderno que establece que el desarrollismo, el crecimiento, el éxito, el control de la naturaleza, la usurpación de los bienes, la destrucción de la naturaleza y de los seres humanos representan las únicas opciones de las sociedades y de la historia para su sobrevivencia y su bienestar de unos pocos.

Ambas cosmovisiones (originaria y modernista) las llevamos en nuestros imaginarios y saberes cotidianos, urge hacer prevalecer y vencer la identidad originaria, en forma de sentipensamiento, de palabra viva y de acciones concretas en un mundo donde podemos educarnos en la armonía con la naturaleza y la vida recuperando formas de vivencia en comunidad (y no contra la natura, apostando a su destrucción y muerte); donde el encuentro con el otro(a) y el diálogo resultan vías para nuestra humanización (y no la manipulación y mentira que se imponen desde los medios de difusión masiva); donde la igualdad no existe por si misma sino la aceptación y respeto a las semejanzas y diferencias entre los seres humanos y la naturaleza toda (y que la discriminación o algún tipo de sometimiento resulta un modo de excluir al otro); donde vivir es darle valor a la complementariedad y equidad de unos para con otros (y no a la competencia, descalificación y exclusión); donde valorar y recuperar la identidad implica también lo comunitario en armonía con la naturaleza y el cosmos, (en cambio, la lucha por la dignidad enfatiza lo individual en desmedro de la identidad colectiva); donde nuestro ser identitario incluye disfrutar plenamente de la vida caracterizado en saber comer para tener salud, beber para compartir la alegría y la fiesta, danzar en armonía con la naturaleza, comunicarse en reconocimiento del otro y trabajar en reciprocidad (y no como nos lo presenta el capitalismo, el consumismo feroz, el exceso como ideal, la voracidad, la degradación y la deshumanización, así como la búsqueda de peligro sin responsabilidades y la alienación laboral).

Si bien hasta ahora podemos ver estas dos visiones que se contraponen per se, también visualizamos que la originaria no está lejos de las posibilidades de su concreción, siempre y cuando produzcamos síntesis culturales y nos organicemos para configurarlas en un nuevo quehacer.

Como mujer latinoamericana creo que necesitamos sentarnos a debatir desde todos los espacios y los universidades que apuestan por crear conocimiento desde nosotros y para nosotros, a partir de los saberes ancestrales donde los derechos cósmicos y los derechos de la madre tierra son más importantes que los derechos humanos y que los propios límites colonialistas y occidentales nos han hecho ver todo lo contrario. Saberes nuestros que promueve la unidad de todos los pueblos como una gran familia para volver ser el Abya Yala que fuimos, como lo afirma Choquehuanca. No obstante, cada pueblo como lo establece el “Vivir Bien” debe ejercer la soberanía y recuperar los recursos y construir la responsabilidad a favor del bien común donde todos se beneficien de manera equilibrada y equitativa, evitando la destrucción y explotación irracional de los recursos naturales.

Otro códigos ancestrales a tomar en cuenta frente al mundo de hoy es no robar y no mentir (todo lo opuesto a lo que el dominio usurpador utiliza hasta naturalizar la corrupción y el engaño) respetando estos preceptos garantiza el bienestar y confianza en sus habitantes y en el futuro. Algunos por “vivir mejor” como ilusión capitalista explotan a otros y se apropian de los recursos de muchos y en la práctica se hacen egoístas, indiferentes de las necesidades de los demás, individualistas y piensan en el lucro y se alejan del Vivir Bien que apunta a una vida sencilla que mantenga una producción equilibrada.

Por último, en contraposición a la definición que tiene el mercado sobre la mujer como una mercancía más y los ancianos como objetos fuera de moda, obsoletos, poco útiles y rentables para sus fines consumistas, en el mundo originario la mujer representa la pachamama o madre tierra, poseedora de dar vida y distribuidora de todos sus frutos, es valorada en todas las actividades orientadas a la vida, la crianza, la educación, la revitalización de la cultura y de la organización social, porque transmiten a sus hijos los saberes de su cultura y los ancianos los que guardan los relatos y costumbres y que es necesario escucharlos para aprender de ellos. Ellos son respetados y consultados, es decir son parte importante de la comunidad.

Si queremos un mundo mejor, más humanizado, mas armonizado con nosotros mismos y la madre tierra no nos alejemos de lo que somos pues apenas estamos comenzando una nueva historia y ésta debe ser escrita con nuestra propia huella identitaria indigenista latinoamericana. Nos reinventamos o seguiremos siendo falsas y malas copias de otras culturas.

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