¡En caso de emergencia rompa el vidrio!

Para alguien que ha vivido a la machimberra (helo aquí) tan sólo padecer una pernocta en una burbuja de cristal sería asfixiante, por lo que sin duda rompería el cristal de un solo mamonazo.

Es del escritor alemán Hermann Hesse, lo de que para empezar a nacer hay que romper un mundo; nada mejor para un pollo que romper la cascara.

O la rompe o no vive, a menos que sea ayudado desde afuera; y, me parece que mucha gente de diversos sectores pero mayoritariamente de clases adineradas y otros un poco menos que tales, pero que risueños aspiran a entrar a esa trampajaula, son víctimas de preso albedrío -valga como escualidismo-, es decir, esa nueva enfermedad mental que azota a un significativo sector de nuestra población.

Ahora, se trata de que para uno pasar de un mundo a otro, necesariamente precisa de una clave.

El mundo de la libertad y el mundo de la prisión son contrapuestos pero entre uno y otro puede privar la acepción que del concepto tenga cada cual, puesto que, de ordinario, no prima la misma percepción; la falsa conciencia de clase de la que Marx hablaba, atosiga a muchos trabajadores nuestros y eso es consecuencia, en mucho, del sistemático condicionamiento a que es sometida la población, por los medios de comunicación del capitalismo utilitario y chupasangre.

Mucha gente buena vive engañada y no se atreve a romper el celofán de su ceguera; pues bien, vayamos por ellos.

Hay que ir hacia esos sectores, armados de información de calidad; no debe olvidarse que la información de calidad tiene que ver tanto con la verdad como con la ética, la verdad pura no basta para persuadir. De manera que la comunicación sana es un acto complejo y de grandísima trascendencia en la toma de conciencia popular.

Hay mucho trabajo por hacer para poder liberar a la pacata clase social que, enferma de noticias, vive presa, pudiendo incorporarse a dar su aporte para los desarrollos democráticos que pauta la revolución bolivariana, se atrinchera en lo que pudiésemos denominar una falsa zona de seguridad, no sabiendo que el mundo está en emergencia, por lo que hay que romper el vidrio.

O lo hacen ellos o lo hacemos nosotros, hay que ingeniárselas para llevarles el mensaje de la revolución, por las cinco vías posibles; al que es bizco, hay que llegarle por el oído y al que es sordo, por la vista; y así, de múltiples maneras.



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