José Martí vive en el presente de Nuestra América



El cubano infinito, el poeta de los versos sencillos, el periodista hondo y crítico, es una de las voces más necesarias, de esas a las que hay que volver siempre para no olvidar nunca.



Está más vivo que nunca. Tiene en los ojos el mirar de las palmas y en la voz un poema. Sus manos saben de la siembra que germina en los andares del mundo, en los pasos de los pueblos que cabalgan la historia a lomo de esperanzas y sueños. Y es que José Martí (La Habana, Cuba, 28 de enero de 1853 – Dos Ríos, Cuba, 19 de mayo de 1895) vive prendido en cada arcoiris y en cada voz que enarbola una bandera libre y latinoamericana en esta tierra que florece de mañanas.

“Le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real” sigue diciendo hoy el prócer cubano, en un texto que a pesar de haber sido escrito en 1891, tiene la vigencia de los tiempos presentes. Se trata, de Nuestra América, páginas donde Martí dibujó la América en Mayúsculas como una utopía necesariamente realizable. Voz comprometida de la gesta de Independencia de Cuba y de la América toda, José Martí, dibujó con palabras la geografía en la que los cantos originarios se entrelazan con la sangre de las heroínas y héroes sembrados en las luchas libertarias de los países de Latinoamérica y el Caribe.
El cubano infinito, el poeta de los versos sencillos, el periodista hondo y crítico, es una de las voces más necesarias, de esas a las que hay que volver siempre para no olvidar nunca.

Luego de una juventud marcada por las artes y las rejas, José Julián Martí Pérez fue deportado a España, en 1871. En las universidades de Madrid y Zaragoza cursó estudios para licenciarse tiempo después en Derecho Civil y en Filosofía y Letras. De España a París y Nueva York, José Martí llegó finalmente a Veracruz el 8 de febrero de 1875. Precisamente en México entabló relaciones con Manuel Mercado y conoció a Carmen Zayas Bazán, la cubana de Camagüey que sería su esposa.

En 1877 y luego de un breve paso por su Habana natal, en la que estuvo de incógnito, se estableció en Guatemala, donde impartió clases de literatura e historia de la filosofía, en la Escuela Normal Central. Ese mismo año volvió a México para contraer matrimonio con Carmen el 20 de diciembre de 1877. Pero regresó a Guatemala a inicios de 1878.

Al concluir la llamada Guerra del 68, Martí retornó a Cuba el 31 de agosto de 1878, para fijar su residencia en La Habana. El 22 de noviembre de ese mismo año nació José Francisco, su único hijo a quien le dedicó buena parte de su obra literaria. Comenzó sus labores conspirativas figurando entre los fundadores del Club Central Revolucionario Cubano, del cual fue elegido vicepresidente en marzo de 1879.

Debido a un levantamiento que se produjo en las proximidades de Santiago de Cuba, entre el 24 y el 26 de agosto de ese año, Martí fue detenido y deportado nuevamente a España.

El Martí de la prensa

Fue precisamente entre los años 1880 y 1890 cuando Martí alcanzó renombre en la América, debido a su palabra incendiaria y comprometida que plasmaba en artículos y crónicas, que desde Nueva York se publicaban en periódicos como La Opinión Nacional, de Caracas; La Nación, de Buenos Aires y El Partido Liberal, de México. Por estos años llegó a Venezuela (20 de enero de 1881) donde fundó la Revista Venezolana, de la que pudo editar sólo dos números.

Su tarea de revolucionario y militante de la ternura fue siempre una premisa. El fue un poeta de hojas sabias y acciones valientes. Trabajó por la organización popular y revolucionaria que hiciera posible la liberación cubana de la España colonial.
Colaboró activamente con Maceo y Gómez Báez en el diseño de un plan insurreccional contra la corona española, redactó las bases y los estatutos del Partido Revolucionario Cubano (1892) y creó el periódico Patria, órgano oficial del Partido.

Vida y palabra

Como poeta y ensayista este cubano trascendental escribió entre otros libros de poemas Ismaelillo (1882), Versos sencillos (1891), Versos libres y Flores del destierro. Algunos de sus ensayos más leídos son El presidio político en Cuba (1871) y Nuestra América (1891), aunque es importante resaltar que su obra epistolar, por lo general bien apreciada literaria y conceptualmente, fue extensa y aún hoy da luces de su pensamiento emancipador.

Martí fue precursor del modernismo en América junto a escritores como Manuel González Prada (Perú), Rubén Darío (Nicaragua), Julián del Casal (Cuba), Manuel Gutiérrez Nájera (México), Manuel de Jesús Galván (República Dominicana), Enrique Gómez Carrillo (Guatemala) y José Asunción Silva (Colombia), entre otros.

Su vida toda, sus sueños, sus ganas, la mirada del mundo y sus pasos, todo en él está presente y estará siempre. Por eso Silvio, ese otro cubano infinito, lo canta como un ángel y lo dibuja en las cuerdas de una guitarra que sonríe cuando su nombre vibra, porque él es llama encendida, fuego fundamental de la historia de Nuestra América. “Se lanza un ángel de la altura, caída libre que da frío. La orden de su jefatura es descender hasta Dos Ríos. Es diecinueve y también mayo, monte de espuma y madre sierra, cuando otro ángel a caballo cae 'con los pobres de la tierra'".

Nuestra América (fragmento)

“Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes. (…)
El buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”.
José Martí



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