El espíritu del 23 de enero

Es frase comodín, fraudulenta, y falaz que he debido escuchar durante estos cincuenta y cinco años de mi vida observando la política nacional.

Es recurso que cualquier improvisado exhibe como bandera para intentar abrir las puertas del cielo. O peor, pasaporte para trascender a la banalidad.

Para mi, inolvidable. Aseguró la posibilidad de volver al Liceo, después de ser expulsado por preso político a los 17 años en la Seguridad Nacional. Con el desenlace me sentía feliz, ganaba esa pelea y rescataba mi condición de estudiante.

Luego, se produjo la lógica irrefrenable y festiva celebración callejera. El triunfo, sobre todo, de los camaradas con los cuales militábamos en las tareas que nos correspondía a los estudiantes.

Se cortó la alegría al conocer la manera como se compuso y eligió la Junta de Gobierno y sentir como la habilidosa fracción de la derecha colocaba sus piezas en el poder. Impávido ante la dura e infame exclusión del Partido Comunista y sobre todo la infame marginación de Fabricio Ojeda. Piezas notables como actores principales del alzamiento contra la dictadura que fueron dejados impúdicamente de lado.

Así conocí el significado y uso de la exclusión como maña político. Y el uso de la desaparición física como practica común. En los cuarenta años siguientes, cuando los dos partidos mandaron, tuvimos suficientes muestras con condimento de planazos de sus policias.

Hoy la derecha pretende abusar de la fecha, cuando apelando a cuestionable practica de la posición adelantada, tomó el poder. Ahora, animan supuesta unidad cívico militar para derrocar un líder que ansían vender como dictador. Lamentablemente, este lider los ha derrotado en 18 oportunidades. Engañan: ni Chávez es Pérez Jiménez, ni el pueblo, ni los militares los apoyan en sus aventuras suicidas. Imposible de comparar no hay ningún parecido entre estos dos momentos. Pera colmo su celebración del 23 terminó en una jaula, en una gallera, sin pueblo, sin sol, darle cara al pueblo que bien de frente los observaba desde Petare. Triste crónica de poco brillo.

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