Rolex de Dudamel, yate de Neruda, calamidades de Vallejo y otras curiosidades

La vida venezolana toda se desarrolla con tanta premura que los hechos de hoy, por muy trascendentes, mañana mismo, parecen cosas de un “periódico de ayer”. El asunto de la devaluación mandó rápidamente al “baúl de los recuerdos”, la paranoia opositora del vacío de poder.

No obstante esa realidad existencial nuestra, no podemos olvidar algunas importantes y hasta curiosas cosas. Porque ellas, pueden reclamar se les dilucide para evitar juicios errados y hasta dañinos.

Nunca me había percatado que el excelente director orquestal, el joven barquisimetano Rafael Dudamel, usase un reloj Rolex. Es más, ni siquiera que en su muñeca llevase prenda alguna. Quizás porque las veces que le he visto dirigir, distraído por el derroche de talento, energía, pasión del cual hace gala, uno no puede fijarse en otros detalles. Salvo, además, la extraña capacidad, resaltada por algunos expertos, de dirigir sin tener partitura alguna por delante.

Pero si a ver vamos, como se dice coloquialmente, ¿qué de extraño o censurable hay en que ese compatriota use uno de esos costosos relojes? No voy a decir en defensa suya, porque me parece un simplismo que valorarìa la crítica, que tal prenda le fue regalada por la afamada fábrica relojera con fines publicitarios. No lo digo, porque me da igual si, como cualquiera que gana bastante dinero, la compró. Como suele decir el venezolano, ese es un lujo que bien puede darse.

El joven Dudamel, aparte de sus compromisos con el sistema de orquestas, ha firmado contratos para dirigir las más prestigiosas orquestas del mundo y eso, no cabe duda, le reporta buenos ingresos. Si hemos terminado por admitir como bueno y hasta “digno de admiración” que nuestros peloteros cobren en el beisbol gringo grandes sumas, con más razón para entender lo de Dúdamel.

El capitalismo ha vuelto toda cosa, simple o complicada, mercancía. Así el arte y el deporte se venden en el mercado. De ellos, los empresarios o capitalistas obtienen grandes beneficios. Por supuesto, los hacedores de arte y deporte, por sólo tomar esos ejemplos, también participan en los beneficios. Un novelista “exitoso” comercialmente, quien también lo puede ser como creador, suele ganar buenas sumas de dinero, tanto en premios si concursa como si gana el premio Nobel u otro. ¿Cuánto dinero han ganado Gabriel García Márquez y Vargas Llosa? Tanto, como que llegado a determinado nivel de acumulación, empezaron a ver el mundo de otra forma.

Augusto Hernández, no el periodista margariteño recién fallecido, sino un excelente reportero gráfico, alumno del “Gordo” Pérez, en “El Nacional” de antes, nos contó a un grupo de amigos, una interesante historia.

Estando en Barcelona, bajo el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, obtuvo la información que abordo de un yate surto en el puerto de Guanta, se hallaba Pablo Neruda. A la nave se le permitió atracar allí para realizar unas reparaciones ligeras y aprovisionarse de alimentos, con la condición que el famoso pasajero no bajase a tierra y menos tuviese contactos con nadie distinto a la tripulación y por supuesto con periodistas.

Hernández, un reportero perspicaz, audaz y bien entrenado, pudo con la ayuda de un sargento Guardia Nacional, amigo suyo, quien no sabía bien què significaba todo aquello, abordar la nave, hablar con el poeta y hasta tomarle unas fotografías. De aquella conversación supo, que Nepalí Reyes Basoalto o Pablo Neruda, era propietario de aquel yate, el cual usaba para sus frecuentes viajes por el Caribe y hasta Europa. Un yate, es menos costoso y más barato su mantenimiento que un Rolex. No hemos hablado de su casa en lo que el poeta bautizò como “Isla Negra” y ahora siendo museo se le conoce como “El Barco de Neruda” y la casa para vacacionar que tuvo en la costa italiana.

Son cosas del capitalismo y Neruda fue y sigue siendo un poeta leído con avidez; por esa circunstancia, las editoriales hacen buenos negocios y deben pagar sus respectivos dividendos a los creadores, quienes pese todo, siempre perciben menos que aquellos.

Miguel Otero Silva, cuando se proponía escribir algo para lo cual requería tranquilidad, soledad, solía trasladarse a Europa por el tiempo necesario. Hasta se dijo en aquellos tiempos que había comprado un castillo medieval, donde creyó encontrar las condiciones que demandaba para dedicarse a la actividad creadora.

Unos pocos años atrás, un conferencista, en alguna parte de Europa, hizo un comentario, según el cual había financiado los gastos de César Vallejo, en una época que el poeta de “España aparta de mí este cáliz”, estaba atravesando momentos de privación, circunstancia muy común entre poetas. Por aquel comentario, la viuda del gran peruano, disgustada, envió una comunicación al conferencista solicitándole el monto de la cuenta para cancelársela.

Armando Reveròn, vivió privaciones y calamidades. Muchos conocedores del arte pictórico pudieron percibir el significado y valor de su obra. Algunos “mecenas”, como queriendo “ayudar” al extraño artista de Macuto, de los azules e irradiaciones solares, compraron “con generosidad” sus creaciones que hoy se cotizan en cientos de miles de dólares en el mercado de ese arte.

Henry Toulouse Lautrec, en su etapa depresiva y de alcoholismo, pagó sus cuentas de comida en fondas con obras de arte. Algo de eso sucedió con Pablo Picasso en su época de joven en Paris. En buhardillas, áticos atiborrados de infinitas cosas, han aparecido obras de muchos de esos grandes artistas, guardadas con descuido por sus nada afortunados propietarios, quienes nunca sospecharon que lo que habían recibido como forma de pago llegarían a tener tal valor.

Al final, quiero hacer, a manera de reflexión e invitación a reflexionar, la siguiente pregunta:

¿Cuál de estas suertes, estando de por medio el mercado capitalista, deseamos a nuestros creadores?


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