O se aplican los controles, o la revolución se nos va a pique

Desde finales del año 2012, se inicio en Venezuela, una guerra económica contra nuestro pueblo, basada en la especulación, la escasez y el acaparamiento.

Por supuesto que en el mes de diciembre poco se notó el ataque, debido a la gran cantidad de dinero que se encontraba circulando como producto del pago oportuno de las utilidades, lo que produjo ganancias exorbitantes a comerciantes, mayoristas e importadores, quienes en su mayoría forman parte de los llamados sectores productivos.

La furia de la derecha burguesa de este país arreció, aun más durante el mes de enero de este año. Ya se hizo inocultable y evidente la arremetida económica tratando de buscar nuevamente un golpe de suerte que los llevara al poder. Es una estrategia usada en otros países: provocar estados de conmoción debido a la escasez y el hambre, situación que no ocurrió gracias a la contraofensiva puesta en marcha por la revolución, que permitió frenar la avanzada de estos demonios del poder económico nacional y sus aliados internacionales, que aunque no resolvió realmente el problema logró contener los planes que se avizoraban.

En la última semana del mes de enero del presente año se podían notar los precios de casi todos los artículos con sobreprecios de hasta un cien por ciento y en el caso de los de primera necesidad, brillaban por su ausencia. Dentro de los establecimientos formales destinado para su distribución, sin embargo, era fácil encontrarlos entre los santos querubines de la economía informal con el grotesco precio de hasta tres veces su valor real.

Diariamente los voceros del gobierno mostraban cifras donde se observaba la distribución de alimentos, sin embargo la escasez era evidente. Muchas cadenas de distribución permitían que los consumidores adquirieran cantidades exageradas de artículos, para de esta manera estimular las compras nerviosas y aportar su cuota de apoyo y participación a la arremetida que se estaba desarrollando.

Parece una exageración, pero el poder económico de este país estaba logrando su cometido, el cual era colocar en jaque al estado y a su vez a un pueblo que creyó en una revolución. Aunque muchos personeros y señores aleguen lo que quieran, mostrando cifras y pegando dos o tres gritos de Uh, Ah, Chávez no se va, debemos aceptarlo. El poder económico está vivito y más fuerte y en parte gracias a los privilegios que el estado les ha otorgado por creer que con la oligarquía se puede negociar o hacer alianza, su naturaleza no le permite ser humanista.

Pero como si esto fuera poco, se cierra esta angustiosa etapa nada más y nada menos que con un ajuste cambiario, lo que significa que aunque se cacaree lo que se cacaree, debemos aceptar que el fatídico poder económico logró su cometido: ahorcar al estado y que este a su vez, triture al pueblo.

¿Quién podría creer semejante estupidez? ¿Que una devaluación nos beneficiaria? Qué empresa nacional vamos a estimular ¿si no existe? Señores, en este país no existen empresarios, solo comerciantes e importadores de basura. La producción nacional es incipiente, la guerra es tan fuerte que el mercado ha sido acaparado por productos de mala calidad, pero con una alta promoción publicitaria, unida al monopolio de la materia prima, lo que provoca que las nacientes micro empresas se vean obligados a adquirirla a través de ellos mismos, provocando que su producción sea poco atractiva al consumidor debido a su alto precio. Toda una excelente jugada macabra de la burguesía, impidiendo casi en su totalidad la aparición de nuevas unidades de producción.

Sería iluso, para el gobierno, pensar que estos parásitos de la economía no ajustaran nuevamente sus precios, a pesar que ya lo habían hecho durante la primera quincena del mes de enero, lo que significa que sabían o apostaban a la devaluación, acción que fue negada por propios voceros del estado cuando se les preguntaba al respecto. Sencillamente esta devaluación beneficia solo al poder financiero, quienes dominan el área de la compraventa de divisas, sus capitales aumentaron en un abrir y cerrar de ojos en un cincuenta por ciento.

Por otro lado las declaraciones hechas por los personeros del estado para justificar la devaluación, o llamada dócilmente reajuste cambiario, deja mucho que pensar, Jorge Giordani comentó en un medio de comunicación impreso que este reajuste no perjudicará a la población, ya que para comprar en Mercal o para asistir a un CDI no se necesitan divisas, lo que me parece un absurdo ese argumento, será que a él se le olvida que tanto Mercal, como los CDI no benefician a la totalidad de la población, además de que las relaciones de bienes y servicios que forman parte de la economía, son ajenas a estas dos plataformas de prestación de servicios. En muchos de los casos, una gran parte de los medicamentos que recomiendan en los CDI se adquieren en las cadenas farmacéuticas capitalistas donde ya debieron haber ajustado todos sus productos al nuevo precio del dólar y por otro lado, ¿quién podría negar que en los mercales y cadenas de distribución de alimentos del estado se encuentran artículos de empresas capitalistas a los cuales el subsidio del estado no cubre?

En cambio el vicepresidente Nicolás Maduro argumentó que el reajuste se llevó a cabo debido a la campaña especulativa iniciada por los poderosos de la economía, pero que se crearía un mecanismo para regular los precios de los productos importados y de esta manera evitar la especulación. Ahora bien. ¿No hubiese sido mejor crear dicho mecanismo antes de la devaluación, y así evitar la ola especulativa que conllevó a esta situación?

Algunos otros analistas alegan que el reajuste se debió a los especuladores del mercado paralelo, quienes provocaron un nerviosismo generalizado en los mercados, provocando un debilitamiento de nuestra economía; para nadie es un secreto que el mercado paralelo no llega al diez por ciento en cuanto a la demanda de divisas lo que quiere decir que este sector tiene el poder de incidir en los precios del noventa por ciento de la demanda total de divisas, lo que nos parece un exabrupto.

Aunque se desee justificar lo injustificable con mil y un argumentos, la realidad es que el poder económico y financiero, que forma parte del llamado sector productivo, produjo un golpe bajo al proceso revolucionario, y es el pueblo el colchón que lo está soportando. ¡Como siempre el pueblo, el que todo lo tiene que soportar, vivir y sufrir por haber cometido el pecado de nacer pobre!

Se debe asumir esta realidad con seriedad, tomar el control de una vez por todas del aparato económico, aumentar los controles y las regulaciones, así como la fiscalización y cumplimiento estricto de la ley, aumentar la plantilla de funcionarios en instituciones como el Indepabis, y otros entes fiscalizadores.

Al diablo con este estúpido argumento de que no se debe engrosar más el estado, hoy es una necesidad inexorable, el tomar el control ya y de una vez por todas de todo hecho y acto económico que se realice en el país. Está en juego nada más y nada menos que nuestro proceso revolucionario.

Ya basta de blandenguerías para evitar se nos tilde de régimen dictatorial o totalitario y que el estado asuma esta derrota como suya. No para lamentarse, sino más bien para arreciar la marcha. Se debe comprender que el pueblo ansía justicia y profundización de la revolución.

Tomemos prestada una frase dicha por un vocero del gobierno norcoreano: “Qué nos importa lo que piensen los bastardos estadounidenses de nosotros. Somos soberanos y lo que decimos, lo hacemos. ¡Que viva la revolución!”

Pues así mismo digámoslo nosotros. Que nos digan lo que les dé la gana. O se aplican los controles, o la revolución se nos va a pique.

“Seamos libres. Lo demás no importa”

¡Que viva Chávez, carajo!


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